No es la Política Contingente, son los negocios: La instalación de Ministerios del Kast Electo
Lo que al parecer va quedando meridianamente claro es que no es la política, sino la economía la que comanda la puesta en escena. No es la independencia ni la neutralidad política, sino la instrumentalización del campo político desde los intereses económicos y financieros quienes comandarán el país.
No se trata de una visión estratégica, geopolítica, ni de emergencia tal cual nos fuera explicado en la campaña electoral, sino que se trata de: la instalación de un conglomerado de familias económicas que históricamente han manejado Chile. Estas son las que dirigirán el país conforme sus diseños de crecimiento económico, manejo financiero e inversiones, donde no cabe el desarrollo humano conforme lo define el destacado economista Amartya Zen.
Comenzamos con la nominación en política exterior, donde al parecer estamos al garete ya que se desconoce el diseño respecto de la conducción diplomática. En momentos en que el mundo transita hacia un nuevo ordenamiento mundial en el que el multilateralismo está puesto en jaque y se readecúan las orientaciones de diferentes organizaciones internacionales como el Mercosur, cuyos países integrantes están ad portas de firmar acuerdo con la Unión Europea. Y, se comienza a constituir una suerte de articulación política de países de resistencia a Trump, en Europa por Groenlandia, y desde Canada, Mexico, Brasil por una suerte de defensa política de la soberanía territorial, el gobierno emergente en Chile parece abandonar y hacer un barrido de ciertos principios de política exterior básicos que han regido los últimos años desde el retorno a la democracia.
Chile históricamente tuvo un comportamiento sostenido en defensa de la no intervención en los problemas relativos a la soberanía de cada país, hizo causa común interna de unidad nacional respecto a la defensa del Estado Nación de cara a los problemas limítrofes que enfrentamos con Argentina en el Sur, con Perú y sobre todo con Bolivia. Y, además, como país, también tuvimos una postura unitaria haciendo una causa común con sus conciudadanos y conciudadanas en relación a promover las postulaciones de nacionales a puestos de la gobernanza internacional.
Sin embargo, en los últimos meses hemos asistido a una suerte de “silencio ambiguo y ambivalente” de parte del presidente electo. Y, claramente estos silencios ambiguos y ambivalentes han generado una devaluación que debilita no solamente la unidad nacional, sino, la inexistencia de criterios que guíen la acción política en materia internacional.
Nuestro socios cercanos y lejanos, comerciales, y vecinos no saben para donde va a cortar Chile. No hay una dirección, no hay brújula.
En el caso de la nominación de Francisco Pérez como ministro de relaciones exteriores se trata de la entrada y acceso del mundo empresarial y financiero asociado a la familia Luksic, que busca ahora tener un posicionamiento y un control no solamente en la gestión de las embajadas sino de la burocracia, la legalidad de esta experticia y campo.
El sentido común permite suponer que las relaciones internacionales entre países serán tratadas como una cuestión de negocios, de inversiones lo cual ya de inicio para el mundo diplomático genera ruido. Sobre todo, porque las cancillerías tienen años de trabajo e historial protocolar. Y a simple vista, es un gran descuido entregarle las relaciones exteriores a una persona que no tiene ni la experiencia, ni el sentido del manejo y la gestión de este tipo específico de relaciones. Se trata del primer pago por los aportes a su campaña.
De Jorge Quiroz, en hacienda, está claro que es, fue y será el factótum de Kast. Como agente del mundo económico se entiende también que defiende los intereses de las grandes empresas sin neutralidad y negociación posible ni viable. Estuvo, está y estará por sobre la ética y la moral de las buenas costumbres, la responsabilidad social y el accountability, es decir, la rendición de cuentas.
Entramos de lleno en el mundo de los ingenieros comerciales donde los negocios son los negocios. Se podría pensar que este ministro por ser formado en la Universidad de Chile pudiera darle un cierto reconocimiento académico inicial, pero no necesariamente credenciales de manos limpias en materia de negocios, monopolios, y sobre todo colusiones cuando se evalúe la gobernanza y la gobernabilidad.
Daniel Mas en minería es el hombre que mandó la CPC, la confederación de la producción y el comercio para conocer, aprender del negocio del mundo de las “tierras raras”. De este modo, podrá posibilitar futuras inversiones, futuros negocios, planificación de como abultar las arcas a estas distinguidas familias.
El mundo empresarial y de los negocios se hace cargo del Chile que importa. Es la economía, no es la política.
Claudio Alvarado, otro ingeniero comercial será el ministro del Interior. Es uno de los pocos militantes de Partido (UDI) que tiene experiencia de gobierno y conoce de la política.
En el caso de Fernando Barros abogado y Ministro de Defensa es una evidente reivindicación del mundo pinochetista, y del abolengo rancio de la bala, con Jaime Guzmán incluido. Le tocará abordar una materia sensible a la opinión pública: Israel y la reposición de los contratos sobre armamentos. En un momento, en que este país enfrenta un cuestionamiento generalizado en el mundo por lo ocurrido en Gaza.
En esta misma línea le sigue Fernando Rabat, abogado, ministro de Justicia y Derechos Humanos. Ambos gustitos personales con cierto remember dictatorial, o cierto revival del presidente electo, le pueden costar caro precisamente porque reviven materias sensibles a la ciudadanía.
La defensa y el respeto a los derechos humanos como cultura política no solamente tienen un anclaje en lo que sean las izquierdas, sino, en los últimos treinta y cinco años articulan la vida democrática del país, formando parte de un acerbo patrimonial que cruza también a una parte de las derechas, de manera transversal: generacionalmente. Va desde los liberales de Evopoli, hasta la Udi. Para muchos militantes de derecha de las nuevas generaciones que están en el parlamento con representación popular, la figura de Pinochet, no está incluida en la fotografía.
Por lo mismo, para la cultura de la memoria y de los DDHH, ambos nombres son y serán una piedra en el zapato.
José García Ruminot es la mejor opción y colocación hasta ahora en la enumeración como Ministro Secretario de la Presidencia. Como ex senador, ex militante histórico de la derecha va a aportar con toda su experiencia en un área sensible para el gobierno: las relaciones con el parlamento.
Mara Sedini en la vocería de la secretaría general de gobierno viene a demostrarnos que a Kast le importan las comunicaciones, las redes sociales, los medios, y sobretodo: la imagen, la imagocracia. Si le va a resultar la tonalidad del tratamiento a los medios de esta ministra, es otro cuento. El ajuste de este encuentro, está por verse. Puede ser un fiasco. Ya que no hay narrativa.
Y, por cierto, los incendios son ahora la emergencia. Si Kast quería una emergencia, ahí la tiene.
De los y las demás designaciones: sin comentarios.
Muchos comentarios hay sobre las nominaciones de Campos Quiroga en Agricultura, de Rincón, de la nominación en el Ministerio de la Mujer, de lo que ocurrirá con el Ministro del Trabajo, y de Desarrollo Social, lo cierto es que no estamos hablando de un “equipo” de gobierno con experiencia.
Lo que se ve son marionetas de un tinglado que no termina de ofrecer una conducción, un hilo conductor. No hay una narrativa, no hay relato. Más bien es el inicio de una instalación que parte dando palos de ciego en materia social, de desarrollo y de políticas públicas.
