miércoles, 18 de septiembre de 2024

El Caso Hermosilla: ¿Estallido Social 2024?

 

El Tráfico de Influencias

En lo que va del “estallido” Hermosilla por las redes y los medios de comunicación, es interesante circunscribir el posicionamiento de los actores en el escenario de los afectados. Se trata de funcionarios de gobierno, pasando por funcionarios del poder judicial, hasta funcionarios relacionados con el campo político.

Es raro el clima de septiembre por la memoria del 11 de septiembre, en el que se conmemoran además las fiestas patrias, y el estallido social del 19 de octubre.

En general, en este último tiempo se ha tendido a desprestigiar la sensación de malestar social y colectiva de esta movilización social que tuvo expresión en la plaza dignidad y a nivel nacional, en todas las plazas y calles de Chile. Por eso, además, es raro el clima de este tiempo.

En este contexto, ha resultado interesante escuchar no solamente las primeras declaraciones del presidente Boric, en relación con la detención del principal investigado, sino, los ministros de estado, específicamente, Interior, Justicia y Derechos Humanos, secretaria general de la Presidencia, gobierno. etc. También, representantes del poder judicial como los fiscales y por cierto todos aquellos actores que, como profesionales, expertos, sea actores relevantes propios a la élite, o a los colegios profesionales envueltos en el asunto: léase colegio de abogados, por ejemplo, y las mismísimas universidades.

En efecto, estamos ante un problema del sistema político que se inicia en uno de los tres poderes del Estado, el judicial, pero traspasa a todos los otros poderes: político y legislativo, incluso el comunicacional y de las instituciones y las empresas que prestan servicios al estado.

Aunque tradicionalmente no se considera a los medios de comunicación y su acceso a los mismos como envolvente. Sin embargo, es cierto no está constituido como el cuarto poder del Estado, es un poder que hace posible la legitimación de la información y las comunicaciones. Son un poder. Y, a la fecha no ha sido visitada por la jurisprudencia. Entonces, al parecer, ha llegado el tiempo en que se haga una conversación.

La Transparencia

Interrogantes vienen y van. A estas alturas se reconoce que hay intereses económicos poderosos en este país ejerciendo influencias indebidas en el espacio político. O, sea ya van varios casos desde SQM en adelante, incluido el gran negocio de las fundaciones.  Y, si es así, en la pragmática, en la realidad, vinieron para quedarse.

Entonces interesa despejar: ¿en qué condiciones se regularán las conversaciones de lo que se entiende por privado? Lo privado cuando se trata de la familia de linaje compartido es aceptable. Pero, al tratarse de red de amistades de negocios y sus conversaciones, hay que hacer una demarcación porque el delito de tráfico de influencias también tiene límites e indicaciones. Y, en esa estamos, para verificar el daño, y la corrupción.

La Élite

La conversación sobre lo que sea la élite, nunca había estado tan en boga a partir del estallido Hermosilla. Y eso es porque el pelaje de la élite cambió. Se democratizaron los accesos al poder, y claro que cien años no es nada, ante la impermanencia. Entonces, hay quienes buscan en la élite y ciertos protagonistas de ella, los cabezas de turco de este episodio, aunque para ello es necesario que dezgranar el choclo.

El futbol, el deporte, los personajes de televisión y de los reality shows, entraron a la opinión pública y al parlamento hace ya unos veinte años.

Hay algunos que indican que se perdió la formación, los partidos políticos perdieron la visión cultural y de formación que le es propia. Esto para informar a la ciudadanía que la verdad aún tiene vestuario. Sin embargo, antes habían características de la élite que ya no corren en estos tiempos, y que son de responsabilidad de otras instituciones. El campo que conforma la opinión pública y de aquellos y aquellas que acceden a la misma para influir en la política propiamente tal, no es la misma que advino al inicio de la transición en los años noventa al finalizar el siglo pasado. Entonces cabe preguntarse: ¿cual es la élite que se descompone en este estallido que no está en las plazas, ni en las calles, pero está en los medios y en las redes?

En esos años, el acceso a las mejores universidades, el clivaje familiar, el acceso al sistema de herencia eran las monedas de cambio y de circulación e inclusión. Pero hoy, la élite ha ido desdibujando esos contornos, otros apellidos chilenos y chilenizados, conforman no solo la burguesía financiera, sino, la burguesía oligárquica y por lo tanto las redes. 

Hasta ese aire aristocratizante decadente que antes emergía en las conversaciones, hoy por hoy, se diluye por entre medio de clivajes culturales provenientes de aspectos religiosos como los evangélicos, por ejemplo, que tienen una representación en el congreso.

A inicios del siglo XXI, en un artículo que escribiera sobre la opinión pública en Chile, dimensionar ese cambio que ya se percibía sobre todo para los estudiantes de comunicaciones, muchos de los cuales en sus tesis ya se interrogaban sobre la entrada de los futbolistas al mundo de la política, no parecía sin embargo, interrogarse necesariamente, sobre su efecto en la constitución del campo de la política, ni siquiera en cuanto líderes de opinión pública.Las comunicaciones se preocupaban con el traspaso de la fama, el prestigio, conseguidos en un cierto espacio acotado de lo público, y la influencia, el impacto que aquello tenía no hacia la política sino más bien, hacia la ciudadanía.

No se entendía muy claramente el proceso que el propio quehacer político funcional diluía en el rasgo popular propiamente tal, hacia lo electoral. Y, esa dilución desaguó en los propios partidos políticos que aceptaron con un cierto júbilo, la levedad del proceso mediante el cual, las ideas, los posicionamientos estrictamente políticos, devenían en una suerte de liquidez. Los propios partidos cambiaron su fisonomía, sus gustos, sus preferencias, su estilo sea sobrio o estridente, su moda. Tenemos un parlamento diverso, una nueva generación en los sillones.

En algún momento de ese periodo fue fácil definir la whisky-izquierda, por ejemplo, fue fácil definir la distinción del corte de pelo, de la barba, del vestuario, de las formas de decoro que empoderaba a una cierta élite. Isabel Allende, la escritora en alguno de sus libros, indica que las clases medias eran sobrias, modestas, y educaban a sus hijos e hijas, en ese decoro, de la educación pública y la privada era sobria ante la ostentación. No eran amigas del derroche, del exceso. Las mujeres no solían pintarse la cara en exceso, no solían dejarse las uñas largas, y se valoraba “lo natural” como estilo de vida. No había mucho postizo. No se conocía la inteligencia artificial.

Y, la élite que asumió el poder en 1990, tenía esa impronta. Basta revisar las imágenes de época de la élite circulante a través de los medios de comunicación y se puede observar formas simbólicas que claramente hoy están en desuso. En efecto, hoy la élite cambió, la política cambio de apellidos, aunque algunos se mantienen, y entramos en la explosión de los cinco minutos de fama de Andy Warhol de una generación que toma el control de esa circunstancia ante los medios de comunicación. 

Pero desde esa cambio, se mantuvo y sostuvo una élite vinculada a lo que representa Chacwick y por cierto Hermosilla.

Al inicio del proceso de democratización, en los noventa, la élite que entró a lo público, de algún modo estuvo definida y circunscrita a lo ya conocido. Se abrió, pero quienes entraron fueron nuevos en el parlamento, y fueron pocos quienes quedan hasta hoy día. Posteriormente, se fueron integrando nuevos giros culturales con la nueva mayoría, incluso después de R. Lagos. De hecho, la democracia cristiana no volvió a comandar el país, el centro se diluyó y la élite que copaba ese espacio derivó en extinción.

Tal vez, Piñera, le entregó al país la emergencia de una élite ricachona, arribista, ya no siútica, sino más bien, criolla consumista, abigarrada y estridente. Es la otra cara de la elite "profunda" de las redes de amistad.

De hecho, son pocos y pocas los sobrevivientes y resilientes de esa época. Sin reggaetón.

Por lo mismo, ya en los últimos veinticinco años, al inicio del siglo XXI, entramos en una redefinición de la élite. Los criterios sobre educabilidad y formación universitaria no son los mismos. La privatización de la educación superior tiene otros enclaves de formación de la derecha y de lo que esa élite quiere proponer como tal al país. Ya no interesa si un integrante de la élite es formado en la Pontificia Universidad Católica, o en la Universidad de Chile, o en las Universidades del Consejo de Rectores. Tener un título profesional de la USS (Universidad San Sebastián o USTO o Los Andes o de una universidad cualquiera, otorgan a da un impulso suficiente para ser considerado y evaluado positivamente. Incluso, de atraer cierta característica de neutralidad ideológica rara, pero al parecer satisfactoria a la constitución del poder.

En la actualidad, las habilidades requeridas para entrar al espacio político se camuflan de otro modo y aunque hay intentos de consolidación de los rasgos que con anterioridad eran relevantes, la democratización insiste en derrumbar y tirar el mantel, más que guardar el polvo debajo de la alfombra a modo de reliquia patrimonial de la familia.

Lo mismo ocurre con los apellidos y con los clivajes que históricamente condujeron la política en los poderes del estado. Es cierto, que hay linajes que se mantienen, pero en su mayoría han cambiado y de hecho en los últimos años los gobiernos no solamente han ampliado esa inclusión, sino que además la nueva generación que asumió el comando, arribó con linajes regionalistas, no necesariamente capitalinos.

De cualquier manera, no se puede despachar una élite sin considerar el clivaje en su proveniencia y procedencia. Y, no se puede entender el clivaje de una élite sin las diferenciaciones culturales, o las que apuntan a consideraciones territoriales, del tipo: capital y provincia, capital región, rural y urbana, centro y periferia. También del tipo de burguesías, y oligarquías.

Por eso, el caso de este estallido tiene un derrumbe patriótico extraño.