lunes, 23 de febrero de 2026

Chile: camino al 11 de Marzo

 



En tiempo de transición, por el cambio de mando presidencial, en Chile, en un escenario político, formal: un gobierno de izquierda le hará entrega a un gobierno de ultra derecha la conducción del poder ejecutivo.

Debido a la solemnidad del acto, se encontrarán el 11 de marzo de 2026 varios mandatarios, de lado a lado. Y, por cierto, hay un conjunto de encuentros auspiciosos que debieran enmarcar la gala impecable de la democracia.

Será un concierto de conversaciones bilaterales, entre países, ministros, representantes de la monarquía española, ya que viene un rey, vienen representantes políticos europeos, latinoamericanos, y es evidente que el escenario diplomático de las agendas se despliega en su totalidad.

Chile se prepara para despedir a un gran presidente, el compañero Gabriel Boric. La historia en su perspectiva no solo lo absolverá. Ya se sabe que, el futuro en política, con democracia electoral mediante, nadie la tiene escrita. Aunque, Steve Bannon lleve a veces a dudarlo. Sobre su generación y lo que quede de ella, también está por escribirse.

Desde otro punto de vista: será interesante para Chile, conocer a la presidenta de México. Que conozcan de cerca a Luis Ignacio Lula Da Silva. Al lado de una fotografía con Bachelet, Claudia Sheinbaum y Boric.

Hasta ahí, íbamos bien.

Sin embargo, producto de la estrategia geopolítica iniciada por Trump, muchas de estas benevolencias pueden quedarse en palabras de buena crianza. Y, en un estreno de un guion mal escrito para el nuevo ministro de Relaciones Exteriores: Francisco Pérez Mackena.

El Debut de un Ministro

A menos de veinte días de la pose de José Kast, las últimas medidas diplomáticas del gobierno de Trump, que ahora generaron incomodidad en Chile, tendrán efecto. Y, los responsables ya no estarán en este gobierno saliente, y por cierto comenzarán a resbalarse hacia el gobierno y la gobernabilidad de los nuevos habitantes del palacio.

Una emergencia no contabilizada que se coló como piedra en el zapato. Una emergencia que a la ciudadanía le importa poco, tal vez, quien sabe; pero que a los involucrados los puede dejar bastante complicados y dañados. Y, sobre todo al país en términos simbólicos, de identidad y cultura bastante entristecida.

Aparte de ser un evidente gesto de mal trato, de inmiscuirse en asuntos propios de la soberanía de Chile, el asunto por primera vez dividide a la élite política. La ultra derecha y quienes la financian con viajes pagados, incluido los medios de comunicación que controlan, han modificado el mensaje que antes defendía la unidad de los chilenos y chilenas de cara a los desafíos internacionales. Y muestra en su revival, la cara pusilánime, ante un acto evidente de vasallaje.

En efecto, esto permite recordar que tal vez uno de nuestros problemas sea que, quienes han formado parte de esta élite económica, desde los primordios de la colonia, y la independencia, aún no reconocen, ni identifican los contenidos de los comportamientos de esa condición vasalla. Es decir, aún no traen al saber consciente, por qué actúan de ese modo sumiso y sometido frente a propuestas imperiales.

Lo cierto es que, entramos de lleno a la contradicción que representa ideológica y culturalmente el gobierno de Kast, y al primer divorcio entre la ingeniería comercial y la política cultural, de la diplomacia, y de su gobernanza.

Algunos esperaban que esta situación se dilatara, que hubiera más tiempo de luna de miel. Sin embargo, Trump mandó a su recadero: Marco Rubio, a aguar la fiesta cuando se esperaba que el buen vino chileno regase la garganta de los invitados e invitadas.

Antecedentes Regionales

El año recién pasado, 2025, una mañana cualquiera, Brasil recibió la misma bofetada diplomática que por estos días recibió Chile. Trump en su deseo de aparecer tomando las riendas del principal país de Sudamérica, le negó la visa al máximo representante, en ese momento, del Tribunal Supremo de Justicia y a su familia. Además, agregó en el veto, otros integrantes del mismo poder del Estado federado y a sus respectivas familias.

Las razones del veto fueron una intromisión política aberrante para quienes todavía creen en la soberanía de los pueblos. Y, no tuvo ningún empacho de hacerlas públicas en estruendosas declaraciones por redes sociales.

En esa ocasión, se trataba de la defensa de Jair Bolsonaro por el acto golpista ocurrido el 8 de enero, una semana después del presidente Lula haber asumido el gobierno. Acusaba al Tribunal Supremo de Justicia y a su presidente Alexandre de Moraes, de actuar políticamente, con parcialidad, persiguiendo a un ex presidente de actuar probo. Por lo mismo, condicionaba la concesión de las visas a la liberación y la amnistía del acusado.

También, vociferó por días la aplicación de un “tarifazo” que obligó a los empresarios del agro negocio a silenciar su discurso anti izquierda, y anti gobierno, buscar alianzas estratégicas dentro del suelo estadounidense, pero, sobre todo, a construir alianzas político-diplomáticas dentro del país, en unidad nacional.

En efecto, por algunos días, los medios de comunicación timoratos buscaron amparar el discurso de Trump, y cobijarse bajo este nuevo comando que remecía al multilateralismo. También buscaron silenciarse, de cara a la evidente agresión e intromisión en los asuntos internos. En este caso de un poder del estado: el Judicial. Sin embargo, a poco andar, como resultado interno, y externo, Brasil salió airoso.

Se defendió la soberanía del país. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) llevó a Bolsonaro y a otro ex general de la república a la cárcel. El parlamento sigue dividiendo aguas entre la defensa de la democracia y el apoyo a una ultra derecha que cuestiona y rechaza la democracia electoral, Trump ablandó su lenguaje, no efectivó el tarifazo, y Lula mantiene la gobernanza y el liderazgo en el país.

Con el presidente de Colombia, Gustavo Petro hizo lo mismo. Primero lo maltrató ante la opinión pública internacional, lo amenazó de intervención. Todas payasadas que más o menos, terminaron con una invitación a la Casa Blanca.

Y así vamos, en Venezuela, “extrajo” a Maduro, dejó a una sucesora, y la historia es conocida. Fue por el negocio del petróleo. Siguió con Cuba. México y Brasil mandaron ayuda, y se desalinearon de la orden de Trump. Así estaban las cosas, con los chilenos y chilenas mirando al cielo, pasando piola, cuando cayó el banderazo.

Con los países y representantes de gobiernos como Milei en Argentina y que considera sus aliados políticos, Trump re arma configuraciones de conducción y liderazgo, al tiempo que, en su propio país, comienza a decaer y hasta los europeos comienzan a cansarse.

En las últimas semanas, a nivel interno, Trump enfrenta variadas situaciones hostiles en su intento de comandar la región y su país: el caso Epstein, derrotas electorales que avecinan resultados de los comicios de noviembre, invalidación de su política de tarifas desde la Justicia, intentos de acusaciones constitucionales, etc. Por lo mismo, quién se junte con él, “ahora”, y en este contexto, no va a salir muy bien parado. Más arriesga que gana.

El Mal Trato Trampista llegó a Chile

No es un buen trato diplomático y claramente es abusiva la acción de Trump. Como se señaló con anterioridad, la agresión y la falta de respeto, la intromisión en asuntos internos propios de la soberanía de cada país, ya les había tocado a varios países de la región. Y parece que, por el cambio de mando, ahora le tocaba a Chile.

El 11 de marzo se verificará el forado del daño. Sin duda Kast, ya tiene un traspié y otra emergencia de la contingencia. Además de los incendios. La inmigración dejo de nombrarse.

A nivel interno, aunque Kast viaje a Miami, pagado por empresarios chilenos, la diplomacia de la cancillería ya evidenció su primer quiebre. No se trata de “una” política exterior, se trata de poner sobre la mesa los intereses económicos y financieros de quienes van a gobernar Chile, -a través- del presidente Kast. En este sentido, cabe recordar, que los chilenos y chilenas tenemos derecho a saber quién pone los dineros, para que, con qué objetivo, y quienes son los que ganaran con esta inversión.

En este contexto, el viaje al exterior y el encuentro propiamente tal, tiene sus riesgos. Trump no está siendo bien evaluado en su país. Algunos republicanos estadounidenses en el parlamento ya le quitaron el piso. Y, el círculo internacional de alianzas de Trump viene en devaluación. Hasta la mismísima señora Meloni en Italia no coincidió, ni lo apoyó respecto de Groenlandia.

Desde América, Mark Carney primer ministro de Canada, pasando por México y Brasil, los países más grandes de la región con sus respectivos liderazgos actuales, no lo tienen en alta estimación diplomática, y han tenido sus encontrones y sus respectivas paradas de carro.

A Kast no le conviene enmarañarse en esta guerra geopolítica estratégica. Y, no le conviene porque: por una parte, los empresarios e industriales del Agro negocio chileno tienen clara su parada y cómo van en esa. Y, por otra parte, la empresa China Movile Internacional (CMI) también opera con una filial, CMI Reino Unido Limitada. Es decir, tenemos al Reino Unido en el negocio y proyecto del cableado. Contando además con que: la empresa estatal China se estableció en Hong Kong para gestionar sus operaciones internacionales. Es decir, además de China, están 2 países grandes en el proyecto.

En la majadería se repite el lema: otra vez son los negocios, el comercio, las finanzas y no la ideología, ni la política. La pregunta del millón es: ¿Qué hará entonces el presidente con este lema o dilema? 

Los Desafíos de Chile este 11 de Septiembre

Este tiempo va a ser un periodo extraordinario de producción de escenarios diplomáticos, de configuración de encuentros e intercambios. Muy movido para cada uno de los asistentes en términos de definición de agenda.

Sin embargo, en un contexto donde hay relaciones internacionales entre países que se encuentran tensionadas, también se escenificarán esas problematicidades en estos encuentros.

Para empezar, la instalación de Marco Rubio como el representante de Trump en el cambio de mando va a jugar un rol. Y desde Chile, el rol que cumpla el senador de derecha Iván Moreira (UDI) como integrante de la comisión de relaciones exteriores será importante. Los otros senadores se van el mismo 11 de septiembre, y se los echara de menos, sobre todo a José Miguel Insulza que se maneja en estas materias, y tiene una abundante experiencia en el manejo de las relaciones exteriores.

Es relevante e importante considerar para la ocasión al representante del Senado, por la presencia institucional de un poder del estado, que democráticamente acompañará los 4 años de gobierno del presidente que asume, porque representa a la derecha política, y, porque lo que estará en juego en dichas conversaciones es el presente y futuro de la ONU. Con ello, la posición que Chile adopte no es neutra, sea en su defensa, sea en la negación de su valor. También estará en juego la candidatura de Bachelet y la propuesta de reforma de la ONU.

En este contexto, también podría llegar a tener un rol relevante el otro senador de derecha integrante de esta comisión: Rojo Edwards. Aunque con menos experiencia y más díscolo, si se atuviera a la prudencia, la ecuanimidad que la situación requiere y amerita, capaz que bien pudiera ser de utilidad. Ante la duda, mejor abstenerse porque el horno no está para bollos.

Al finalizar y como dato de la causa se consigna que: el ministro de trasportes y telecomunicaciones, su familia, subsecretarios y sus respectivas familias, al parecer tenían tránsito y circulación garantizada hacia Estados Unidos ya que tienen visa. La mayoría en Chile no tiene visa, y si la tiene, no sabe que la tiene.


lunes, 9 de febrero de 2026

Sobre la Izquierda Política: a propósito de la Opinión Pública en Medios Electrónicos Chile

 

En Chile, desde la derrota en la última elección presidencial a finales del 2025 que, no solamente se ha realizado un llamado a reflexionar sobre las causas de la misma, sino y, sobre todo, ha motivado a las fuerzas políticas articuladas en torno a la candidatura perdedora, a una reflexión sobre la izquierda, lo que esta pueda ser, si se trata de varias izquierdas políticas y, por cierto, como la misma se articulará en el futuro en un rol de oposición.

El horizonte en el que se inserta esa búsqueda es más amplio, se inserta en a nivel mundial en el cuestionamiento e identificación de los elementos culturales woke presentes en la izquierda, (Neiman, 2024) la emergencia electoral de una ultra derecha populista vencedora cuyos íconos siguen siendo Milei y Trump, y por cierto en Chile, Kast, en el impasse del multilateralismo y la globalización como formas de ordenamiento mundial que están enfrentando resistencia. De lo que se trata es de reformular una plataforma de izquierda que busque insertarse en un plano global, lo cual implica considerar por lo menos lo que ocurre en países latinoamericanos, y en algunos países europeos en los cuales las izquierdas históricamente han tenido presencia política.

Considerando estos contextos culturales de producción de ideas, recientemente han aparecido en la opinión pública local nacional, metropolitana, y capitalina de los medios de comunicación digital, un cierto encuadre epistemológico acerca del debate sobre la izquierda que sorprende por varias razones. (En referencia a  https://brunner.cl/2026/01/la-izquierda-de-las-belles-lettres/)

La primera razón tiene que ver con la ausencia, en la reflexión circulante, de los o las “intelectuales orgánicos”, (Gramsci) sea en su consideración: centro versus periferia, sea en su consideración e integración del pensamiento y la reflexión regionalista de la provincia. Las citas que constituyen el campo de legitimación del encuadre epistemológico que se busca delimitar, se circunscribe a intelectuales que se autoproclaman de izquierda pero que no se adscriben en el presente, a ningún partido político, y si se circunscriben a la academia.

La segunda razón tiene que ver con la ausencia de mujeres intelectuales divulgadas y legitimadas en las citas, y que para esta conversación lo sea como: intelectuales orgánicas, o simplemente como intelectuales de izquierda. Las mismas citas se refieren y validan solamente a hombres intelectuales para la conversación de la academia santiaguina.

Y la tercera razón, se desprende de las dos consideraciones anteriores y tiene que ver con que: al momento histórico de ascensión de un nuevo grupo social en el poder político de gobierno, se constata la presencia de un déficit de intelectuales orgánicos del grupo social saliente en la “misma” configuración de la opinión pública chilena metropolitana santiaguina en general. En efecto, esta opinión pública no considera, no valida, no legitima, en su propia demarcación, el pensamiento de los intelectuales orgánicos, ni la producción de ideas de las mujeres de izquierda como “intelectuales”.

En efecto, es probable que la función del “intelectual orgánico” tal cual como fue expuesta y elaborada por Gramsci en “La Formación de los Intelectuales”, (1967) venga siendo modificada en una sociedad de redes, con poderosos e influyentes dueños de empresas de medios de comunicación, del avance y estado de la inteligencia artificial, así como la digitalización y la manipulación de los algoritmos.

Es probable también que esto tenga un impacto profundo en la configuración de la Opinión Pública local nacional, y su legitimación e institucionalización en democracia. Por todo ello, es necesario, sobre todo en un momento en que se conversa y debate sobre las izquierdas o la izquierda política, no solamente definir un encuadre epistemológico de los autores legitimados al interior de las academias, de las ciencias sociales como intelectuales. Sino avanzar en buscar escuchar a los grupos sociales que se constituyen al interior de los partidos políticos organizados. Es decir, también considerar a los y las incumbentes.

Es necesario, establecer un horizonte básico de reconocimiento de “quienes” pueden hacerlo con una representación pública, que indique no solamente el estado de los pergaminos curriculares, o la trazabilidad biográfica, sino desde el lugar de la militancia activa, y desde una posición dentro de un partido político, desde las regiones, desde la provincia.

A modo de argumento, ya en el siglo pasado Gramsci, parado en la modernidad de la formación del estado, y la democracia burguesa, reflexionaba lo siguiente:


Además de elaborar un proceso de diferenciación entre los intelectuales orgánicos y los intelectuales tradicionales que son muy bien caracterizados; Gramsci establece una relación entre el partido político y el intelectual, señalando que la misma debe ser considerada en el origen, en la forma, y en el desarrollo del Partido Político. En este caso, estaríamos hablando de los partidos de izquierda. Sin embargo, Gramsci nombra esa relación desde un nivel de dependencia para el partido, y problemática para el intelectual. Podría traducirse en la actualidad como un vínculo necesario, urgente para un partido político, que requiere de una responsabilidad, y un compromiso para el intelectual orgánico.

En lo más concreto y definitivo, aunque existen procesos de diferenciación de las actividades de los militantes y del trabajo intelectual, se identifica una definición del intelectual orgánico como vinculado a un partido político y/o grupos sociales. Y de hecho en nuestros días, en su mayoría los mismos partidos tienen fundaciones, centros de estudios, que les permiten tener acceso a la opinión pública, generando vocerías, capacitando y formando cuadros políticos y liderazgos. Sin embargo, también, los partidos políticos tienen instancias orgánicas de debate, de conversación, que por cierto deberían avanzar hacia una protocolización y clasificación de ideas.

A estas alturas y al cerrar esta primera parte que propone ampliar el encuadre epistemológico de la discusión hacia los aportes de los partidos políticos de izquierda y sus militantes, es necesario aclarar que se cita a Gramsci precisamente porque ningún intelectual se atrevería a cuestionar la procedencia, ni la inserción de su producción de pensamiento al interior de la izquierda, dada su la militancia en el Partido Comunista Italiano.

De paso, la cita y el que sea referente del punto de partida, viene a reforzar dos aspectos que han sido puestos en tela de juicio en el último tiempo en Chile, el que un sector de la izquierda sea anticomunista, y el que la izquierda comunista sea mayoritariamente lo que define a la izquierda chilena. Lo cual, indica como botón de muestra de que en Chile nunca ha existido “una” izquierda. Es decir, lo que existe como expresión en “una” izquierda, ha sido una búsqueda con la unidad de acción en la defensa de ciertos aspectos que se han priorizado como los relevantes desde la recuperación de la democracia hasta su consolidación como forma de gobierno.

Respecto a la Identidad de Izquierda

Mauro Basaure en un desahogo nostálgico titula su columna de opinión en un periódico electrónico como: “el fin de la izquierda”. De este modo, busca clasificar lo que al parecer es no solamente un estado de ánimo epocal, sino una invocación inexistente, la “unicidad de la izquierda”.

(https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2025/12/23/el-fin-de-una-izquierda/). 

Yendo más lejos en el desahogo nostálgico, Basaure citando a Gramsci, indica que: hasta la derecha ha aprendido a usar a Gramsci en la batalla cultural con la izquierda por “la disputa de la cultura, el sentido común y los afectos”. Concluye entonces que al parecer habría principalmente dos izquierdas: “Una materialista, orientada a la redistribución, al trabajo, a la seguridad y a la soberanía”. Al parecer marxista propiamente tal, más orgánica e inserta en los partidos políticos de izquierda tradicional. Y otra forma de izquierda, centrada en la diferencia, el reconocimiento de los derechos humanos y las luchas culturales, que encuentra su propia forma de representación y competencia política vinculada a los movimientos sociales y al mundo woke. Atribuible al Frente Amplio.

Respecto a lo primero, se hace conveniente aclarar es que no existe “una” sola izquierda, y que, en las izquierdas conviven ambas culturas políticas. Durante la historia del siglo XX y producto de los avances de las generaciones de derechos humanos, la lucha y emancipación de las demandas de las mujeres en política, de acuerdo a los territorios y las definiciones geopolíticas, las izquierdas han ido validando diferentes componentes a sus demandas teniendo por cierto como base el marxismo. 

En este contexto, es conveniente aclarar que: la izquierda chilena en términos identitarios tiene un cierto anclaje latinoamericanista y sudamericano evidenciado en su cultura, sesentera y ochentera incluida desde el inicio del siglo XX. También está en el socialismo marxista en el sentido de la emancipación humana, y el estado de las fuerzas productivas en el capitalismo.

Desde inicios del siglo XX, la mayoría de los ensayistas e intelectuales orgánicos han incluido la cuestión indígena, la cuestión racial, como categorías que conforman la clase obrera y proletaria latinoamericana en términos de fuerza de trabajo explotada. Y la cuestión de la lucha de las mujeres y el feminismo, no se remite con exclusividad a los años de los movimientos contraculturales de los sesenta y ochenta para delante, existe desde que las mujeres lucharon por el derecho a voto desde 1930 en adelante, al acceso a la universidad y a la educación en toda la región durante la primera cincuentena del siglo pasado.

En la actualidad, se identifica en Chile, un desarrollo y el despliegue de una identidad de izquierda socialista que por cierto viene desde el siglo pasado. Para la gente ochentera, los baby boomers en general con memoria de formación universitaria, en dictadura, existe “la izquierda” con sus procesos de diferenciación movimientista y partidaria. También existe memoria de izquierda socialista en el mundo rural obrero campesino, aunque en regiones puede desdibujarse más debido a que el proletario propiamente tal, en términos de fuerza de trabajo ha sofisticado su quehacer producto del desarrollo de la ciencia y la tecnología, el manejo de los instrumentos y medios de producción.

Existe una izquierda socialista urbana porque existe una memoria acerca de las relaciones sociales y la construcción de vínculos. Es evidente además que esa generación fue productiva de una cierta intelectualidad orgánica, que aún hoy tiene una expresión cultural en la música, el arte, el teatro, el cine. Se extiende una izquierda fuertemente ligada a la recuperación de la democracia, la defensa de los derechos humanos de todas las generaciones, en la que se reconoce y se valida.

La izquierda chilena ha desarrollado una actitud, un habitus, una predisposición estable a integrar ciertos valores éticos y cierta experiencia moral en su vida cotidiana, de manera tal que, con el retorno a la democracia, es capaz de detectar la presencia de la corrupción y asumir la invalidación de acciones que no muestren un estándar mínimo de presencia de justicia social.

La izquierda chilena aún define un rumbo en materia de responsabilidad social y ante los hechos o actividades que presenten un forado, es capaz en su ciudadanía, incluso al tratarse de los propios, denunciar y establecer límites de valoración. 

Respecto a la Izquierda Marxista: socialista y democrática

Es interesante partir con la aplicación histórica que Karmy plantea a la discusión y a la inserción de Marx en Chile específicamente en «Por una izquierda transformadora»: Una breve respuesta a Brunner. (En https://lavozdelosquesobran.cl/opinion/una-breve-respuesta-a-brunner/29012026 .)

En términos teórico prácticos cuestiona y crítica el seguimiento y aplicación que se hizo en Chile de Anthony Giddens el intelectual inglés fundador de la tercera vía (2000). Esto remite por una parte, a la instalación y seguimiento de lo que fuera y queda de la social democracia desde 1.990 a la fecha considerando los dilemas que el intelectual plantea, pero actualizándolos a lo que va del cuarto del siglo XXI: la globalización, el individualismo, la izquierda y la derecha, la acción política y los problemas ecológicos. Todo ello en un contexto, donde la derecha ha perdido espacios electorales, y una ultraderecha se abre espacios de gobernabilidad impensables, y en los límites o más allá de lo que se entiende por democracia.

Sin embargo, sacando este seguimiento intelectual crítico necesario por cierto de recorrer, se puede ir al punto de fondo propuesto por Karmy: “se trata, más bien, de abrazar una izquierda transformadora, heredera de Marx”, y … no supeditarla a una izquierda administradora. 

Según Karmy, el socialismo democrático concertacionista y la nueva mayoría, siguiendo a la socialdemocracia, se supeditó a la administración del modelo político económico capitalista y neoliberal, por lo mismo, en la actualidad de la primera mitad del siglo XXI, post derrota, se debería tratar de reforzar: “una izquierda transformadora (que) puede ser reformista y revolucionaria a la vez porque tiene un solo objetivo: atravesar la institucionalidad oligárquica de Chile, dispositivo “portaliano” por el cual el capital global se cristalizó en nuestro país desde 1833”.

En la reiteración, más allá o más acá del cuestionamiento del lugar y la posición de la izquierda del socialismo democrático durante la concertación que es hacia donde se dirige la crítica, el elemento significativo que entra en tensión en la conversación sobre lo que define a la izquierda marxista, no es que esta sea transformadora, o emancipadora de las fuerzas productivas y de la humanidad. En su mayoría, la izquierda a secas, acepta que así sea y aplaude.

Por lo tanto, lo que está en disputa es el elemento que contiene la idea de la existencia de una izquierda de una “acción revolucionaria”. En un cierto sentido y significado temporal, la acción “revolucionaria” no contiene los límites o guardarraíles de defensa de la democracia, sobre todo, de cara a la experiencia ciudadana del estado “revolucionario” del contexto histórico post estallido social en Chile en el año 2019 y post pandemia. (Levitsky y Ziblatt, 2018)

Más allá del nombre que se le otorgue al estallido social ocurrido en octubre del 2019 en Chile, y si se le otorga o no el carácter de “clima revolucionario”, lo cierto es que, a 6 años de los hechos, y las dos derrotas de los procesos constituyentes acontecidos a posteriori, se puede afirmar que la evaluación de la ciudadanía asocia la acción revolucionaria a la emergencia de un clima de violencia, desorden público, inseguridad y destrozos callejeros con barrios enteros en situación calamitosa. En efecto, la ciudadanía ha consolidado la percepción que estas acciones “revolucionarias” debilitaron la democracia, y dificultó una vida vecinal de bienestar y seguridad.

Expuesto lo anterior, es evidente la importancia y relevancia que tiene el reconstituir una izquierda marxista de acción transformadora, sin embargo, la misma debiera partir por reconsiderar la trayectoria de esa acción para y en: la democracia y el socialismo; ya que la forma como se expresa la democracia electoral en la actualidad dado el horizonte de las redes sociales, ya no contiene el mismo diseño, ni la misma estrategia, ni la consecuencia o coherencia de planificación humana.

Estamos hablando de una izquierda marxista de acción transformadora que valide la noción del trabajo obrero, campesino, en los tiempos de la Inteligencia Artificial IA, operativa, en los procesos democráticos electorales, con el uso de la tecnología en los medios, los instrumentos y la fuerza de trabajo que ya no es neutra. Es decir, tal cual lo propone Vourafakis, en Tecno Feudalismo (2024) se trata de una democracia y un socialismo que debiera considerar el capital y el proletariado de la nube, por una parte, y la construcción que está haciéndose de la democracia en las plataformas digitales diseñadas por el algoritmo por otra parte.

Una izquierda socialista democrática debiera fortalecer a los partidos políticos que son los guardianes de la democracia y buscar reglamentar el comportamiento político y mediático de sus dirigentes. Tal como sugiere Levitsky y Ziblatt, (2018) en Como Mueren las Democracias, los mínimos éticos ciudadanos a compartir debieran contemplar a lo menos: la legitimación del adversario político como un legítimo otro u otra en competencia, no fomentar la violencia vehiculando un lenguaje agresivo y abusivo a través de las redes sociales, y, no abusar ni buscar vulnerar las libertades civiles.  Y, por cierto, para todo ello, debieran estar disponibles un cuerpo legal, las leyes y el poder judicial.

La izquierda marxista debería hacer una reflexión sobre las máquinas en la vida humana y como esta relación ha cambiado la expresión del trabajo manual, también con el uso de los computadores y celulares, como se ha cambiado la acción transformadora y emancipatoria.

La izquierda marxista debería considerar el ámbito laboral en democracia desde el proceso de digitalización en curso, y que tipo de habilidades y destrezas se requerirán en el futuro cercano para la sobrevivencia y la subsistencia con los procesos diseñados por la Inteligencia Artificial. Aunque la relación de dominación capital/trabajo sigue siendo la clave de la definición de izquierda, es necesario actualizarla en su dinámica científica y tecnológica.



Volviendo a Karmy, en la comprensión específica de lo que es o sea “el dispositivo portaliano” en la actualidad y en la coyuntura política chilena, la nominación del elenco de ministros que acompañaran al gobierno de Kast pone evidencia que el empresariado tiene perfecta noción de lo que está en juego en los próximos cuatro años en términos de la consolidación, formación y configuración de la oligarquía. Resta saber cual será la articulación política que podrá construirse para encarar la acumulación, la propiedad privada y el extractivismo como formas actualizadas del capitalismo.

Respecto a una Izquierda Socialista Democrática que bregue por Justicia Distributiva

Cualquier izquierda latinoamericana y más específicamente sudamericana no puede dejar fuera la discusión sobre la justicia distributiva, la igualdad, la equidad, la cuestión de la accesibilidad a la propiedad privada en el rumbo que la sitúa la vida cotidiana. La izquierda no solamente demanda una mayor justicia social desde el Estado sino mayores condiciones de igualdad en la distribución y el acceso a los bienes. Y, hoy por hoy, producto de las conversiones del capitalismo hay que reflexionar y definir las formas en que aparecen y se manifiestan las desigualdades tal como lo sugiere Rodrigo Ramírez Pino: “La desigualdad económica ya no se produce solo por la distribución de la riqueza, sino por el acceso diferencial al conocimiento, a los datos, a las plataformas, a los sistemas de automatización y a las infraestructuras digitales. El capital del siglo XXI no es solo financiero o industrial, es algorítmico, es entrenamiento, informacional y cognitivo”. Ver en https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/01/27/las-tres-izquierdas-y-el-fin-de-la-politica-del-siglo-xx/

Se trataría según Ramírez de proponer: “una tercera izquierda, una tecnológica-humanista, que lucha por asegurar que la humanidad siga siendo sujeto de su propio futuro.

En efecto, estos aspectos son relevantes a considerar sobre todo en lo que un marxismo crítico, o una visión marxista del tecno feudalismo reporte en relación a las fuerzas productivas, los medios de producción, y por, sobre todo, la transformación de la fuerza de trabajo. Es cierto que la inteligencia artificial, los datos masivos, la automatización, la biotecnología, las plataformas digitales, la neurotecnología y los sistemas algorítmicos son el nuevo sistema nervioso de la sociedad, sin embargo, no tienen necesariamente que oponerse a las izquierdas materialistas y cultural.

Finalmente, y en relación al camino a seguir, a los modos, y los aspectos que deberían ser considerados para la reflexión en curso respecto específicamente de la militancia socialista es interesante lo que plantea Alfredo Joignant en “Ensamblando un Nuevo Socialismo”. Ver https://elpais.com/chile/2026-01-26/ensamblando-un-nuevosocialismo.html?ssm=TW_CC

Primero sugiere y enfatiza la necesidad de una “revisión” y no necesariamente una “renovación”. La revisión debería hacerse con sabor a vino tinto y empanada, allendista. Y, es cierto, que aporta con rasgos de una cultura política que podría estar en desuso en las nuevas generaciones de militantes. Sin embargo, dado el aumento de la población adulta mayor, y la baja natalidad en Chile, bien pudiera ser útil, acercarse a recomponer ese clima de convivencia histórico presente sobre todo en el Partido Socialista: “un socialismo con vino tinto y empanada” democrático. Más bien compartido que con caras separadoras por lotes y tendencias.

En este contexto, también propone una revisión reflexiva que se interrogue existencialmente por la “renuncia al universalismo”. En este sentido, siguiendo la descripción de las etapas sugeridas por Joignant para este derrotero, interesa destacar la tercera porque -de manera orgánica socialista- surgen dos ejes temáticos inevitables a tratar y dimensionar en cuanto a la necesidad de una recuperación del universalismo, y al modo como ambos ejes debieran consensuarse en cuanto puesta en escena y en cuanto a acción transformadora y emancipadora. Estamos hablando de: el medio-ambientalismo y el feminismo.

Consideraciones para un Debate al Interior del Partido Socialista

En relación con el medioambiente surge una tensión ineludible entre el crecimiento y el desarrollo sustentable. El cambio climático es una evidencia y una contingencia azarosa que no puede ser negada ya que cada día se instala por doquier cobrando vidas humanas y desastres territoriales. Sin embargo, al interior del socialismo marxista, esta contradicción no ha sido resuelta, y delante de cada proyecto de inversión que implica crecimiento, surge la discusión sobre la relación capital/trabajo, sobre el extractivismo y las zonas de sacrificio.

En este último tiempo, frente a casos específicos como el proyecto Dominga, ha surgido la argumentación pro crecimiento como defensa del empleo, y por lo tanto del derecho al trabajo. Y, las decisiones que se han impuesto se ha apelado aspectos de principios éticos normativos y a formas de contención por la sustentabilidad sin existir aún una mirada política universal.

Respecto del feminismo es necesario también establecer y enmarcar el debate en dos aspectos: por una parte, el recorrido de la categoría de Género, y por otra, delimitar una ética de la sororidad para la praxis feminista.

El feminismo socialista organizado en los partidos debería encauzar una discusión y un debate que lleve a delimitar, es decir a colocar limites, a las demandas y luchas en relación con el sujeto principal que fue el motor de su reivindicación.

En efecto, el feminismo comenzó su lucha social y política reconociendo y validándose socialmente, como una lucha por la emancipación de las mujeres. Se insertó en los partidos políticos de izquierda, y específicamente en el Partido Socialista desde la vuelta a la democracia para reivindicar la participación, el liderazgo, la formación, la capacitación y la necesidad de transformar la condición de las mujeres. El sujeto mujer era la reivindicación de género en cuanto inserta en una clase, etnia, raza.

El feminismo de los sectores profesionales en America Latina y Sudamérica, todas mujeres, lucharon desde los años ochenta por instalar la categoría de género como variable que pudiera hacer medición en todas las áreas del conocimiento, el saber, la construcción y el ejercicio del poder político, la gobernanza, de los avances de esta lucha. La cual por cierto tiene logros en leyes y en la discriminación positiva o la demanda de paridad.

Sin embargo, en lo que va del siglo XXI, se han instalado una serie de dimensiones dadas por la sigla LGBTQ+ que provienen de los procesos de subjetivación y diferenciación en curso, estilos de vida, movimientos sociales particularizados que fragmentaron y diversificaron la lucha inicial del sujeto mujer. Por lo mismo, es necesario para las mujeres de izquierda socialista de las diferentes generaciones hacer un seguimiento evaluativo crítico para determinar el rumbo.

En este mismo contexto, y dado el recorrido político organizacional, es necesario esbozar una ética de mínimos en relación con la sororidad para la sana convivencia. Esta debería incluir un replanteamiento sobre las violencias, y una trayectoria de alianzas políticas posibles y sus actores.

Desde el inicio del feminismo, se acuñó el término de sororidad como una experiencia moral de unión entre las mujeres. Sin embargo, a estas alturas, no solamente se tiene la experiencia moral como déficit o inexistencia, sino que, además, se transformó en una exigencia que la contraparte no cumple, entre otras cosas, porque el campo de legitimación y reconocimiento, de participación e inserción política se amplio más allá de las mujeres. Los Gays, los Queens, los trans, etc., no practican la sororidad a la hora de llegar acuerdos políticos con las mujeres por la inclusión. Y, el espacio de liderazgos de las mujeres, se hace estrecho lo que dificulta la relación y el trato entre mujeres.

Por lo mismo, estas cuestiones deberían ser definidas en pro de recuperar el universalismo humanista.

Bibliografía

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2.- Giddens, Anthony: 2000: A Terceira Vía Editorial Record Sao Paulo Brazil

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5.- Titelman Noam, 2023: La Nueva Izquierda Chilena Editorial Planeta Santiago Chile

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