Queriendome explicar el fenómeno Jara, en las elecciones presidenciales de Chile, tuve un revival de los tiempos de Gorbachov, de la Glasnost y de la Perestroika. Y, el primer problema que me genero revisitar esta imagen de momento histórico, vino del contraste entre historia reciente y el presente.
Recordé a Gorvachov por estos dias, en una conversación con gente profesional cuarentona en un "break parasitario". Por entre medio de una conversación de trabajo, en un espacio laboral. En ese ahí, surgió su nombre en mi mente, y el sobresalto se apropio del presente porque me dí cuenta que, los interlocutores, a pesar de tener la misma edad de la candidata, no conocian, no tenian referencias, ni información del sujeto principal de la comparación.
Yo, lo estaba mencionando a propósito precisamente de lo que busca representar este nuevo liderazgo comunista de Jeannette Jara. Estaba buscando justificar el comportamiento político de Jara a partir de Gorvachov.
Pero, al hacerlo, encaraba un desafío mayor planteado por los integrantes de su propia generación ya que, para mi sorpresa: por una parte, no reconocian ni identificaban la historia del contexto de vinculación con la organización partidaria PC en los tiempos de los ochenta de Jeannette. Y, por otra, sin tener este background, no podrían entender el fenómeno de descentramiento, o giro del mismo Partido Comunista, que está haciendo la candidata en la actualidad, como un proceso que empezó ya hace un tiempo en la organización y estructura. (la perestroika)
Es crítico constatar que en estas elecciones, las generaciones más jóvenes pueden y de hecho no tienen la idea de esa gobernanza histórica pos guerra fría, y su impacto mundial, a pesar de que son parte de ella. Conocen la Rusia de Putin y en guerra con Ucrania, pero no la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas lideradas por Gorvachov en tiempos de la guerra fría. En fín, el hombre que tenía ese gran lunar en la cabeza se me venía a la memoria, en un contexto diferente. Y en un periodo de campaña, donde detenerse en contenidos de fondo es un exabrupto mal agestado.
Por estos dias, se lee poco, se buscan intercambios linguisticos fáciles, y por entre medio de las redes sociales, las palabras cuestan. Y, es cierto, el contexto diferente, es el actual: un proceso de elecciones presidenciales en Chile 2025. En ese horizonte, se trata de querer comprender y explicar no solamente la candidatura de Jeannette Jara, sino, su militacia en el PC, en el proceso que podría llevarla a ser Presidenta de la República como otro mal menor. Otro mal menor en comparación con Boric y su generación.
Gorvachov llegó con la Glasnost
Cuando Gorvachov la trajó al mundo occidental, fueron tiempos de apertura para nosotros que, acá en Chile, estabamos en plena dictadura, y con una represión desatada de violación a los derechos humanos. Aún la URSS como modelo nos parecía un país viable, aunque había reflexión sobre los socialismos reales.
En Chile, en los espacios universitarios ochenteros, había un cuestionamiento al estalinismo, al militarismo, y la glasnost se veía como apertura a todo nivel. Es cierto, que a nivel interno, el PC no recibía bien este cambio de prácticas mas liberales. Pero, había que avanzar en la recuperación de la democracia y la unidad de las organizaciones partidarias en la clandestinidad trabajaban para eso.
Y tal vez, la glasnot sea uno de los aspectos que busca encarnar Jara en su descentramiento del PC.
Gorbachov y la Perestroika
Tiene que ver con la re estructuración, con la reforma del sistema y modelo político. Tiene que ver con la transparencia y la confianza dada por la glasnost. Gorvachov trasmitía un liderazgo más abierto y generaba confianza en Occidente. Era un hombre amable que trasmitía una visión de cambio después del conocimiento del "gulag".
De hecho, este liderazgo posibilitó generar cambios internos, liberó a importantes científicos, hizo reformas políticas dentro del partido y en la URSS.
Por esta cualidad recordé también a Jeannette Jara, en un Chile actual en el que aún se percibe a los comunistas como come guaguas, y a toda la izquierda, como violentistas anti democráticos.
Glasnost y Perestroika Chilena
En la búsqueda de una narrativa: Jara, Cariola, Vallejo, son una generación de mujeres que han construido liderazgos y visibilidad pública marcando diferencias claras respecto del feminismo, los derechos de las mujeres, el patriarcado, al interior del Partido Comunista. De algún modo son glasnot y perestroika.
Estos liderazgos han marcado un compromiso visible con los principios de la democracia liberal. En Chile, ni siquiera Kast, ni Kaiser, ni Matthei pueden acusarlas de no respetar la cultura de los derechos humanos, de los derechos sociales, políticos. Son igualmente patriotas. Incluso puestas en la balanza de la edad, y de los compromisos, se han hecho bastante más responsables de lo ocurrido en la dictadura militar de Pinochet que los otros concurrentes de la derecha.
Es cierto, que hasta ahora igual, hay un sector de la chilenidad que: no le tienen confianza a los liderazgos emergentes, y sobre todo al autoritarismo del partido comunista en esa definición de partido único.
Después de Boric, y principalmente de su generación, con la que llegó al poder político a construir gobierno, hay un porcentaje no menor del electorado que se han vuelto desencantados. Pusieron esperanzas en esos liderazgos, y se vieron golpeados por la prepotencia, la falta de experiencia, y otras hiervas ya ventiladas y consumidas.
Y, aunque también es cierto que, en general, la generación de mujeres de los baby boomers está con ella, con Jara, hay un sector que la sigue casi por inercia, no por convicción. Se trata de un sector de hombres y mujeres al cual todavía la candidata no les dice mucho. Mal que mal, por edad Jara es parte de la generación de gobierno de Boric. Y, ven a los mayores de 60 años como parte de una humanidad a quienes hay que cuidar, infantilizar, y no seres autónomos, sustentables y con experiencia para aportar y gobernar.
En efecto, además hay un porcentaje de electores, mayores de cuarenta, que no se sienten vinculados al proceso de construcción de la democracia, o a alguna de las candidaturas. Consideran que van a elegir, otra vez, un mal menor, y eso les genera malestar, desencanto, tristeza, desazón con Chile. Basta recordar los dos últimos procesos por las constituyentes, y un ¡hasta cuando! ensombrece los rostros de puro cansancio.
En efecto, Chile desde hace unos 20 años producto de la inmigración y la globalización, construye cada día una identidad diferenciada acelerada, una cultura que transita por muchos lugares de memoria que ya no nos son comunes.
Hace 20 años atrás, a un señor de ultra derecha le habría dado un cierto pudor decir su identificación política en la calle, hoy lo hacen sueltos de cuerpos: un venezolano avecindado en un taxi, un adulto mayor blanco frente a la publicidad de los parlamentarios en campaña. Lejos de considerarlo un insulto a la democracia, autoclasificarse como de ultraderecha parece proclamar un orgullo que había permanecido en el closet.
Cansa Chile, agotan esas sedimentaciones culturales que se amalgaman en la ignorancia, en la falta de cultura cívica al ritmo del narco reggaetonero o el hip hopero de turno, en las burbujas polarizadas sin palabras, sin conversación, a punta de esloganes, rotulaciones, etiquetas.
Más allá de la conversación que se quedó entrampada por la falta de palos para cruzar el puente, a veces, los males menores son necesarios mientras se acumulan fuerzas después de tantas derrotas y tantas osadías. Jara ofrece esa templanza y ecuanimidad. Ofrece madurez.
Y por cierto, mientras, se pueden plasmar compromisos de reformas en una gobernanza trasversal que al menos ya tiene experiencia en el parlamento.
Para quienes vivimos la dictadura, sabemos que se puede caer más bajo aún. Pero, las nuevas generaciones que no la vivieron no están disponibles para que los ancianos les vengan a decir que hacer, que decidir y como gobernar. En su sobervia narcisista piensan que es su tiempo, y se sienten envalentonados lo suficiente para mirarse morenos y sonrientes, sobretodo los hombres, en el rostro de Kast, Kaiser y Matthei: la supremacía blanca.¡Dios nos ampare diría mi abuela!
Así que, no todo es malo ni estamos tan perdidos. Y aunque no muy convencida, la experiencia nos dice que: peor es mascar laucha. Se gane o se pierda, el mismísimo PC tendrá que hacer su camino de reflexión para precisamente, en la inflexión, procesar los contenidos que resisten a cierta cristiandad chilena.
Aún queda agua que correr bajo el puente...

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