A modo de aclaración, las 3 b en política surge en Brasil en tiempos de Bolsonaro como una forma de explicar el clivaje cultural de su apoyo electoral, en el parlamento, y a nivel popular. Ya no es lo bueno, bonito y barato en el mercadeo, sino que, se refiere a: la biblia, el buey y la bala como sedimentos de mundos que configuran una cultura política que resiste, se acomoda a los cambios de época, y defiende estilos de vida.
Un clivaje cultural es una
sensibilidad o configuración mental que los actores políticos y sociales, adscriben,
defienden. No es un estanco o compartimento rígido incomunicado de otros
clivajes presentes en una conversación o diálogo. Se entrelazan caracteres para defender su modo de vida.
Un clivaje cultural en el espacio
de las relaciones sociales, de las comunicaciones y del espacio político es un
relato, narración, opinión que busca explicar una visión de mundo a la que se
adhiere.
En este caso específico de las 3 b, se trata de una formación no susceptible
a la crítica, ni es reflexiva. No está disponible para ofrecerse a una
argumentación desde una cierta racionalidad, y en este sentido, es simplemente una
creencia fidelizada que se trasmite y que busca ampliar su radar de acción, de
anclaje en la población.
La B de la Biblia
Al comienzo de estos tiempos,
la Biblia en política ya no designa al catolicismo sea del alto o bajo
clero. La biblia no representa la cristiandad tradicional amparada bajo lo
apostólico y romano. Desde hace ya unos veinte años en adelante, específicamente
se trata de la organización de las iglesias y de los pastores evangélicos con el
objetivo de arrimarse y acceder al poder político.
En efecto, durante los
últimos años han alcanzado una cuota considerable de parlamentarios en la
cámara de diputados, y un nivel de influencia considerable que los llevó a la
cúspide precisamente con Bolsonaro. En “Apocalipsis en los Trópicos” un
documental de Netflix se explica de una manera bastante sorprendente su
cultura, sus procedimientos, las formas de expresión que hacen de su fe, la
forma de fidelización, y por sobre todo, su estilo peculiar de instrumentalizar
las creencias y la propia religión en su base cristiana, para empoderarse y
movilizarse en las redes y circuitos del campo del poder político.
Como estructuración en el
poder político, el clivaje de la biblia, inicialmente busca organizarse a
través de un partido político, busca ganar elecciones para ocupar el parlamento,
y, ubicaciones en diferentes lugares del poder ejecutivo en el estado. Como
base aliada de apoyo a cualquier gobierno: defienden valores conservadores
respecto del lugar de la mujer en la vida social en general. Se posicionan en
contra de la defensa de las políticas públicas que tienen como objetivo la
promoción de los derechos sexuales y reproductivos.
Pueden ser considerados
negacionistas en relación al uso del “género” como categoría de comprensión
diferencial de la realidad de las mujeres y las diversas sexualidades. Sobre
explotan la dimensión de la mujer en la familia, tanto en la reproducción de
hijos, como en la reproducción del rol materno y la división socio sexual del trabajo. Y cuando llegan a los espacios
políticos de representación popular, precisamente en ellos, sobre valoran esta
condición de las mujeres: su equipamiento biológico anatómico.
En términos generales, la expresión
de la diversidad sexual es considerada una patología o una enfermedad, no una
opción. Por lo tanto, la heterosexualidad se constituye en la norma. En una
ley. Este clivaje al amalgamarse con los otros 2 (la bala y el buey) resulta
conmovedor en la consolidación del enclave conservador.
En términos de su inserción
territorial rural urbana, la organización de las iglesias a través de la figura
del pastor, se empodera en espacios donde se ha debilitado progresivamente el
poder del Estado. Es decir, en lugares en los cuales, las diferentes
organizaciones sociales pierden conexión con el Estado en cuanto gobernabilidad
y gobernanza, pierden gestión y eficiencia, pierden protección y cuidado
ciudadano. En estos contextos, surgen estas organizaciones de iglesia llenando un vaciamiento de lo propiamente colectivo de la sociedad, a partir de la explotación de un sentimiento de fe devocional.
El pastor de iglesia se apropia por trasferencia o por un cierto traslape, de un cierto remanente de contenidos culturales constituídos otrora, en la relación social propia al sistema de inquilinaje: entre la familia del inquilino y el patrón de fundo en términos de lealtad, subordinación, y afectividad. Modificando el sentido y el significado de la figura del protector que por cierto, ya no es el Estado.
La B de la Bala
Lo primero que surge en el
imaginario social en términos de procedencia de este referente y clivaje
cultural actualizado es el fascismo agrícola y rural en la Italia. Tiene una
abundante cinematografía que la describe como sangrienta, violenta y prepotente.
Posteriormente se extiende hacia las fuerzas paramilitarizadas no solamente en
el campo, sino en la ciudad al servicio de la defensa de intereses de la clase
dominante de los terratenientes, y, por cierto, de la propiedad de las
industrias y la defensa armada a través del crimen organizado del territorio.
En el campo, surgen como
defensa de la propiedad agrícola, la defensa de la hacienda, al momento de la
emergencia de la expropiación de tierras, y el cambio de la fuerza de trabajo
agrícola. Sobre todo, con el proceso de modernización agro exportadora. Y aquí
se unen con la tercera B, la del buey.
El clivaje de la bala tal
como su nombre lo expresa tiene como fundamento la idea que el orden social y
político, el control y el uso del poder requieren no solamente de las
instituciones del Estado que lo garanticen, vale decir las fuerzas armadas,
sino que, además, los propietarios tienen que valerse y generar sus propios
medios útiles que les permitan, cuando la situación lo amerite, usar las armas
en la protección y defensa de sus intereses, por cierto, de sus tierras y de lo
que ellas producen.
La bala sirve para
protegerse de los sublevados de la tierra.
El clivaje de la bala, asume
el postulado que la propia seguridad y la protección de la propiedad privada y
de los bienes amerita la posesión y el uso de armas. Históricamente han estado
detrás de todas las intervenciones militares que posteriormente han derivado en
dictaduras autoritarias sanguinarias.
Independientemente que
actúen en las sombras, buscan influir en todas las decisiones de política
económica que les conciernen en relación con las modernizaciones que
experimenta el campo, la agricultura de exportación, así como el trabajo.
En Brasil, tienen una fuerte
expresión política llamada bancada parlamentaria "ruralista", que se corresponde
con los grandes exportadores de productos agrícolas del país. De hecho, en la
historia política se suele hablar de los gobiernos del “café con leche” que
sirve para designar la alianza de producción agrícola del café y la ganadera, de la leche.
El componente de la bala es
la acción disponible para defender tanto a la biblia como al buey. Es el golpe
de fuerza y de sometimiento cuando no se alcanza el argumento, la reflexión, el
voto, la opinión o el consenso. Y las propias creencias, la fe, no se
sostienen.
El componente de la bala
opera hoy día en las redes del narcotráfico, en las redes del sicariato. En sus
excesos, y en sus vericuetos de crímenes como el de Julia Chuñil.
Por cierto, la bala está en
todo el cuerpo militarizado, pero especialmente en el “bajo clero” asociado al
cultivo de la biblia evangélica fidelizada.
Se entiende por alto clero
militar, al cuerpo del generalato y relativo a quienes tienen carrera militar
ya que acceden a puertos de gobierno, y a un cierto circuito de favores y
prebendas, relativas al capital simbólico del alto mando en su maridaje con las
familias y linajes del país.
Y, por cierto, se entiende
por bajo clero, que compone y usa la bala, a quienes pertenecen a las
fuerzas armadas, pero como sostenedores de la jerarquía de mando: el vulgar perraje. Son ellos los
que deben estar disponibles para salir a defender con la bala, lo que se les
solicita desde la jerarquía. Y, por lo mismo, en esta cualidad radica: lo popular de su condición y lo familiar de su centramiento.
Es decir, durante el siglo XXI, la bala militarizada en su base de bajo clero se hizo evangélica, y fue fidelizada al calor de los rituales de la biblia y del pastor de iglesia. La bala militar no se democratizó en la transición ni con el retorno a la democracia.
El bajo clero militar de la bala genera un maridaje con la b de la biblia, y en ese espacio, reproducen el modelo cultural tanto en el campo como en la ciudad. La bala del bajo clero militar, permanece culturalmente en el vínculo de vasallaje moral con el pastor, y la del alto clero, venida a menos, permanece fidelizada a los abolengos del pasado que les dio el antiguo régimen autoritario dictatorial.
El clivaje de la bala
también está normalizado en la vida citadina a través de la emergencia,
institucionalización y consolidación de empresas privadas que otorgan, venden:
seguridad y protección a los bancos, y a las empresas para la circulación del
dinero.
La B del Buey
La B del buey es la b de la
ganadería, ya que la carne es un producto de exportación en Brasil, y por lo
mismo ocupa grandes sectores del campo. En efecto, su productividad,
industrialización y exportación requieren de un poder político que las
defienda.
En Chile, se corresponde con
todo el amplio trabajo en la tierra y con la producción agrícola. Y en la
política conservadora, busca tener visibilidad en la defensa de la vida
campesina, aunque con su componente cultural expresivo diferencial del fundo,
del inquilinaje.
En el centro del país, bajo
este componente cultural de origen rural se mezclan todas las costumbres y
tradiciones del campo. El rodeo, las corridas de caballo, el cultivo y la
tradición huasa, la tradición ecuestre, las danzas y los bailes considerados
nacionales, las comidas que preferentemente se preparan con carne como los
asados, etc. Y, por cierto, a este componente también se encuentran asociados
todos los derivados de la producción y el consumo de la cerveza y del vino: un producto
tradicional y de exportación.
En los últimos años y
productos del avance de la cultura de derechos humanos, este estilo de vida ha
entrado en pugna con quienes defienden los derechos de los animales, sobre todo,
teniendo en consideración el trato del vacuno en los rodeos costumbristas.
En el sur de Chile, el
producto derivado de este componente es la leche y los diferentes tipos de
quesos. Puede incluso extenderse a la manutención de la oveja, la cabra, la
alpaca y lo que producen.
Sin embargo, con el paso de
los años, el buey de allá, y la política
industrializada de la tierra, definida desde lo agrícola por las grandes forestales,
no son necesariamente operables en los bueyes, sino en el lobby en el parlamento, y por cierto, la bala en la defensa de la ocupación de terrenos para las grandes plantaciones.
Las 3 B en Chile
Desde el punto de vista de
la presencia de clivajes en esta campaña electoral del 2025, y la búsqueda de
los comunes denominadores que definen ciertas posiciones de los votantes de
derecha, es evidente que el Partido Social Cristiano, el Partido Republicano y
el Partido Nacional Libertario, se sitúan y posicionan desde las 3 b. Se articulan, se mezclan, se refuerzan.
Cualquiera de estos partidos
políticos, han buscado tener presencia en el parlamento, definiéndose desde
alguno de estos clivajes o usando los 3. El más evidenciado en la opinión
pública es el clivaje bíblico, porque suele comprenderse como una política
institucional religiosa, y, por lo tanto, se percibe, curiosamente, como un mal
menor, controlable. Opera en contra de las mujeres liberales, las diversidades
sexuales, y es postulado por las propias mujeres conservadoras que han
alcanzado lugares políticos con visibilidad electoral. Y, como es una expresión religiosa, aunque sea negacionista de valores civilizatorios, sus vocerías son aceptadas como parte de la libertad de expresión.
Los clivajes de la bala y el
buey en sus recauchajes políticos han sido invisibilizados, operan en las
sombras o los pasillos de los tres poderes del Estado, y, el cuarto poder de
los medios de comunicación. Ahora, además, en las redes sociales.
Estos clivajes ya no hacen
alarde del poder que ostentan, sino más bien, recurren al poder de la
influencia del dinero, en el caso del clivaje del buey. Y, el poder de la bala,
recurre al silenciamiento, a la quema del cuerpo del delito, al poder del
chantaje al amedrentamiento y la amenaza, a través de las redes sociales. Todos juntos calibran el
poder de la ignorancia, el temor tan presente en la vida post pandemia para
infundir y propagar un apocalipsis del Estado-Nación.
Los tres partidos de las 3 b
tienen a Kast y Kaiser como candidatos presidenciales, cual más, cual menos,
operan en el negacionismo de todos los acuerdos civilizatorios construidos en
las últimas décadas: ciencia, cambio climático, derechos humanos. Por lo mismo,
su narrativa se sostiene en torno a polaridades, y la construcción de
superlativos catastróficos que solo reconocen el bien y el mal en la vida
societal.
El clivaje de las 3 b se ha
unido en esta campaña electoral para ocultar su adhesión a un cierto
pinochetismo no elaborado en relación con los derechos humanos, la democracia
liberal y la comprensión del Estado de Bienestar. En su fuero confesional
interno se articulan en torno a la supremacía blanca, y a la obediencia propia del vasallaje moral que logra articular el carácter populista dicotómico de la burbuja ideológica en la que buscan encapsular al electorado.

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