domingo, 19 de octubre de 2025

Un break parasitario: a propósito de Chile, las Elecciones y la Cultura Política


Queriendome explicar el fenómeno Jara, en las elecciones presidenciales de Chile, tuve un revival de los tiempos de Gorbachov, de la Glasnost y de la Perestroika. Y, el primer problema que me genero revisitar esta imagen de momento histórico, vino del contraste entre historia reciente y el presente. 

Recordé a Gorvachov por estos dias, en una conversación con gente profesional cuarentona en un "break parasitario". Por entre medio de una conversación de trabajo, en un espacio laboral. En ese ahí, surgió su nombre en mi mente, y el sobresalto se apropio del presente porque me dí cuenta que, los interlocutores, a pesar de tener la misma edad de la candidata, no conocian, no tenian referencias, ni información del sujeto principal de la comparación. 

Yo, lo estaba mencionando a propósito precisamente de lo que busca representar este nuevo liderazgo comunista de Jeannette Jara. Estaba buscando justificar el comportamiento político de Jara a partir de Gorvachov. 

Pero, al hacerlo, encaraba un desafío mayor planteado por los integrantes de su propia generación ya que, para mi sorpresa: por una parte, no reconocian ni identificaban la historia del contexto de vinculación con la organización partidaria PC en los tiempos de los ochenta de Jeannette. Y, por otra, sin tener este background, no podrían entender el fenómeno de descentramiento, o giro del mismo Partido Comunista, que está haciendo la candidata en la actualidad, como un proceso que empezó ya hace un tiempo en la organización y estructura. (la perestroika)

Es crítico constatar que en estas elecciones, las generaciones más jóvenes pueden y de hecho no tienen la idea de esa gobernanza histórica pos guerra fría, y su impacto mundial, a pesar de que son parte de ella. Conocen la Rusia de Putin y en guerra con Ucrania, pero no la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas lideradas por Gorvachov en tiempos de la guerra fría. En fín, el hombre que tenía ese gran lunar en la cabeza se me venía a la memoria, en un contexto diferente. Y en un periodo de campaña, donde detenerse en contenidos de fondo es un exabrupto mal agestado. 

Por estos dias, se lee poco, se buscan intercambios linguisticos fáciles, y por entre medio de las redes sociales, las palabras cuestan. Y, es cierto, el contexto diferente, es el actual: un proceso de elecciones presidenciales en Chile 2025. En ese horizonte, se trata de querer  comprender y explicar no solamente la candidatura de Jeannette Jara, sino, su militacia en el PC, en el proceso que podría llevarla a ser Presidenta de la República como otro mal menor. Otro mal menor en comparación con Boric y su generación. 

Gorvachov llegó con la Glasnost

Cuando Gorvachov la trajó al mundo occidental, fueron tiempos de apertura para nosotros que, acá en Chile, estabamos en plena dictadura, y con una represión desatada de violación a los derechos humanos. Aún la URSS como modelo nos parecía un país viable, aunque había reflexión sobre los socialismos reales. 

En Chile, en los espacios universitarios ochenteros, había un cuestionamiento al estalinismo, al militarismo, y la glasnost se veía como apertura a todo nivel. Es cierto, que a nivel interno, el PC no  recibía bien este cambio de prácticas mas liberales.  Pero, había que avanzar en la recuperación de la democracia y la unidad de las organizaciones partidarias en la clandestinidad trabajaban para eso.  

Y tal vez, la glasnot sea uno de los aspectos que busca encarnar Jara en su descentramiento del PC.

Gorbachov y la Perestroika

Tiene que ver con la re estructuración, con la reforma del sistema y modelo político. Tiene que ver con la transparencia y la confianza dada por la glasnost. Gorvachov trasmitía un liderazgo más abierto y generaba confianza en Occidente. Era un hombre amable que trasmitía una visión de cambio después del conocimiento del "gulag".

De hecho, este liderazgo posibilitó generar cambios internos, liberó a importantes científicos, hizo reformas políticas dentro del partido y en la URSS. 

Por esta cualidad recordé también a Jeannette Jara, en un Chile actual en el que aún se percibe a los comunistas como come guaguas, y a toda la izquierda, como violentistas anti democráticos.

Glasnost y Perestroika Chilena 

En la búsqueda de una narrativa: Jara, Cariola, Vallejo, son una generación de mujeres que han construido liderazgos y visibilidad pública marcando diferencias claras respecto del feminismo, los derechos de las mujeres, el patriarcado, al interior del Partido Comunista. De algún modo son glasnot y perestroika.

Estos liderazgos han marcado un compromiso visible con los principios de la democracia liberal. En Chile, ni siquiera Kast, ni Kaiser, ni Matthei pueden acusarlas de no respetar la cultura de los derechos humanos, de los derechos sociales, políticos. Son igualmente patriotas. Incluso puestas en la balanza de la edad, y de los compromisos, se han hecho bastante más responsables de lo ocurrido en la dictadura militar de Pinochet que los otros concurrentes de la derecha.

Es cierto, que hasta ahora igual, hay un sector de la chilenidad que: no le tienen confianza a los liderazgos emergentes, y sobre todo al autoritarismo del partido comunista en esa definición de partido único.

Después de Boric, y principalmente de su generación, con la que llegó al poder político a construir gobierno, hay un porcentaje no menor del electorado que se han vuelto desencantados. Pusieron esperanzas en esos liderazgos, y se vieron golpeados por la prepotencia, la falta de experiencia, y otras hiervas ya ventiladas y consumidas.

Y, aunque también es cierto que, en general, la generación de mujeres de los baby boomers está con ella, con Jara, hay un sector que la  sigue casi por inercia, no por convicción. Se trata de un sector de hombres y mujeres al cual todavía la candidata no les dice mucho. Mal que mal, por edad Jara es parte de la generación de gobierno de Boric. Y, ven a los mayores de 60 años como parte de una humanidad a quienes hay que cuidar, infantilizar, y no seres autónomos, sustentables y con experiencia para aportar y gobernar.

En efecto, además hay un porcentaje de electores, mayores de cuarenta, que no se sienten vinculados al proceso de construcción de la democracia, o a alguna de las candidaturas.  Consideran que van a elegir, otra vez, un mal menor, y eso les genera malestar, desencanto, tristeza, desazón con Chile. Basta recordar los dos últimos procesos por las constituyentes, y un ¡hasta cuando! ensombrece los rostros de puro cansancio. 

En efecto, Chile desde hace unos 20 años producto de la inmigración y la globalización, construye cada día una identidad diferenciada acelerada, una cultura que transita por muchos lugares de memoria que ya no nos son comunes. 

Hace 20 años atrás, a un señor de ultra derecha le habría dado un cierto pudor decir su identificación política en la calle, hoy lo hacen sueltos de cuerpos: un venezolano avecindado en un taxi, un adulto mayor blanco frente a la publicidad de los parlamentarios en campaña. Lejos de considerarlo un insulto a la democracia, autoclasificarse como de ultraderecha parece proclamar un orgullo que había permanecido en el closet.

Cansa Chile, agotan esas sedimentaciones culturales que se amalgaman en la ignorancia, en la falta de cultura cívica al ritmo del narco reggaetonero o el hip hopero de turno, en las burbujas polarizadas sin palabras, sin conversación, a punta de esloganes, rotulaciones, etiquetas.

Más allá de la conversación que se quedó entrampada por la falta de palos para cruzar el puente, a veces, los males menores son necesarios mientras se acumulan fuerzas después de tantas derrotas y tantas osadías. Jara ofrece esa templanza y ecuanimidad. Ofrece madurez.

Y por cierto, mientras, se pueden plasmar compromisos de reformas en una gobernanza trasversal que al menos ya tiene experiencia en el parlamento.

Para quienes vivimos la dictadura, sabemos que se puede caer más bajo aún. Pero, las nuevas generaciones que no la vivieron no están disponibles para que los ancianos les vengan a decir que hacer, que decidir y como gobernar. En su sobervia narcisista piensan que es su tiempo, y se sienten envalentonados lo suficiente para mirarse morenos y sonrientes, sobretodo los hombres, en el rostro de Kast, Kaiser y Matthei: la supremacía blanca.¡Dios nos ampare diría mi abuela!

Así que, no todo es malo ni estamos tan perdidos. Y aunque no muy convencida, la experiencia nos dice que: peor es mascar laucha. Se gane o se pierda, el mismísimo PC tendrá que hacer su camino de reflexión para precisamente, en la inflexión, procesar los contenidos que resisten a cierta cristiandad chilena. 

Aún queda agua que correr bajo el puente...

miércoles, 1 de octubre de 2025

Las 3 B en la Política

 


A modo de aclaración, las 3 b en política surge en Brasil en tiempos de Bolsonaro como una forma de explicar el clivaje cultural de su apoyo electoral, en el parlamento, y a nivel popular. Ya no es lo bueno, bonito y barato en el mercadeo, sino que, se refiere a: la biblia, el buey y la bala como sedimentos de mundos que configuran una cultura política que resiste, se acomoda a los cambios de época, y defiende estilos de vida.

Un clivaje cultural es una sensibilidad o configuración mental que los actores políticos y sociales, adscriben, defienden. No es un estanco o compartimento rígido incomunicado de otros clivajes presentes en una conversación o diálogo. Se entrelazan caracteres para defender su modo de vida.

Un clivaje cultural en el espacio de las relaciones sociales, de las comunicaciones y del espacio político es un relato, narración, opinión que busca explicar una visión de mundo a la que se adhiere.

En este caso específico de las 3 b, se trata de una formación no susceptible a la crítica, ni es reflexiva. No está disponible para ofrecerse a una argumentación desde una cierta racionalidad, y en este sentido, es simplemente una creencia fidelizada que se trasmite y que busca ampliar su radar de acción, de anclaje en la población.

La B de la Biblia

Al comienzo de estos tiempos, la Biblia en política ya no designa al catolicismo sea del alto o bajo clero. La biblia no representa la cristiandad tradicional amparada bajo lo apostólico y romano. Desde hace ya unos veinte años en adelante, específicamente se trata de la organización de las iglesias y de los pastores evangélicos con el objetivo de arrimarse y acceder al poder político.

En efecto, durante los últimos años han alcanzado una cuota considerable de parlamentarios en la cámara de diputados, y un nivel de influencia considerable que los llevó a la cúspide precisamente con Bolsonaro. En “Apocalipsis en los Trópicos” un documental de Netflix se explica de una manera bastante sorprendente su cultura, sus procedimientos, las formas de expresión que hacen de su fe, la forma de fidelización, y por sobre todo, su estilo peculiar de instrumentalizar las creencias y la propia religión en su base cristiana, para empoderarse y movilizarse en las redes y circuitos del campo del poder político.

Como estructuración en el poder político, el clivaje de la biblia, inicialmente busca organizarse a través de un partido político, busca ganar elecciones para ocupar el parlamento, y, ubicaciones en diferentes lugares del poder ejecutivo en el estado. Como base aliada de apoyo a cualquier gobierno: defienden valores conservadores respecto del lugar de la mujer en la vida social en general. Se posicionan en contra de la defensa de las políticas públicas que tienen como objetivo la promoción de los derechos sexuales y reproductivos.

Pueden ser considerados negacionistas en relación al uso del “género” como categoría de comprensión diferencial de la realidad de las mujeres y las diversas sexualidades. Sobre explotan la dimensión de la mujer en la familia, tanto en la reproducción de hijos, como en la reproducción del rol materno y la división socio sexual del trabajo. Y cuando llegan a los espacios políticos de representación popular, precisamente en ellos, sobre valoran esta condición de las mujeres: su equipamiento biológico anatómico.

En términos generales, la expresión de la diversidad sexual es considerada una patología o una enfermedad, no una opción. Por lo tanto, la heterosexualidad se constituye en la norma. En una ley. Este clivaje al amalgamarse con los otros 2 (la bala y el buey) resulta conmovedor en la consolidación del enclave conservador.

En términos de su inserción territorial rural urbana, la organización de las iglesias a través de la figura del pastor, se empodera en espacios donde se ha debilitado progresivamente el poder del Estado. Es decir, en lugares en los cuales, las diferentes organizaciones sociales pierden conexión con el Estado en cuanto gobernabilidad y gobernanza, pierden gestión y eficiencia, pierden protección y cuidado ciudadano. En estos contextos, surgen estas organizaciones de iglesia llenando un vaciamiento de lo propiamente colectivo de la sociedad, a partir de la explotación de un sentimiento de fe devocional. 

El pastor de iglesia se apropia por trasferencia o por un cierto traslape, de un cierto remanente de contenidos culturales constituídos otrora, en la relación social propia al sistema de inquilinaje: entre la familia del inquilino y el patrón de fundo en términos de lealtad, subordinación, y afectividad. Modificando el sentido y el significado de la figura del protector que por cierto, ya no es el Estado.

La B de la Bala

Lo primero que surge en el imaginario social en términos de procedencia de este referente y clivaje cultural actualizado es el fascismo agrícola y rural en la Italia. Tiene una abundante cinematografía que la describe como sangrienta, violenta y prepotente. Posteriormente se extiende hacia las fuerzas paramilitarizadas no solamente en el campo, sino en la ciudad al servicio de la defensa de intereses de la clase dominante de los terratenientes, y, por cierto, de la propiedad de las industrias y la defensa armada a través del crimen organizado del territorio.

En el campo, surgen como defensa de la propiedad agrícola, la defensa de la hacienda, al momento de la emergencia de la expropiación de tierras, y el cambio de la fuerza de trabajo agrícola. Sobre todo, con el proceso de modernización agro exportadora. Y aquí se unen con la tercera B, la del buey.

El clivaje de la bala tal como su nombre lo expresa tiene como fundamento la idea que el orden social y político, el control y el uso del poder requieren no solamente de las instituciones del Estado que lo garanticen, vale decir las fuerzas armadas, sino que, además, los propietarios tienen que valerse y generar sus propios medios útiles que les permitan, cuando la situación lo amerite, usar las armas en la protección y defensa de sus intereses, por cierto, de sus tierras y de lo que ellas producen.

La bala sirve para protegerse de los sublevados de la tierra.

El clivaje de la bala, asume el postulado que la propia seguridad y la protección de la propiedad privada y de los bienes amerita la posesión y el uso de armas. Históricamente han estado detrás de todas las intervenciones militares que posteriormente han derivado en dictaduras autoritarias sanguinarias.

Independientemente que actúen en las sombras, buscan influir en todas las decisiones de política económica que les conciernen en relación con las modernizaciones que experimenta el campo, la agricultura de exportación, así como el trabajo.  

En Brasil, tienen una fuerte expresión política llamada bancada parlamentaria "ruralista", que se corresponde con los grandes exportadores de productos agrícolas del país. De hecho, en la historia política se suele hablar de los gobiernos del “café con leche” que sirve para designar la alianza de producción agrícola del café y la ganadera, de la leche.

El componente de la bala es la acción disponible para defender tanto a la biblia como al buey. Es el golpe de fuerza y de sometimiento cuando no se alcanza el argumento, la reflexión, el voto, la opinión o el consenso. Y las propias creencias, la fe, no se sostienen.

El componente de la bala opera hoy día en las redes del narcotráfico, en las redes del sicariato. En sus excesos, y en sus vericuetos de crímenes como el de Julia Chuñil.

Por cierto, la bala está en todo el cuerpo militarizado, pero especialmente en el “bajo clero” asociado al cultivo de la biblia evangélica fidelizada.

Se entiende por alto clero militar, al cuerpo del generalato y relativo a quienes tienen carrera militar ya que acceden a puertos de gobierno, y a un cierto circuito de favores y prebendas, relativas al capital simbólico del alto mando en su maridaje con las familias y linajes del país.

Y, por cierto, se entiende por bajo clero, que compone y usa la bala, a quienes pertenecen a las fuerzas armadas, pero como sostenedores de la jerarquía de mando: el vulgar perraje. Son ellos los que deben estar disponibles para salir a defender con la bala, lo que se les solicita desde la jerarquía. Y, por lo mismo, en esta cualidad radica: lo popular de su condición y lo familiar de su centramiento. 

Es decir, durante el siglo XXI, la bala militarizada en su base de bajo clero se hizo evangélica, y fue fidelizada al calor de los rituales de la biblia y del pastor de iglesia. La bala militar no se democratizó en la transición ni con el retorno a la democracia. 

El bajo clero militar de la bala genera un maridaje con la b de la biblia, y en ese espacio, reproducen el modelo cultural tanto en el campo como en la ciudad. La bala del bajo clero militar, permanece culturalmente en el vínculo de vasallaje moral con el pastor, y la del alto clero, venida a menos, permanece fidelizada a los abolengos del pasado que les dio el antiguo régimen autoritario dictatorial. 

El clivaje de la bala también está normalizado en la vida citadina a través de la emergencia, institucionalización y consolidación de empresas privadas que otorgan, venden: seguridad y protección a los bancos, y a las empresas para la circulación del dinero.

La B del Buey

La B del buey es la b de la ganadería, ya que la carne es un producto de exportación en Brasil, y por lo mismo ocupa grandes sectores del campo. En efecto, su productividad, industrialización y exportación requieren de un poder político que las defienda.

En Chile, se corresponde con todo el amplio trabajo en la tierra y con la producción agrícola. Y en la política conservadora, busca tener visibilidad en la defensa de la vida campesina, aunque con su componente cultural expresivo diferencial del fundo, del inquilinaje.

En el centro del país, bajo este componente cultural de origen rural se mezclan todas las costumbres y tradiciones del campo. El rodeo, las corridas de caballo, el cultivo y la tradición huasa, la tradición ecuestre, las danzas y los bailes considerados nacionales, las comidas que preferentemente se preparan con carne como los asados, etc. Y, por cierto, a este componente también se encuentran asociados todos los derivados de la producción y el consumo de la cerveza y del vino: un producto tradicional y de exportación.

En los últimos años y productos del avance de la cultura de derechos humanos, este estilo de vida ha entrado en pugna con quienes defienden los derechos de los animales, sobre todo, teniendo en consideración el trato del vacuno en los rodeos costumbristas.

En el sur de Chile, el producto derivado de este componente es la leche y los diferentes tipos de quesos. Puede incluso extenderse a la manutención de la oveja, la cabra, la alpaca y lo que producen.

Sin embargo, con el paso de los años, el buey de allá, y la política industrializada de la tierra, definida desde lo agrícola por las grandes forestales, no son necesariamente operables en los bueyes, sino en el lobby en el parlamento, y por cierto, la bala en la defensa de la ocupación de terrenos para las grandes plantaciones.

Las 3 B en Chile

Desde el punto de vista de la presencia de clivajes en esta campaña electoral del 2025, y la búsqueda de los comunes denominadores que definen ciertas posiciones de los votantes de derecha, es evidente que el Partido Social Cristiano, el Partido Republicano y el Partido Nacional Libertario, se sitúan y posicionan desde las 3 b. Se articulan, se mezclan, se refuerzan.

Cualquiera de estos partidos políticos, han buscado tener presencia en el parlamento, definiéndose desde alguno de estos clivajes o usando los 3. El más evidenciado en la opinión pública es el clivaje bíblico, porque suele comprenderse como una política institucional religiosa, y, por lo tanto, se percibe, curiosamente, como un mal menor, controlable. Opera en contra de las mujeres liberales, las diversidades sexuales, y es postulado por las propias mujeres conservadoras que han alcanzado lugares políticos con visibilidad electoral. Y, como es una expresión religiosa, aunque sea negacionista de valores civilizatorios, sus vocerías son aceptadas como parte de la libertad de expresión.

Los clivajes de la bala y el buey en sus recauchajes políticos han sido invisibilizados, operan en las sombras o los pasillos de los tres poderes del Estado, y, el cuarto poder de los medios de comunicación. Ahora, además, en las redes sociales.

Estos clivajes ya no hacen alarde del poder que ostentan, sino más bien, recurren al poder de la influencia del dinero, en el caso del clivaje del buey. Y, el poder de la bala, recurre al silenciamiento, a la quema del cuerpo del delito, al poder del chantaje al amedrentamiento y la amenaza, a través de las redes sociales. Todos juntos calibran el poder de la ignorancia, el temor tan presente en la vida post pandemia para infundir y propagar un apocalipsis del Estado-Nación.

Los tres partidos de las 3 b tienen a Kast y Kaiser como candidatos presidenciales, cual más, cual menos, operan en el negacionismo de todos los acuerdos civilizatorios construidos en las últimas décadas: ciencia, cambio climático, derechos humanos. Por lo mismo, su narrativa se sostiene en torno a polaridades, y la construcción de superlativos catastróficos que solo reconocen el bien y el mal en la vida societal.

El clivaje de las 3 b se ha unido en esta campaña electoral para ocultar su adhesión a un cierto pinochetismo no elaborado en relación con los derechos humanos, la democracia liberal y la comprensión del Estado de Bienestar. En su fuero confesional interno se articulan en torno a la supremacía blanca, y a la obediencia propia del vasallaje moral que logra articular el carácter populista dicotómico de la burbuja ideológica en la que buscan encapsular al electorado.