domingo, 2 de noviembre de 2025

Entre la Errancia y la Contumacia en Política Contingente


 

La errancia en política tiene que ver con la búsqueda de un camino o salida alternativa a la oferta polarizada ideológicamente, en la campaña electoral presidencial. Es la dispersión, la fuga de opciones de voto hacia otra candidatura que sea percibida como fuera de las dos burbujas que generan el encapsulamiento principal o más relevante: derecha versus izquierda.

En el fondo, la errancia se genera debido a la ausencia real de una energía de gravedad que nucleé la fuerza centrípeta en su movimiento. No existe un contenedor que, ofrezca un nicho de resguardo, de confianza, de sobrevivencia, de resiliencia, de pertenencia identitaria, y por, sobre todo, de retroalimentación a la fragmentación.

Y, aunque la errancia genera desarraigo, es bueno aclarar que, no se produce de un día para otro. Es un proceso de huida que define una trayectoria, y va en la búsqueda de otra alternativa, cuando no se aceptan las alternativas sociales que se han dado, y por sobretodo, cuando existe la percepción que jugar el juego de optar por el mal menor es reiterado, al punto de leerse como abusivo.

Lleva tiempo porque al fin de cuenta la errancia es también un duelo no resuelto, mal hecho, con heridas abiertas por mal trato, de cara a una amenaza no percibida como tal. Y aquí entonces la errancia se pone a conversar con la contumacia política.

Detalles de la Errancia

Como generación de los baby babyboomers escuchamos un lenguaje agresivo y de mal trato ciudadano en el tono de las conversaciones, asociada principalmente a la generación transversal al presidente Boric.

La derecha política de las candidaturas apoya la agresión verbal de los jóvenes de sus comandos, apoya mayoritariamente los insultos, reforzando una respuesta no cívica en política.

Es la generación millennial o generación Y, de los kaiser de la vida: los Coloma, Ramírez, Schalper, Diego Paulsen, el vocero de Matthei, Cristian Valenzuela el asesor de la kastmanía, todos, buscando darle golpes a la versión oficial del FA: Jackson, Pérez, Crispi, Vallejo, Cariola, etc. Y, por cierto, de paso, darle duro al gobierno en su máxima expresión: Boric. Con una envidia desatada, desde un narcisismo rabioso también desatado.

Es cierto que toda esta generación se juega su sobrevivencia política ahora en las elecciones. Y hay varios que pueden perder sus lugares parlamentarios. Es cierto que los menos, buscan sostener su visibilidad en los equipos de campaña.

También es cierto que, en un momento de validación popular, todas las candidaturas, -a través del voto, quieren, desean, buscan conseguir representación y visibilidad pública. Pero otra cosa es ingresar al espacio de los "inter paribus públicos" con calificativos exagerados, y de minusvaloración social del otro/a como generación.

En efecto, se trata de: una élite política que entró a gobernar el país ya hace cuatro años. Con diferentes adscripciones políticas, es sobreviviente, resiliente y no cabe duda que tendrá lugar en la escena. Por lo mismo, no se entiende que creen y reproduzcan esta animadversión. No se entiende que anden a los insultos. Por eso, el lenguaje debiera ser una señal, un signo importante e interesante a evaluar, hacerle seguimiento, y a cuidarlo en las relaciones sociales.

Estas acusaciones, a modo de guerrilla verbal “intrageneracional”, a modo de ajuste de cuentas, terminarán en este primer periodo eleccionario, pero de seguir, dejarán secuelas.

En efecto, hacerse responsable de las decisiones y opciones políticas a posteriori, es un proceso reflexivo analítico que debiera afectar y/ o acompañar, a todas las generaciones, y a la política en general, a  aquellos y aquellas  que se constituyen en su campo.





Parásitos y Atorrantes

En Chile, del 2025 en adelante ya no se hablará de los cursis, siúticos, pipiolos, chascones, terceristas, rojos, rotos, etc. Ahora es otro el tono y la expresión de la socialité. Notifíquese: sociabilidad de la élite. Y se aplicará a todos los que tienen un empleo, y trabajan en un servicio público: parásitos y atorrantes.

A veces, al interior de las fuerzas de seguridad, se dice: tropa de atorrantes, tropa de parásitos, cuando se vive a costa de alguien. En este caso, al parecer del Estado.

En ese sentido, decir atorrante tiene un giro social, de clase y de jerarquía de mando. Obviamente, tiene un sentido de querer marcar quién tiene el poder en una relación, con un subordinado. Puede pasar a veces que: el egoísmo autoritario de quién no tiene poder y aspira a tenerlo, sea un lapsus de retroceso para denunciar lo que aún no evolucionó, a modo de recalque se quedó atascado en un resentimiento. Y al buscar expresión comunicativa, surge como agresión.

Atorrante en una conversación social puede interpretarse con un énfasis despectivo narcisista. Es cierto que en un sentido estricto y de diccionario, el calificativo está referido a lo ineficiente, inoperante en el aparato burocrático, improductivo tecnológico y como fuerza de trabajo, con cargo al Estado.

Sin embargo, al ser usado –intrageneracionalmente- como calificativo, tiene un dejo de prepotencia, de atribución de responsabilidad y enjuiciamiento, como si quién lo dice: estuviera libre de polvo y paja. Libre de la inexperiencia política y de la gobernanza no viable.

Emerge entonces la rabia, porque sin duda hay cierta pasada de cuenta a la generación de Boric, por la gobernabilidad a concluir, por el arribo a los diferentes cargos de gobierno, en una temporalidad de final de tiempo del partido, y cuando en La Moneda, solamente está quedando gente del PC y del PS. De la generación del presidente Boric, y del FA va quedando: hacienda y el ministerio de la mujer.

Por otra parte, se tiran los dardos, pensando solo en los servidores políticos de la Moneda, y no en el país. En las diferentes reparticiones públicas del Estado que día a día, ven a los servidores ejercer su trabajo, en el servicio público en sus variadas dimensiones: salud, urbanismo, cultura, educación, organización, seguridad, etc., este enjuiciamiento resulta mezquino, descriteriado y poco serio.

En ese contexto, además se observa a una oposición de derecha en campaña muy poco propositiva, más bien beligerante que ha buscado darle con todo al gobierno aislando la visión colectiva, y la necesidad de tener un tiempo para construir comunidad y bienestar.

De hecho, la narrativa de Kast con el gobierno de emergencia nacional, para un gobierno fracasado es eso, y, la inoculación de la idea que la patria democrática se está cayendo a pedazos, para justificar las medidas de seguridad que implica su propuesta de gobierno no solo dan miedo, sino que paralizan.

Kaiser, el otro botón de muestra pone en peligro las relaciones con Bolivia, endurece el negacionismo generalizado que abarca el multilateralismo y los derechos humanos.

En efecto, por ahora ninguno de los candidatos y candidatas pone la mirada en lo que debiera estar la conversación: en el ámbito del manejo y administración de las finanzas públicas en los próximos cuatros años, la migración, la corrupción en general, la calidad del servicio público entre otras.

Y con este vacío, y con un poco más de violencia verbal, al acercarnos al 16 de noviembre pasaremos a la primera vuelta.

De los presidenciables, Jara al parecer pasará a primera vuelta. Y, queda por ver quién de la derecha.

La Errancia de una herencia invisibilizada

El Estado en sus tres poderes clásicos ha transitado por momentos complejos electoral y políticamente en estos últimos 4 años de gobierno. Desde el desastre de las idas y venidas constitucionales, la muerte de Piñera pasando por el caso Hermosilla, Monsalve, las licencias médicas, las platas de las fundaciones en asociación con las gobernaciones y sus respectivas administraciones regionales, la muerte de Ojeda, los sicariatos, las redes de narcolandia, las platas del exdirector de la PDI, etc, etc. Todo esto también es una herencia política que por alguna razón no se ha visibilizado durante la campaña. El desmoronamiento de una élite.

En este tiempo, hay partidos políticos que han sostenido la estantería. La institucionalidad democrática está viva, se sostiene, pero es vulnerable en: el poder de la justicia, y en el poder ejecutivo, a nivel, de los funcionarios del servicio público y a nivel del sistema judicial. Y, bastante más pudiera hacer en el Servel, que, con una mejor legislación, debiera modernizarse para controlar las noticias falsas, las agresiones de las cuentas falsas, los bots y las granjas en las redes.

Sin embargo, durante este primer momento electoral, estos hechos, principalmente en lo que refiere a la reforma del poder judicial, la reforma de la legislación del servicio público y del Estado no han sido tocados. Y, si algo debiera unir a la chilenidad, es a buscar acuerdos legislativos para que estos hechos no se repitan.

Los gobiernos regionales merecen atención y mejora en la administración de los recursos públicos. Y, el sistema judicial, las fiscalías, tienen que aplicar, sancionar con justicia. Son instituciones nuevas que requieren de mejoras precisamente para salvaguardar sus competencias.

Entre tanto, los Slep también deberían hacer rendición de 

cuentas. En qué sentido están siendo, empresas prestadoras 

de servicios al ministerio de educación, y en qué sentido son 

un servicio del gobierno.


De la Contumacia Política en la Izquierda

La contumacia en política es arrastrar una negación, ahora manifestada en una ambivalencia de adhesión errante. Por una rigidez añeja de parte de la mayoría, en este caso, la izquierda y la centro izquierda, en su voluntarismo político priorizó la contingencia política electoral, y silenció o se negó a la reflexión, y al pensar sobre los errores cometidos en el pasado por las diferentes fuerzas políticas que la componian. De algún modo, la pérdida de Tohá, re edita la marginación de Lagos de otrora. Con todas las secuelas propias a la constitución de esa élite y la emergencia de la élite del FA.  

Como no se genera ni generó, el espacio para conversar sobre el error, sobre las fallas, las salidas de padre y madre, como no se verifican las responsabilidades sociales ni políticas sobre el daño causado, y tampoco se ofrecen las disculpas; entonces, estamos sin aprendizaje caminando la errancia, en la obstinación y rebeldía de un actor que no quiere acatar los procedimientos que otrora reconocía como propios. 

Por lo mismo, para la generación de los baby boomers este tiempo es muy áspero y de ensimismamiento. Elaboramos una insatisfacción por no dar con el tono de lo que la sociedad chilena requiere hoy, y por no haber elaborado nuestros errores en la toma de decisiones en los últimos años.  De hecho, se detecta, en las vocerías de la plaza que los dardos se dirigen a la reiteración de una puesta en escena para escoger la “opción por el mal menor”, de la cual están hartos y cansados. Sobretodo los y las cuerantones y cincuentones. 

Mientras, a la obligatoriedad del voto se le suma el enfrentamiento del antiguo dilema: civilización o barbarie que nuevamente en la polarización solidifica. 

En este escenario de exigencia de obligatoriedad, a la cual se le ha impuesto la no reflexión, sumada a la insistencia por colocar la opción del mal menor, resulta inevitable la fuga, hasta que "alguien" pueda liderar el regreso a casa. 

Aquí la errancia con la contumacia caminan juntas. Y, la 

responsabilidad social, el compromiso, esta vez 

están  fragilizados.   En la vulnerabilidad de una identidad

fragmentada,  descuidada, maltratada.