domingo, 2 de noviembre de 2025

Entre la Errancia y la Contumacia en Política Contingente


 

La errancia en política tiene que ver con la búsqueda de un camino o salida alternativa a la oferta polarizada ideológicamente, en la campaña electoral presidencial. Es la dispersión, la fuga de opciones de voto hacia otra candidatura que sea percibida como fuera de las dos burbujas que generan el encapsulamiento principal o más relevante: derecha versus izquierda.

En el fondo, la errancia se genera debido a la ausencia real de una energía de gravedad que nucleé la fuerza centrípeta en su movimiento. No existe un contenedor que, ofrezca un nicho de resguardo, de confianza, de sobrevivencia, de resiliencia, de pertenencia identitaria, y por, sobre todo, de retroalimentación a la fragmentación.

Y, aunque la errancia genera desarraigo, es bueno aclarar que, no se produce de un día para otro. Es un proceso de huida que define una trayectoria, y va en la búsqueda de otra alternativa, cuando no se aceptan las alternativas sociales que se han dado, y por sobretodo, cuando existe la percepción que jugar el juego de optar por el mal menor es reiterado, al punto de leerse como abusivo.

Lleva tiempo porque al fin de cuenta la errancia es también un duelo no resuelto, mal hecho, con heridas abiertas por mal trato, de cara a una amenaza no percibida como tal. Y aquí entonces la errancia se pone a conversar con la contumacia política.

Detalles de la Errancia

Como generación de los baby babyboomers escuchamos un lenguaje agresivo y de mal trato ciudadano en el tono de las conversaciones, asociada principalmente a la generación transversal al presidente Boric.

La derecha política de las candidaturas apoya la agresión verbal de los jóvenes de sus comandos, apoya mayoritariamente los insultos, reforzando una respuesta no cívica en política.

Es la generación millennial o generación Y, de los kaiser de la vida: los Coloma, Ramírez, Schalper, Diego Paulsen, el vocero de Matthei, Cristian Valenzuela el asesor de la kastmanía, todos, buscando darle golpes a la versión oficial del FA: Jackson, Pérez, Crispi, Vallejo, Cariola, etc. Y, por cierto, de paso, darle duro al gobierno en su máxima expresión: Boric. Con una envidia desatada, desde un narcisismo rabioso también desatado.

Es cierto que toda esta generación se juega su sobrevivencia política ahora en las elecciones. Y hay varios que pueden perder sus lugares parlamentarios. Es cierto que los menos, buscan sostener su visibilidad en los equipos de campaña.

También es cierto que, en un momento de validación popular, todas las candidaturas, -a través del voto, quieren, desean, buscan conseguir representación y visibilidad pública. Pero otra cosa es ingresar al espacio de los "inter paribus públicos" con calificativos exagerados, y de minusvaloración social del otro/a como generación.

En efecto, se trata de: una élite política que entró a gobernar el país ya hace cuatro años. Con diferentes adscripciones políticas, es sobreviviente, resiliente y no cabe duda que tendrá lugar en la escena. Por lo mismo, no se entiende que creen y reproduzcan esta animadversión. No se entiende que anden a los insultos. Por eso, el lenguaje debiera ser una señal, un signo importante e interesante a evaluar, hacerle seguimiento, y a cuidarlo en las relaciones sociales.

Estas acusaciones, a modo de guerrilla verbal “intrageneracional”, a modo de ajuste de cuentas, terminarán en este primer periodo eleccionario, pero de seguir, dejarán secuelas.

En efecto, hacerse responsable de las decisiones y opciones políticas a posteriori, es un proceso reflexivo y analítico que debiera afectar y/ o acompañar, a todas las generaciones, y a la política en general, o a  aquellos y aquellas  que se constituyen en su campo.





Parásitos y Atorrantes

En Chile, del 2025 en adelante ya no se hablará de los cursis, siúticos, pipiolos, chascones, terceristas, rojos, rotos, etc. Ahora es otro el tono y la expresión de la socialité. Notifíquese: sociabilidad de la élite. Y se aplicará a todos los que tienen un empleo, y trabajan en un servicio público: parásitos y atorrantes.

A veces, al interior de las fuerzas de seguridad, se dice: tropa de atorrantes, tropa de parásitos, cuando se vive a costa de alguien. En este caso, al parecer del Estado.

En ese sentido, decir atorrante tiene un giro social, de clase y de jerarquía de mando. Obviamente, tiene un sentido de querer marcar quién tiene el poder en una relación, con un subordinado. Puede pasar a veces que: el egoísmo autoritario de quién no tiene poder y aspira a tenerlo, sea un lapsus de retroceso para denunciar lo que aún no evolucionó, a modo de recalque se quedó atascado en un resentimiento. Y al buscar expresión comunicativa, surge como agresión.

Atorrante en una conversación social puede interpretarse con un énfasis despectivo narcisista. Es cierto que en un sentido estricto y de diccionario, el calificativo está referido a lo ineficiente, inoperante en el aparato burocrático, improductivo tecnológico y como fuerza de trabajo, con cargo al Estado.

Sin embargo, al ser usado –intrageneracionalmente- como calificativo, tiene un dejo de prepotencia, de atribución de responsabilidad y enjuiciamiento, como si quién lo dice: estuviera libre de polvo y paja. Libre de la inexperiencia política y de la gobernanza no viable.

Emerge entonces la rabia, porque sin duda hay cierta pasada de cuenta a la generación de Boric, por la gobernabilidad a concluir, por el arribo a los diferentes cargos de gobierno, en una temporalidad de final de tiempo del partido, y cuando en La Moneda, solamente está quedando gente del PC y del PS. De la generación del presidente Boric, y del FA va quedando: hacienda y el ministerio de la mujer.

Por otra parte, se tiran los dardos, pensando solo en los servidores políticos de la Moneda, y no en el país. En las diferentes reparticiones públicas del Estado que día a día, ven a los servidores ejercer su trabajo, en el servicio público en sus variadas dimensiones: salud, urbanismo, cultura, educación, organización, seguridad, etc., este enjuiciamiento resulta mezquino, descriteriado y poco serio.

En ese contexto, además se observa a una oposición de derecha en campaña muy poco propositiva, más bien beligerante que ha buscado darle con todo al gobierno aislando la visión colectiva, y la necesidad de tener un tiempo para construir comunidad y bienestar.

De hecho, la narrativa de Kast con el gobierno de emergencia nacional, para un gobierno fracasado es eso, y, la inoculación de la idea que la patria democrática se está cayendo a pedazos, para justificar las medidas de seguridad que implica su propuesta de gobierno no solo dan miedo, sino que paralizan.

Kaiser, el otro botón de muestra pone en peligro las relaciones con Bolivia, endurece el negacionismo generalizado que abarca el multilateralismo y los derechos humanos.

En efecto, por ahora ninguno de los candidatos y candidatas pone la mirada en lo que debiera estar la conversación: en el ámbito del manejo y administración de las finanzas públicas en los próximos cuatros años, la migración, la corrupción en general, la calidad del servicio público entre otras.

Y con este vacío, y con un poco más de violencia verbal, al acercarnos al 16 de noviembre pasaremos a la primera vuelta.

De los presidenciables, Jara al parecer pasará a primera vuelta. Y, queda por ver quién de la derecha.

La Errancia de una herencia invisibilizada

El Estado en sus tres poderes clásicos ha transitado por momentos complejos electoral y políticamente en estos últimos 4 años de gobierno. Desde el desastre de las idas y venidas constitucionales, la muerte de Piñera pasando por el caso Hermosilla, Monsalve, las licencias médicas, las platas de las fundaciones en asociación con las gobernaciones y sus respectivas administraciones regionales, la muerte de Ojeda, los sicariatos, las redes de narcolandia, las platas del exdirector de la PDI, etc, etc. Todo esto también es una herencia política que por alguna razón no se ha visibilizado durante la campaña. El desmoronamiento de una élite.

En este tiempo, hay partidos políticos que han sostenido la estantería. La institucionalidad democrática está viva, se sostiene, pero es vulnerable en: el poder de la justicia, y en el poder ejecutivo, a nivel, de los funcionarios del servicio público y a nivel del sistema judicial. Y, bastante más pudiera hacer en el Servel, que, con una mejor legislación, debiera modernizarse para controlar las noticias falsas, las agresiones de las cuentas falsas, los bots y las granjas en las redes.

Sin embargo, durante este primer momento electoral, estos hechos, principalmente en lo que refiere a la reforma del poder judicial, la reforma de la legislación del servicio público y del Estado no han sido tocados. Y, si algo debiera unir a la chilenidad, es a buscar acuerdos legislativos para que estos hechos no se repitan.

Los gobiernos regionales merecen atención y mejora en la administración de los recursos públicos. Y, el sistema judicial, las fiscalías, tienen que aplicar, sancionar con justicia. Son instituciones nuevas que requieren de mejoras precisamente para salvaguardar sus competencias.

Entre tanto, los Slep también deberían hacer rendición de 

cuentas. En qué sentido están siendo, empresas prestadoras 

de servicios al ministerio de educación, y en qué sentido son 

un servicio del gobierno.


De la Contumacia Política en la Izquierda

La contumacia en política es arrastrar una negación, ahora manifestada en una ambivalencia de adhesión errante. Por una rigidez añeja de parte de la mayoría, en este caso, la izquierda y la centro izquierda, en su voluntarismo político priorizó la contingencia política electoral, y silenció o se negó a la reflexión, y al pensar sobre los errores cometidos en el pasado por las diferentes fuerzas políticas que la componian. De algún modo, la pérdida de Tohá, re edita la marginación de Lagos de otrora. Con todas las secuelas propias a la constitución de esa élite y la emergencia de la élite del FA.  

Como no se genera ni generó, el espacio para conversar sobre el error, sobre las fallas, las salidas de padre y madre, como no se verifican las responsabilidades sociales ni políticas sobre el daño causado, y tampoco se ofrecen las disculpas; entonces, estamos sin aprendizaje caminando la errancia, en la obstinación y rebeldía de un actor que no quiere acatar los procedimientos que otrora reconocía como propios. 

Por lo mismo, para la generación de los baby boomers este tiempo es muy áspero y de ensimismamiento. Elaboramos una insatisfacción por no dar con el tono de lo que la sociedad chilena requiere hoy, y por no haber elaborado nuestros errores en la toma de decisiones en los últimos años.  De hecho, se detecta, en las vocerías de la plaza que los dardos se dirigen a la reiteración de una puesta en escena para escoger la “opción por el mal menor”, de la cual están hartos y cansados. Sobretodo los y las cuerantones y cincuentones. 

Mientras, a la obligatoriedad del voto se le suma el enfrentamiento del antiguo dilema: civilización o barbarie que nuevamente en la polarización solidifica. 

En este escenario de exigencia de obligatoriedad, a la cual se le ha impuesto la no reflexión, sumada a la insistencia por colocar la opción del mal menor, resulta inevitable la fuga, hasta que "alguien" pueda liderar el regreso a casa. 

Aquí la errancia con la contumacia caminan juntas. Y, la 

responsabilidad social, el compromiso, esta vez 

están  fragilizados.   En la vulnerabilidad de una identidad

fragmentada,  descuidada, maltratada. 


domingo, 19 de octubre de 2025

Un break parasitario: a propósito de Chile, las Elecciones y la Cultura Política


Queriendome explicar el fenómeno Jara, en las elecciones presidenciales de Chile, tuve un revival de los tiempos de Gorbachov, de la Glasnost y de la Perestroika. Y, el primer problema que me genero revisitar esta imagen de momento histórico, vino del contraste entre historia reciente y el presente. 

Recordé a Gorvachov por estos dias, en una conversación con gente profesional cuarentona en un "break parasitario". Por entre medio de una conversación de trabajo, en un espacio laboral. En ese ahí, surgió su nombre en mi mente, y el sobresalto se apropio del presente porque me dí cuenta que, los interlocutores, a pesar de tener la misma edad de la candidata, no conocian, no tenian referencias, ni información del sujeto principal de la comparación. 

Yo, lo estaba mencionando a propósito precisamente de lo que busca representar este nuevo liderazgo comunista de Jeannette Jara. Estaba buscando justificar el comportamiento político de Jara a partir de Gorvachov. 

Pero, al hacerlo, encaraba un desafío mayor planteado por los integrantes de su propia generación ya que, para mi sorpresa: por una parte, no reconocian ni identificaban la historia del contexto de vinculación con la organización partidaria PC en los tiempos de los ochenta de Jeannette. Y, por otra, sin tener este background, no podrían entender el fenómeno de descentramiento, o giro del mismo Partido Comunista, que está haciendo la candidata en la actualidad, como un proceso que empezó ya hace un tiempo en la organización y estructura. (la perestroika)

Es crítico constatar que en estas elecciones, las generaciones más jóvenes pueden y de hecho no tienen la idea de esa gobernanza histórica pos guerra fría, y su impacto mundial, a pesar de que son parte de ella. Conocen la Rusia de Putin y en guerra con Ucrania, pero no la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas lideradas por Gorvachov en tiempos de la guerra fría. En fín, el hombre que tenía ese gran lunar en la cabeza se me venía a la memoria, en un contexto diferente. Y en un periodo de campaña, donde detenerse en contenidos de fondo es un exabrupto mal agestado. 

Por estos dias, se lee poco, se buscan intercambios linguisticos fáciles, y por entre medio de las redes sociales, las palabras cuestan. Y, es cierto, el contexto diferente, es el actual: un proceso de elecciones presidenciales en Chile 2025. En ese horizonte, se trata de querer  comprender y explicar no solamente la candidatura de Jeannette Jara, sino, su militacia en el PC, en el proceso que podría llevarla a ser Presidenta de la República como otro mal menor. Otro mal menor en comparación con Boric y su generación. 

Gorvachov llegó con la Glasnost

Cuando Gorvachov la trajó al mundo occidental, fueron tiempos de apertura para nosotros que, acá en Chile, estabamos en plena dictadura, y con una represión desatada de violación a los derechos humanos. Aún la URSS como modelo nos parecía un país viable, aunque había reflexión sobre los socialismos reales. 

En Chile, en los espacios universitarios ochenteros, había un cuestionamiento al estalinismo, al militarismo, y la glasnost se veía como apertura a todo nivel. Es cierto, que a nivel interno, el PC no  recibía bien este cambio de prácticas mas liberales.  Pero, había que avanzar en la recuperación de la democracia y la unidad de las organizaciones partidarias en la clandestinidad trabajaban para eso.  

Y tal vez, la glasnot sea uno de los aspectos que busca encarnar Jara en su descentramiento del PC.

Gorbachov y la Perestroika

Tiene que ver con la re estructuración, con la reforma del sistema y modelo político. Tiene que ver con la transparencia y la confianza dada por la glasnost. Gorvachov trasmitía un liderazgo más abierto y generaba confianza en Occidente. Era un hombre amable que trasmitía una visión de cambio después del conocimiento del "gulag".

De hecho, este liderazgo posibilitó generar cambios internos, liberó a importantes científicos, hizo reformas políticas dentro del partido y en la URSS. 

Por esta cualidad recordé también a Jeannette Jara, en un Chile actual en el que aún se percibe a los comunistas como come guaguas, y a toda la izquierda, como violentistas anti democráticos.

Glasnost y Perestroika Chilena 

En la búsqueda de una narrativa: Jara, Cariola, Vallejo, son una generación de mujeres que han construido liderazgos y visibilidad pública marcando diferencias claras respecto del feminismo, los derechos de las mujeres, el patriarcado, al interior del Partido Comunista. De algún modo son glasnot y perestroika.

Estos liderazgos han marcado un compromiso visible con los principios de la democracia liberal. En Chile, ni siquiera Kast, ni Kaiser, ni Matthei pueden acusarlas de no respetar la cultura de los derechos humanos, de los derechos sociales, políticos. Son igualmente patriotas. Incluso puestas en la balanza de la edad, y de los compromisos, se han hecho bastante más responsables de lo ocurrido en la dictadura militar de Pinochet que los otros concurrentes de la derecha.

Es cierto, que hasta ahora igual, hay un sector de la chilenidad que: no le tienen confianza a los liderazgos emergentes, y sobre todo al autoritarismo del partido comunista en esa definición de partido único.

Después de Boric, y principalmente de su generación, con la que llegó al poder político a construir gobierno, hay un porcentaje no menor del electorado que se han vuelto desencantados. Pusieron esperanzas en esos liderazgos, y se vieron golpeados por la prepotencia, la falta de experiencia, y otras hiervas ya ventiladas y consumidas.

Y, aunque también es cierto que, en general, la generación de mujeres de los baby boomers está con ella, con Jara, hay un sector que la  sigue casi por inercia, no por convicción. Se trata de un sector de hombres y mujeres al cual todavía la candidata no les dice mucho. Mal que mal, por edad Jara es parte de la generación de gobierno de Boric. Y, ven a los mayores de 60 años como parte de una humanidad a quienes hay que cuidar, infantilizar, y no seres autónomos, sustentables y con experiencia para aportar y gobernar.

En efecto, además hay un porcentaje de electores, mayores de cuarenta, que no se sienten vinculados al proceso de construcción de la democracia, o a alguna de las candidaturas.  Consideran que van a elegir, otra vez, un mal menor, y eso les genera malestar, desencanto, tristeza, desazón con Chile. Basta recordar los dos últimos procesos por las constituyentes, y un ¡hasta cuando! ensombrece los rostros de puro cansancio. 

En efecto, Chile desde hace unos 20 años producto de la inmigración y la globalización, construye cada día una identidad diferenciada acelerada, una cultura que transita por muchos lugares de memoria que ya no nos son comunes. 

Hace 20 años atrás, a un señor de ultra derecha le habría dado un cierto pudor decir su identificación política en la calle, hoy lo hacen sueltos de cuerpos: un venezolano avecindado en un taxi, un adulto mayor blanco frente a la publicidad de los parlamentarios en campaña. Lejos de considerarlo un insulto a la democracia, autoclasificarse como de ultraderecha parece proclamar un orgullo que había permanecido en el closet.

Cansa Chile, agotan esas sedimentaciones culturales que se amalgaman en la ignorancia, en la falta de cultura cívica al ritmo del narco reggaetonero o el hip hopero de turno, en las burbujas polarizadas sin palabras, sin conversación, a punta de esloganes, rotulaciones, etiquetas.

Más allá de la conversación que se quedó entrampada por la falta de palos para cruzar el puente, a veces, los males menores son necesarios mientras se acumulan fuerzas después de tantas derrotas y tantas osadías. Jara ofrece esa templanza y ecuanimidad. Ofrece madurez.

Y por cierto, mientras, se pueden plasmar compromisos de reformas en una gobernanza trasversal que al menos ya tiene experiencia en el parlamento.

Para quienes vivimos la dictadura, sabemos que se puede caer más bajo aún. Pero, las nuevas generaciones que no la vivieron no están disponibles para que los ancianos les vengan a decir que hacer, que decidir y como gobernar. En su sobervia narcisista piensan que es su tiempo, y se sienten envalentonados lo suficiente para mirarse morenos y sonrientes, sobretodo los hombres, en el rostro de Kast, Kaiser y Matthei: la supremacía blanca.¡Dios nos ampare diría mi abuela!

Así que, no todo es malo ni estamos tan perdidos. Y aunque no muy convencida, la experiencia nos dice que: peor es mascar laucha. Se gane o se pierda, el mismísimo PC tendrá que hacer su camino de reflexión para precisamente, en la inflexión, procesar los contenidos que resisten a cierta cristiandad chilena. 

Aún queda agua que correr bajo el puente...

miércoles, 1 de octubre de 2025

Las 3 B en la Política

 


A modo de aclaración, las 3 b en política surge en Brasil en tiempos de Bolsonaro como una forma de explicar el clivaje cultural de su apoyo electoral, en el parlamento, y a nivel popular. Ya no es lo bueno, bonito y barato en el mercadeo, sino que, se refiere a: la biblia, el buey y la bala como sedimentos de mundos que configuran una cultura política que resiste, se acomoda a los cambios de época, y defiende estilos de vida.

Un clivaje cultural es una sensibilidad o configuración mental que los actores políticos y sociales, adscriben, defienden. No es un estanco o compartimento rígido incomunicado de otros clivajes presentes en una conversación o diálogo. Se entrelazan caracteres para defender su modo de vida.

Un clivaje cultural en el espacio de las relaciones sociales, de las comunicaciones y del espacio político es un relato, narración, opinión que busca explicar una visión de mundo a la que se adhiere.

En este caso específico de las 3 b, se trata de una formación no susceptible a la crítica, ni es reflexiva. No está disponible para ofrecerse a una argumentación desde una cierta racionalidad, y en este sentido, es simplemente una creencia fidelizada que se trasmite y que busca ampliar su radar de acción, de anclaje en la población.

La B de la Biblia

Al comienzo de estos tiempos, la Biblia en política ya no designa al catolicismo sea del alto o bajo clero. La biblia no representa la cristiandad tradicional amparada bajo lo apostólico y romano. Desde hace ya unos veinte años en adelante, específicamente se trata de la organización de las iglesias y de los pastores evangélicos con el objetivo de arrimarse y acceder al poder político.

En efecto, durante los últimos años han alcanzado una cuota considerable de parlamentarios en la cámara de diputados, y un nivel de influencia considerable que los llevó a la cúspide precisamente con Bolsonaro. En “Apocalipsis en los Trópicos” un documental de Netflix se explica de una manera bastante sorprendente su cultura, sus procedimientos, las formas de expresión que hacen de su fe, la forma de fidelización, y por sobre todo, su estilo peculiar de instrumentalizar las creencias y la propia religión en su base cristiana, para empoderarse y movilizarse en las redes y circuitos del campo del poder político.

Como estructuración en el poder político, el clivaje de la biblia, inicialmente busca organizarse a través de un partido político, busca ganar elecciones para ocupar el parlamento, y, ubicaciones en diferentes lugares del poder ejecutivo en el estado. Como base aliada de apoyo a cualquier gobierno: defienden valores conservadores respecto del lugar de la mujer en la vida social en general. Se posicionan en contra de la defensa de las políticas públicas que tienen como objetivo la promoción de los derechos sexuales y reproductivos.

Pueden ser considerados negacionistas en relación al uso del “género” como categoría de comprensión diferencial de la realidad de las mujeres y las diversas sexualidades. Sobre explotan la dimensión de la mujer en la familia, tanto en la reproducción de hijos, como en la reproducción del rol materno y la división socio sexual del trabajo. Y cuando llegan a los espacios políticos de representación popular, precisamente en ellos, sobre valoran esta condición de las mujeres: su equipamiento biológico anatómico.

En términos generales, la expresión de la diversidad sexual es considerada una patología o una enfermedad, no una opción. Por lo tanto, la heterosexualidad se constituye en la norma. En una ley. Este clivaje al amalgamarse con los otros 2 (la bala y el buey) resulta conmovedor en la consolidación del enclave conservador.

En términos de su inserción territorial rural urbana, la organización de las iglesias a través de la figura del pastor, se empodera en espacios donde se ha debilitado progresivamente el poder del Estado. Es decir, en lugares en los cuales, las diferentes organizaciones sociales pierden conexión con el Estado en cuanto gobernabilidad y gobernanza, pierden gestión y eficiencia, pierden protección y cuidado ciudadano. En estos contextos, surgen estas organizaciones de iglesia llenando un vaciamiento de lo propiamente colectivo de la sociedad, a partir de la explotación de un sentimiento de fe devocional. 

El pastor de iglesia se apropia por trasferencia o por un cierto traslape, de un cierto remanente de contenidos culturales constituídos otrora, en la relación social propia al sistema de inquilinaje: entre la familia del inquilino y el patrón de fundo en términos de lealtad, subordinación, y afectividad. Modificando el sentido y el significado de la figura del protector que por cierto, ya no es el Estado.

La B de la Bala

Lo primero que surge en el imaginario social en términos de procedencia de este referente y clivaje cultural actualizado es el fascismo agrícola y rural en la Italia. Tiene una abundante cinematografía que la describe como sangrienta, violenta y prepotente. Posteriormente se extiende hacia las fuerzas paramilitarizadas no solamente en el campo, sino en la ciudad al servicio de la defensa de intereses de la clase dominante de los terratenientes, y, por cierto, de la propiedad de las industrias y la defensa armada a través del crimen organizado del territorio.

En el campo, surgen como defensa de la propiedad agrícola, la defensa de la hacienda, al momento de la emergencia de la expropiación de tierras, y el cambio de la fuerza de trabajo agrícola. Sobre todo, con el proceso de modernización agro exportadora. Y aquí se unen con la tercera B, la del buey.

El clivaje de la bala tal como su nombre lo expresa tiene como fundamento la idea que el orden social y político, el control y el uso del poder requieren no solamente de las instituciones del Estado que lo garanticen, vale decir las fuerzas armadas, sino que, además, los propietarios tienen que valerse y generar sus propios medios útiles que les permitan, cuando la situación lo amerite, usar las armas en la protección y defensa de sus intereses, por cierto, de sus tierras y de lo que ellas producen.

La bala sirve para protegerse de los sublevados de la tierra.

El clivaje de la bala, asume el postulado que la propia seguridad y la protección de la propiedad privada y de los bienes amerita la posesión y el uso de armas. Históricamente han estado detrás de todas las intervenciones militares que posteriormente han derivado en dictaduras autoritarias sanguinarias.

Independientemente que actúen en las sombras, buscan influir en todas las decisiones de política económica que les conciernen en relación con las modernizaciones que experimenta el campo, la agricultura de exportación, así como el trabajo.  

En Brasil, tienen una fuerte expresión política llamada bancada parlamentaria "ruralista", que se corresponde con los grandes exportadores de productos agrícolas del país. De hecho, en la historia política se suele hablar de los gobiernos del “café con leche” que sirve para designar la alianza de producción agrícola del café y la ganadera, de la leche.

El componente de la bala es la acción disponible para defender tanto a la biblia como al buey. Es el golpe de fuerza y de sometimiento cuando no se alcanza el argumento, la reflexión, el voto, la opinión o el consenso. Y las propias creencias, la fe, no se sostienen.

El componente de la bala opera hoy día en las redes del narcotráfico, en las redes del sicariato. En sus excesos, y en sus vericuetos de crímenes como el de Julia Chuñil.

Por cierto, la bala está en todo el cuerpo militarizado, pero especialmente en el “bajo clero” asociado al cultivo de la biblia evangélica fidelizada.

Se entiende por alto clero militar, al cuerpo del generalato y relativo a quienes tienen carrera militar ya que acceden a puertos de gobierno, y a un cierto circuito de favores y prebendas, relativas al capital simbólico del alto mando en su maridaje con las familias y linajes del país.

Y, por cierto, se entiende por bajo clero, que compone y usa la bala, a quienes pertenecen a las fuerzas armadas, pero como sostenedores de la jerarquía de mando: el vulgar perraje. Son ellos los que deben estar disponibles para salir a defender con la bala, lo que se les solicita desde la jerarquía. Y, por lo mismo, en esta cualidad radica: lo popular de su condición y lo familiar de su centramiento. 

Es decir, durante el siglo XXI, la bala militarizada en su base de bajo clero se hizo evangélica, y fue fidelizada al calor de los rituales de la biblia y del pastor de iglesia. La bala militar no se democratizó en la transición ni con el retorno a la democracia. 

El bajo clero militar de la bala genera un maridaje con la b de la biblia, y en ese espacio, reproducen el modelo cultural tanto en el campo como en la ciudad. La bala del bajo clero militar, permanece culturalmente en el vínculo de vasallaje moral con el pastor, y la del alto clero, venida a menos, permanece fidelizada a los abolengos del pasado que les dio el antiguo régimen autoritario dictatorial. 

El clivaje de la bala también está normalizado en la vida citadina a través de la emergencia, institucionalización y consolidación de empresas privadas que otorgan, venden: seguridad y protección a los bancos, y a las empresas para la circulación del dinero.

La B del Buey

La B del buey es la b de la ganadería, ya que la carne es un producto de exportación en Brasil, y por lo mismo ocupa grandes sectores del campo. En efecto, su productividad, industrialización y exportación requieren de un poder político que las defienda.

En Chile, se corresponde con todo el amplio trabajo en la tierra y con la producción agrícola. Y en la política conservadora, busca tener visibilidad en la defensa de la vida campesina, aunque con su componente cultural expresivo diferencial del fundo, del inquilinaje.

En el centro del país, bajo este componente cultural de origen rural se mezclan todas las costumbres y tradiciones del campo. El rodeo, las corridas de caballo, el cultivo y la tradición huasa, la tradición ecuestre, las danzas y los bailes considerados nacionales, las comidas que preferentemente se preparan con carne como los asados, etc. Y, por cierto, a este componente también se encuentran asociados todos los derivados de la producción y el consumo de la cerveza y del vino: un producto tradicional y de exportación.

En los últimos años y productos del avance de la cultura de derechos humanos, este estilo de vida ha entrado en pugna con quienes defienden los derechos de los animales, sobre todo, teniendo en consideración el trato del vacuno en los rodeos costumbristas.

En el sur de Chile, el producto derivado de este componente es la leche y los diferentes tipos de quesos. Puede incluso extenderse a la manutención de la oveja, la cabra, la alpaca y lo que producen.

Sin embargo, con el paso de los años, el buey de allá, y la política industrializada de la tierra, definida desde lo agrícola por las grandes forestales, no son necesariamente operables en los bueyes, sino en el lobby en el parlamento, y por cierto, la bala en la defensa de la ocupación de terrenos para las grandes plantaciones.

Las 3 B en Chile

Desde el punto de vista de la presencia de clivajes en esta campaña electoral del 2025, y la búsqueda de los comunes denominadores que definen ciertas posiciones de los votantes de derecha, es evidente que el Partido Social Cristiano, el Partido Republicano y el Partido Nacional Libertario, se sitúan y posicionan desde las 3 b. Se articulan, se mezclan, se refuerzan.

Cualquiera de estos partidos políticos, han buscado tener presencia en el parlamento, definiéndose desde alguno de estos clivajes o usando los 3. El más evidenciado en la opinión pública es el clivaje bíblico, porque suele comprenderse como una política institucional religiosa, y, por lo tanto, se percibe, curiosamente, como un mal menor, controlable. Opera en contra de las mujeres liberales, las diversidades sexuales, y es postulado por las propias mujeres conservadoras que han alcanzado lugares políticos con visibilidad electoral. Y, como es una expresión religiosa, aunque sea negacionista de valores civilizatorios, sus vocerías son aceptadas como parte de la libertad de expresión.

Los clivajes de la bala y el buey en sus recauchajes políticos han sido invisibilizados, operan en las sombras o los pasillos de los tres poderes del Estado, y, el cuarto poder de los medios de comunicación. Ahora, además, en las redes sociales.

Estos clivajes ya no hacen alarde del poder que ostentan, sino más bien, recurren al poder de la influencia del dinero, en el caso del clivaje del buey. Y, el poder de la bala, recurre al silenciamiento, a la quema del cuerpo del delito, al poder del chantaje al amedrentamiento y la amenaza, a través de las redes sociales. Todos juntos calibran el poder de la ignorancia, el temor tan presente en la vida post pandemia para infundir y propagar un apocalipsis del Estado-Nación.

Los tres partidos de las 3 b tienen a Kast y Kaiser como candidatos presidenciales, cual más, cual menos, operan en el negacionismo de todos los acuerdos civilizatorios construidos en las últimas décadas: ciencia, cambio climático, derechos humanos. Por lo mismo, su narrativa se sostiene en torno a polaridades, y la construcción de superlativos catastróficos que solo reconocen el bien y el mal en la vida societal.

El clivaje de las 3 b se ha unido en esta campaña electoral para ocultar su adhesión a un cierto pinochetismo no elaborado en relación con los derechos humanos, la democracia liberal y la comprensión del Estado de Bienestar. En su fuero confesional interno se articulan en torno a la supremacía blanca, y a la obediencia propia del vasallaje moral que logra articular el carácter populista dicotómico de la burbuja ideológica en la que buscan encapsular al electorado.

martes, 12 de agosto de 2025

¿Donde está la Motivación para apoyar una Candidatura?

 

En defensa de la democracia     

Desde que triunfó la candidata del Partido Comunista, a los electores y electoras, se les viene haciendo muy difícil defender o construir un cuento, o una narrativa heroica, que por una parte defienda el legítimo derecho hacer un camino y un proceso de decisión acerca de por quién votar, y por quién apostar en la credibilidad y la confianza, en la debida reflexión. Se viene haciendo difícil la participación ciudadana comprometida, dificil constituir el deseo de paz social y de progreso, en un horizonte democrático, con ánimo de reformas y no de reacciones ni de revoluciones pasadas de revoluciones. Bombardeada por los medios de comunicación y las redes sociales, tampoco se permite, procesar y poner en la balanza los hechos de la actual gobernanza. Simplemente se trata de aplicar el negacionismo a ultranza.

La derecha haciendo alarde de un travestismo pinochetista único, se desvela por acentuar un ácida crítica a la gobernabilidad como si de lo que se tratase es de exorcizar a una identidad demoniaca, que tiene poseída al país por un conjunto de males, que solamente será espantada, de cara al ascenso del Partido Republicano liderado por el señor Kast: la representación del bien.

En efecto, la derecha ultra reaccionaria lanza un discurso feroz y polarizado sobre el actual gobierno. Se olvida de la pérdida electoral a la gestión del último proceso constituyente, se olvida de su posición en el parlamento en relación con todas las leyes votadas en beneficio de Chile, las mujeres, y los y las trabajadoras: ley de 40 horas, ley de AFP y PGU, ley papito corazón, ley voto obligatorio, ley Tea, ley de trato, por citar algunas.  Y a muchos y muchas, cuando no la mayoría nos hace pisar el palo de la polarización ideológica que, cual máquina de moler carne, busca que caigamos en la convicción de que caminamos hacia el matadero de la resignación. La derrota está a la vuelta de la esquina.

Mascamos una chilenidad, engendro del siglo XXI, producto de la alta migración y la baja natalidad. Cabalga en los jinetes del apocalipsis del narcotráfico, las redes tránsfugas de corrupción que cruza los diferentes poderes del estado, la delincuencia de las balas locas, el desánimo mundial de guerras y exterminio. Y claro, al parecer, los salvadores de la patria estarían en el partido republicano. Nos olvidamos, o se blanquea el hecho que, dicho partido, hace un año le propuso al país: una constitución negacionista, reaccionaria en relación con los derechos adquiridos de las mujeres, reaccionaria en relación con los trabajadores y trabajadoras del país, cercenadora de los derechos medioambientales.

Lo que silencia Kast, lo que calla Kast, lo que blanquea Kast es la ausencia de una propuesta convincente sobre la defensa de la democracia. Y, la silencia de manera astuta y sagaz bajo un discurso provocativo y simplista sobre el aparente retroceso de la izquierda frente amplista generacional, y el aparente ascenso del comunismo come-guagua.

Sobre el Frente Amplio: Una palabra

Es reconocible que el frente amplio no va a salir o terminar el gobierno con el mismo estado de ánimo vencedor y heroico con el que entró. Ya no tienen esa épica, aunque puede servirles para mantenerse unidos hasta que surja otra. Tampoco va a salir derrotado hacia la inexistencia. Saldrá más que sobreviviente. Es un partido fuerte, un partido que logro posicionar a una generación, y que, gracias al actual presidente, se articula junto a otros partidos políticos en una coalición más amplia.

Es cierto que en algún momento se le subieron los humos a la cabeza, pero después de las sucesivas elecciones tendrán el tiempo de madurar y analizar su propia forma de construir poder. Su propia “voluntad de poder”.

Sobre el Partido Comunista: Otra Palabra

Es cierto que en materia internacional no hay aceptación de la política que ha sostenido dicho partido. No le vamos a dar más vuelta a este asunto porque resulta en una comida indigesta de tanto darle vueltas y vueltas. No tiene sentido y cada vez se va pareciendo más a una resaca de curadera mal agestada.

También es cierto que, se está transformando la disciplina exagerada del partido único, en el polvo que está debajo de una alfombra deshilachada. Aún se mantiene en la sala de recepción, o el antiguo living de las casas de antaño, pero sin restauración.

Entonces reconozcamos que: de este material añejo, los periodistas y comunicadores buscan, cada vez que pueden, sacar a pasear polémicas opiniones e intentos de conducción desajustados de la realidad.

La realidad es que la candidata Jara, el día en que venció las elecciones se transformó en la candidata de nueve partidos, todos ellos con pergaminos, abolengos poderosos de inserción y defensa de la democracia en Chile. Defensa de los derechos humanos Incluso, el PC chileno, tiene bastante más pergaminos democráticos que la mayoría de los militantes y líderes del partido republicano.

En defensa de la Democracia del Proceso

Es cierto, hay que ajustar motores. Y en ese ajuste, la democracia liberal como principio tiene que ser un sello de compromiso irrestricto. Pero eso quiere decir además, que se busca validar la posibilidad de reformas de acuerdo a las contingencias contextuales del país, y se busca prosperar en formas más adecuadas de defender los derechos sociales como la salud, la educación, el trabajo. No es entreguismo.

En ese entonces, el cuento que se debe escribir en el registro de defensa de la democracia es la valoración de un proceso electoral y de un derecho a que cada ciudadano y ciudadana vayan construyendo y restaurando su estimación a la verdad posible. Y en esta circunstancia, la valoración y estimación del proceso, implica aceptar que: la ciudadanía debe ir auscultando y desprendiendo las propias formas de autoritarismo que como resabios están presentes tanto en la derecha como en la izquierda.

Si lo que queremos y deseamos es converger en un estado de bienestar y en una gobernabilidad amable, es necesario despejar la altanería de la aplicación y ejecución del pensamiento único, aclarar los cuestionamientos que surgen hacia una moral desprovista de empatía y propia del vasallaje.

Desde la postura del centro, la izquierda hacia el comunismo, se trata de proveernos de conversaciones y diálogos que permitan ablandar las capas de prejuicios “anticomunistas” con el asombro, la risa y la carcajada, sin miedo, sin temor. Pero también, desde el comunismo se trata de construir respuestas y acercamientos sobre distancias y juicios de realidad históricos basados en la exclusión de ciertas prácticas democráticas liberales y emancipatorias del feminismo y el socialismo.

Se entienden las resistencias y los resabios de “mansplaining” existentes, pero ellas pueden transformarse en las piedras del zapato diario para avanzar como país en ciudadanía. Es algo que la derecha no va hacer. La derecha no va a salir del closet. Ya comenzó por encerrar a sus monstruos bajo siete llaves y ocultar, blanquear, silenciar sus míseras existencias. Y sus fijaciones están en la exaltación y el ataque a los monstruos del adversario: el oficialismo, el actual gobierno.

Entonces, la otra jugada, la otra apuesta que por cierto es un desafío es atreverse a sacar a la calle nuestro propio monstruo “come guagua”. Desamarrar ese nudo es el desafío. Develar, mostrar para ver si le podemos llegar hacer cariño. No se trata de defenderlo, o criticarlo, sino exponerlo para que sea la ciudadanía la que enjuicie y juzgue. Despojarse, en el proceso de campaña electoral, de los propios mecanismos construidos culturalmente y bajo el disciplinamiento autoritario. Deconstruir las calcificaciones ideológicas autoritarias y regresivas de las polarizaciones que buscan mantenernos en cualquiera de las dos burbujas y trampearnos la construcción de realidad del cruce de puentes. En una de esas, le damos el palo al gato.

Es otra forma de construir el orden deseado.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

El Caso Hermosilla: ¿Estallido Social 2024?

 

El Tráfico de Influencias

En lo que va del “estallido” Hermosilla por las redes y los medios de comunicación, es interesante circunscribir el posicionamiento de los actores en el escenario de los afectados. Se trata de funcionarios de gobierno, pasando por funcionarios del poder judicial, hasta funcionarios relacionados con el campo político.

Es raro el clima de septiembre por la memoria del 11 de septiembre, en el que se conmemoran además las fiestas patrias, y el estallido social del 19 de octubre.

En general, en este último tiempo se ha tendido a desprestigiar la sensación de malestar social y colectiva de esta movilización social que tuvo expresión en la plaza dignidad y a nivel nacional, en todas las plazas y calles de Chile. Por eso, además, es raro el clima de este tiempo.

En este contexto, ha resultado interesante escuchar no solamente las primeras declaraciones del presidente Boric, en relación con la detención del principal investigado, sino, los ministros de estado, específicamente, Interior, Justicia y Derechos Humanos, secretaria general de la Presidencia, gobierno. etc. También, representantes del poder judicial como los fiscales y por cierto todos aquellos actores que, como profesionales, expertos, sea actores relevantes propios a la élite, o a los colegios profesionales envueltos en el asunto: léase colegio de abogados, por ejemplo, y las mismísimas universidades.

En efecto, estamos ante un problema del sistema político que se inicia en uno de los tres poderes del Estado, el judicial, pero traspasa a todos los otros poderes: político y legislativo, incluso el comunicacional y de las instituciones y las empresas que prestan servicios al estado.

Aunque tradicionalmente no se considera a los medios de comunicación y su acceso a los mismos como envolvente. Sin embargo, es cierto no está constituido como el cuarto poder del Estado, es un poder que hace posible la legitimación de la información y las comunicaciones. Son un poder. Y, a la fecha no ha sido visitada por la jurisprudencia. Entonces, al parecer, ha llegado el tiempo en que se haga una conversación.

La Transparencia

Interrogantes vienen y van. A estas alturas se reconoce que hay intereses económicos poderosos en este país ejerciendo influencias indebidas en el espacio político. O, sea ya van varios casos desde SQM en adelante, incluido el gran negocio de las fundaciones.  Y, si es así, en la pragmática, en la realidad, vinieron para quedarse.

Entonces interesa despejar: ¿en qué condiciones se regularán las conversaciones de lo que se entiende por privado? Lo privado cuando se trata de la familia de linaje compartido es aceptable. Pero, al tratarse de red de amistades de negocios y sus conversaciones, hay que hacer una demarcación porque el delito de tráfico de influencias también tiene límites e indicaciones. Y, en esa estamos, para verificar el daño, y la corrupción.

La Élite

La conversación sobre lo que sea la élite, nunca había estado tan en boga a partir del estallido Hermosilla. Y eso es porque el pelaje de la élite cambió. Se democratizaron los accesos al poder, y claro que cien años no es nada, ante la impermanencia. Entonces, hay quienes buscan en la élite y ciertos protagonistas de ella, los cabezas de turco de este episodio, aunque para ello es necesario que dezgranar el choclo.

El futbol, el deporte, los personajes de televisión y de los reality shows, entraron a la opinión pública y al parlamento hace ya unos veinte años.

Hay algunos que indican que se perdió la formación, los partidos políticos perdieron la visión cultural y de formación que le es propia. Esto para informar a la ciudadanía que la verdad aún tiene vestuario. Sin embargo, antes habían características de la élite que ya no corren en estos tiempos, y que son de responsabilidad de otras instituciones. El campo que conforma la opinión pública y de aquellos y aquellas que acceden a la misma para influir en la política propiamente tal, no es la misma que advino al inicio de la transición en los años noventa al finalizar el siglo pasado. Entonces cabe preguntarse: ¿cual es la élite que se descompone en este estallido que no está en las plazas, ni en las calles, pero está en los medios y en las redes?

En esos años, el acceso a las mejores universidades, el clivaje familiar, el acceso al sistema de herencia eran las monedas de cambio y de circulación e inclusión. Pero hoy, la élite ha ido desdibujando esos contornos, otros apellidos chilenos y chilenizados, conforman no solo la burguesía financiera, sino, la burguesía oligárquica y por lo tanto las redes. 

Hasta ese aire aristocratizante decadente que antes emergía en las conversaciones, hoy por hoy, se diluye por entre medio de clivajes culturales provenientes de aspectos religiosos como los evangélicos, por ejemplo, que tienen una representación en el congreso.

A inicios del siglo XXI, en un artículo que escribiera sobre la opinión pública en Chile, dimensionar ese cambio que ya se percibía sobre todo para los estudiantes de comunicaciones, muchos de los cuales en sus tesis ya se interrogaban sobre la entrada de los futbolistas al mundo de la política, no parecía sin embargo, interrogarse necesariamente, sobre su efecto en la constitución del campo de la política, ni siquiera en cuanto líderes de opinión pública.Las comunicaciones se preocupaban con el traspaso de la fama, el prestigio, conseguidos en un cierto espacio acotado de lo público, y la influencia, el impacto que aquello tenía no hacia la política sino más bien, hacia la ciudadanía.

No se entendía muy claramente el proceso que el propio quehacer político funcional diluía en el rasgo popular propiamente tal, hacia lo electoral. Y, esa dilución desaguó en los propios partidos políticos que aceptaron con un cierto júbilo, la levedad del proceso mediante el cual, las ideas, los posicionamientos estrictamente políticos, devenían en una suerte de liquidez. Los propios partidos cambiaron su fisonomía, sus gustos, sus preferencias, su estilo sea sobrio o estridente, su moda. Tenemos un parlamento diverso, una nueva generación en los sillones.

En algún momento de ese periodo fue fácil definir la whisky-izquierda, por ejemplo, fue fácil definir la distinción del corte de pelo, de la barba, del vestuario, de las formas de decoro que empoderaba a una cierta élite. Isabel Allende, la escritora en alguno de sus libros, indica que las clases medias eran sobrias, modestas, y educaban a sus hijos e hijas, en ese decoro, de la educación pública y la privada era sobria ante la ostentación. No eran amigas del derroche, del exceso. Las mujeres no solían pintarse la cara en exceso, no solían dejarse las uñas largas, y se valoraba “lo natural” como estilo de vida. No había mucho postizo. No se conocía la inteligencia artificial.

Y, la élite que asumió el poder en 1990, tenía esa impronta. Basta revisar las imágenes de época de la élite circulante a través de los medios de comunicación y se puede observar formas simbólicas que claramente hoy están en desuso. En efecto, hoy la élite cambió, la política cambio de apellidos, aunque algunos se mantienen, y entramos en la explosión de los cinco minutos de fama de Andy Warhol de una generación que toma el control de esa circunstancia ante los medios de comunicación. 

Pero desde esa cambio, se mantuvo y sostuvo una élite vinculada a lo que representa Chacwick y por cierto Hermosilla.

Al inicio del proceso de democratización, en los noventa, la élite que entró a lo público, de algún modo estuvo definida y circunscrita a lo ya conocido. Se abrió, pero quienes entraron fueron nuevos en el parlamento, y fueron pocos quienes quedan hasta hoy día. Posteriormente, se fueron integrando nuevos giros culturales con la nueva mayoría, incluso después de R. Lagos. De hecho, la democracia cristiana no volvió a comandar el país, el centro se diluyó y la élite que copaba ese espacio derivó en extinción.

Tal vez, Piñera, le entregó al país la emergencia de una élite ricachona, arribista, ya no siútica, sino más bien, criolla consumista, abigarrada y estridente. Es la otra cara de la elite "profunda" de las redes de amistad.

De hecho, son pocos y pocas los sobrevivientes y resilientes de esa época. Sin reggaetón.

Por lo mismo, ya en los últimos veinticinco años, al inicio del siglo XXI, entramos en una redefinición de la élite. Los criterios sobre educabilidad y formación universitaria no son los mismos. La privatización de la educación superior tiene otros enclaves de formación de la derecha y de lo que esa élite quiere proponer como tal al país. Ya no interesa si un integrante de la élite es formado en la Pontificia Universidad Católica, o en la Universidad de Chile, o en las Universidades del Consejo de Rectores. Tener un título profesional de la USS (Universidad San Sebastián o USTO o Los Andes o de una universidad cualquiera, otorgan a da un impulso suficiente para ser considerado y evaluado positivamente. Incluso, de atraer cierta característica de neutralidad ideológica rara, pero al parecer satisfactoria a la constitución del poder.

En la actualidad, las habilidades requeridas para entrar al espacio político se camuflan de otro modo y aunque hay intentos de consolidación de los rasgos que con anterioridad eran relevantes, la democratización insiste en derrumbar y tirar el mantel, más que guardar el polvo debajo de la alfombra a modo de reliquia patrimonial de la familia.

Lo mismo ocurre con los apellidos y con los clivajes que históricamente condujeron la política en los poderes del estado. Es cierto, que hay linajes que se mantienen, pero en su mayoría han cambiado y de hecho en los últimos años los gobiernos no solamente han ampliado esa inclusión, sino que además la nueva generación que asumió el comando, arribó con linajes regionalistas, no necesariamente capitalinos.

De cualquier manera, no se puede despachar una élite sin considerar el clivaje en su proveniencia y procedencia. Y, no se puede entender el clivaje de una élite sin las diferenciaciones culturales, o las que apuntan a consideraciones territoriales, del tipo: capital y provincia, capital región, rural y urbana, centro y periferia. También del tipo de burguesías, y oligarquías.

Por eso, el caso de este estallido tiene un derrumbe patriótico extraño.

domingo, 18 de agosto de 2024

Amor y Macaya: un revival no digerido

 

Es extraño el estado de ánimo y sobre todo la visión de mundo que se han presentado ante la opinión pública en el último tiempo en Chile. Se trata del caso Macaya y al caso Amor. Ambas familias, que, por diferentes motivos, y en diferentes espacios de la política, resultan envueltas en problemas de alta tensión. Ambas, por constituirse en el ámbito de abusos y violaciones a los derechos humanos.

Los datos de las situaciones que se analizan se vuelven a posicionar en un espacio relativo a la moral, y por consiguiente en las coordenadas de lo que se conceptualiza como negacionismo desde el punto de vista de su funcionamiento, sea dispositivo de discernimiento, visión de mundo, y construcción de ordenamiento social. Hasta construcción de sentidos de gobernanza.

Los caminos a los que se llega al negacionismo de algún modo son parecidos. Tanto Macaya hijo como Amor hija, buscan defender a sus respectivos padres, figuras paternas, padres de familia, hombres, heterosexuales, representantes de un orden simbólico, referentes de un ordenamiento social y de una cultura.

En ambos procesos, tanto el hijo como la hija, al defender a sus padres de hechos que están en la justicia, fidelizan su capacidad de razonamiento debido al vínculo paternal, y al hacerlo, sueltan el discernimiento, la autonomía de juicio, y lo peor, con ello, vacían de la construcción del juicio moral propio a la de la ciudadanía adulta y democrática. Y, por cierto, en general a la ética del bienestar comunitario que debería auto sustentar la comunidad política en general en términos del marco o referente de conversaciones.

Por lo mismo, la declaración con una visión certera, experta, y sabia de la psiquiatra socialista Fanny Pollarolo titulada "la profundidad de la herida" es aclaradora en el sentido que focaliza y centra, delimita lo que está en juego, respecto Isabel apellidada Amor al igual que su padre en relación con el ocaso de un nombramiento para ocupar un cargo público. Y, que afecta a la sociedad chilena en su conjunto.



Ahora, es a partir de la reflexión sobre los contenidos de los trechos de entrevistas de la ciudadana en comento, y las declaraciones de exigencia de reparación moral, que surge inevitablemente la comparación con lo ocurrido con el padre e hijo Macaya. Y, en este sentido, lo que más llama la atención posterior a la aclaración en las respuestas de ambos es el filtro que opera ante las entrevistas, la ambiguedad del descentramiento y la relativización del lenguaje para afirmar e identificar la presencia del "mal".

Ambos "creen" en lo que sus padres les dicen, y hacen de esas voces, una defensa, en democracia, de hechos delictivos. En el efecto, reiteran la "desconsideración de la víctima" de manera directa o de manera indirecta. Y, constituyen la reiteración de la violación y el abuso incluso del derecho a la memoria y a la verdad. 

Es complejo, presentar el antecedente de la entrevista psicológica realizada para obtener el cargo en el caso de Isabel Amor, y judicial en el caso del senador Macaya ya que se supone que ambas entrevistas “debieran” preservar la privacidad y confidencialidad propia a la situación.

La primera en tanto entrevista de selección de personal de parte de una empresa / consultora privada para el Estado y gobierno de Chile, en la alta dirección pública; y el segundo en tanto que testigo favorable al acusado por caso de abuso en proceso ante el poder judicial.

En ambos casos, a posteriori lo que se observa es que se buscó "blanquear" el delito, el abuso, la violación del derecho humano cometido por la figura paterna. Personalmente, no supongo la intencionalidad o la mala fe en las omisiones del juicio moral, o si se prefiere en la defensa que hacen ambos, hijo e hija, de los delitos de sus padres. Es decir del “blanqueo de memoria” que deriva en la constitución del negacionismo en ambos casos. A partir de la lectura de Pollarolo sobre el caso Amor, y la propia reflexión sobre Macaya, lo que interesa presentar es la derivación ética sobre el estado de nuestros “lapsus” en la inacción.

En efecto, ambas cuestiones siguen siendo de interés nacional, precisamente porque sirven de base, para pensarlas, ambas, desde una manera y perspectiva civilizatoria. Mientras, lo único que se advierte es la inmadurez, los inevitables enclaves de insensatez, falta de historia de Chile, falta de conciencia. Ante los cuales, solo queda apelar al "valor".

En el caso de la hija Amor, una cierta narrativa política hace una defensa que se parapeta en una suerte de egocentrismo victimizado al punto, que la ciudadanía tiene derecho a preguntarse: ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI en una democracia que ya se la quisieran los chinos, los rusos, los ucranianos, los venezolanos, los israelíes,  los palestinos, etc., existan mujeres adultas jóvenes que salgan a detener el normal avance de las conversaciones políticas, con tamaños apoyos comunicacionales?

En el caso de Macaya, tuvo que renunciar a la presidencia de su partido, a la vocería del mismo, y se le bajó el perfil a la discusión pública sobre su función senatorial.

Contexto Reflexivo

Piaget, Erickson y Guilligan ya desde la mitad del siglo pasado y a comienzos de este siglo XXI inauguraron estudios sobre la construcción del discernimiento moral por etapas en los seres humanos. Guilligan incluso en la Voz Diferente, especificó con ejemplos el modo como las mujeres y el género expresaban y ejercitaban la moral.

Específicamente en Chile, el currículo de filosofía y psicología de los adolescentes de tercero y cuarto medio desde los años noventa en adelante contemplaba la enseñanza de las etapas de desarrollo moral, tanto las de Piaget como las de Erickson. En ambas propuestas, se consigna por cierto que el joven adulto, pasado los 18 años es capaz de discernir el comportamiento abusivo. Y la ley contempló por tanto incluso el discernimiento pasado los 16 años.

Es más, en las etapas de desarrollo moral definidas por Erickson que es más amplia, se consignan características más relevantes que deberían llevar al joven adulto hacia el altruismo moral, sobre el cual se instituye la sociedad de manera estable. La edad de los jóvenes adultos estirando la cuerda se ubicaría hasta los 35 -37 años de edad.

Posteriormente y al inicio de este siglo, en la enseñanza universitaria, los módulos de Ética, Valoración y Sociedad, y de Responsabilidad Social en todas las mallas curriculares de todas las graduaciones, es decir en estudiantes de entre 19 y 22 años, se buscaba en la reiteración, poner el refuerzo en la construcción de los mínimos éticos ciudadanos propuesto por Adela Cortina, y en la experiencia moral (Humberto Giannini) como capacidad y ejercicio cotidiano de valorar lo bueno y lo malo, y de aprender a ponderar en la esfera laboral la necesaria colocación de límite cuando los hechos, situaciones, casos lo requieran.

En efecto, desde un cierto punto de vista, fidelizar la capacidad de razonamiento se vincula a la etapa del desarrollo moral que no debiera darse en la etapa adulta según Erickson, Guilligan, Piaget. Y, en términos generales, todos los discursos y narrativas político sociales parten del supuesto habermasiano de existencia de deliberación en las comunicaciones: las cuales se dan entre pares. Y he aquí entonces que, transcurrido el primer cuarto del siglo XXI, constatamos que no es ese el nivel en que se circunscribe la conversación política que se vehicula en la opinión pública, en los medios de comunicación. 

¿Qué ha sucedido desde entonces que nos encontramos con dos casos en lo que va el año, en los cuales el discernimiento de un hijo e hija “adulto y joven adulto” se suspende, se bloquea, se niega por la construcción de una suerte de “fidelización del discernimiento y del juicio moral”?  

Al punto esto ocurre que, caemos redondo o redonda en conversaciones pifiadas, con este tipo de entretelones, en las cuales la psicología de las entrevistas especializadas "guatean" por "déficit", "error", "corte y confección de perfil adecuado" para ajuste o encaje a la legalidad vigente. Cabe preguntarse en concreto: ¿Qué pasó con los filtros a la entrevista en profundidad que debieron ser realizados por la psicóloga y/o psicólogo en tres sesiones en el caso de Isabel Amor? Estamos hablando de un sistema de expertos que opera como aval de consultoría privada pagada por el Estado para proporcionar a “los y las mejores”. Estamos hablando de entrevistas donde la profesional se niega a afirmar, confirmar un delito. Se trata de una dulta joven que "no sabe como hablar del hecho". La vaguedad, la imprecisión para delimitar la falta, conduce al relativismo y ambiguedad moral.

Todo ello ocurre porque efectivamente, y no es un detalle menor, que los hijos e hijas pasada cierta edad joven adulta, al parecer no tienen juicio moral sobre las acciones y comportamientos de sus padres. Y, no es un detalle menor que en estos casos, lo hagan en la defensa de una visión política autoritaria, y no democrática. Por cierto, para el feminismo, no es un detalle menor, que la defensa se haga en orden a en última instancia reivindicar el orden de la jerarquía patriarcal de las familias.

Por lo mismo, desde el punto de vista de la ética ciudadana, de la ética normativa, lo que está en juego es la construcción de criterios comprensibles no solamente para uso de los expertos, a la política y a las profesiones, sino también para el necesario autocuidado.

Es cierto que la fidelización ha sido elaborada en la economía como trato a lograr hacia los clientes. Es cierto también que al sostener a la base un vínculo de fe, en términos generales, hay una aceptación de la palabra, en este caso del otro, que no se cuestiona, aunque por la edad, se apelaría a que al menos a nivel introspectivo se diera una cierta elaboración como sentimiento crítico. Sin embargo, la fe, y el carácter de la fidelización, cuando se refiere a creencias, que justifican un orden religioso, suelen mantenerse sin elaboración racional dentro de cada individuo. Por lo mismo, al parecer surgen en la acción, como un padrón de normalización de comportamientos, propios a un autoritarismo que en su resabio se adecua a la banalización del mal.

En este sentido último, desde el punto de vista de la memoria, se plantea como exigencia analítica, la elaboración del mal. En verdad, la obediencia al interior de ciertos grupos e instituciones tiene, entrega por educación, socialización, sesgos en los sujetos que no se adecuan a las democracias complejas.