Desde que
triunfó la candidata del Partido Comunista, a los electores y electoras, se les
viene haciendo muy difícil defender o construir un cuento, o una narrativa
heroica, que por una parte defienda el legítimo derecho hacer un camino y un
proceso de decisión acerca de por quién votar, y por quién apostar en la credibilidad
y la confianza, en la debida reflexión. Se viene haciendo difícil la participación
ciudadana comprometida, dificil constituir el deseo de paz social y de progreso, en un
horizonte democrático, con ánimo de reformas y no de reacciones ni de revoluciones
pasadas de revoluciones. Bombardeada por los medios de comunicación y las redes
sociales, tampoco se permite, procesar y poner en la balanza los hechos de la
actual gobernanza. Simplemente se trata de aplicar el negacionismo a ultranza.
La derecha
haciendo alarde de un travestismo pinochetista único, se desvela por acentuar un
ácida crítica a la gobernabilidad como si de lo que se tratase es de exorcizar
a una identidad demoniaca, que tiene poseída al país por un conjunto de males,
que solamente será espantada, de cara al ascenso del Partido Republicano
liderado por el señor Kast: la representación del bien.
En efecto, la
derecha ultra reaccionaria lanza un discurso feroz y polarizado sobre el actual
gobierno. Se olvida de la pérdida electoral a la gestión del último proceso
constituyente, se olvida de su posición en el parlamento en relación con todas
las leyes votadas en beneficio de Chile, las mujeres, y los y las trabajadoras:
ley de 40 horas, ley de AFP y PGU, ley papito corazón, ley voto obligatorio,
ley Tea, ley de trato, por citar algunas. Y a muchos y muchas, cuando no la mayoría nos hace
pisar el palo de la polarización ideológica que, cual máquina de moler carne, busca
que caigamos en la convicción de que caminamos hacia el matadero de la
resignación. La derrota está a la vuelta de la esquina.
Mascamos una chilenidad, engendro del siglo XXI, producto de la alta migración y la baja natalidad. Cabalga en los jinetes del apocalipsis del narcotráfico, las redes tránsfugas de
corrupción que cruza los diferentes poderes del estado, la delincuencia de las
balas locas, el desánimo mundial de guerras y exterminio. Y claro, al parecer, los salvadores de la patria estarían en el partido
republicano. Nos olvidamos, o se blanquea el hecho que, dicho partido, hace un
año le propuso al país: una constitución negacionista, reaccionaria en relación
con los derechos adquiridos de las mujeres, reaccionaria en relación con los
trabajadores y trabajadoras del país, cercenadora de los derechos medioambientales.
Lo que
silencia Kast, lo que calla Kast, lo que blanquea Kast es la ausencia de una
propuesta convincente sobre la defensa de la democracia. Y, la silencia de
manera astuta y sagaz bajo un discurso provocativo y simplista sobre el aparente
retroceso de la izquierda frente amplista generacional, y el aparente ascenso
del comunismo come-guagua.
Sobre el
Frente Amplio: Una palabra
Es reconocible
que el frente amplio no va a salir o terminar el gobierno con el mismo estado de
ánimo vencedor y heroico con el que entró. Ya no tienen esa épica, aunque puede
servirles para mantenerse unidos hasta que surja otra. Tampoco va a salir
derrotado hacia la inexistencia. Saldrá más que sobreviviente. Es un partido
fuerte, un partido que logro posicionar a una generación, y que, gracias al
actual presidente, se articula junto a otros partidos políticos en una
coalición más amplia.
Es cierto que
en algún momento se le subieron los humos a la cabeza, pero después de las
sucesivas elecciones tendrán el tiempo de madurar y analizar su propia forma de
construir poder. Su propia “voluntad de poder”.
Sobre el
Partido Comunista: Otra Palabra
Es cierto que
en materia internacional no hay aceptación de la política que ha sostenido
dicho partido. No le vamos a dar más vuelta a este asunto porque resulta en una
comida indigesta de tanto darle vueltas y vueltas. No tiene sentido y cada vez
se va pareciendo más a una resaca de curadera mal agestada.
También es
cierto que, se está transformando la disciplina exagerada del partido único, en
el polvo que está debajo de una alfombra deshilachada. Aún se mantiene en la
sala de recepción, o el antiguo living de las casas de antaño, pero sin
restauración.
Entonces reconozcamos
que: de este material añejo, los periodistas y comunicadores buscan, cada vez
que pueden, sacar a pasear polémicas opiniones e intentos de conducción desajustados
de la realidad.
La realidad es
que la candidata Jara, el día en que venció las elecciones se transformó en la
candidata de nueve partidos, todos ellos con pergaminos, abolengos poderosos de
inserción y defensa de la democracia en Chile. Defensa de los derechos humanos Incluso,
el PC chileno, tiene bastante más pergaminos democráticos que la mayoría de los
militantes y líderes del partido republicano.
En defensa de
la Democracia del Proceso
Es cierto, hay
que ajustar motores. Y en ese ajuste, la democracia liberal como principio
tiene que ser un sello de compromiso irrestricto. Pero eso quiere decir además,
que se busca validar la posibilidad de reformas de acuerdo a las contingencias
contextuales del país, y se busca prosperar en formas más adecuadas de defender
los derechos sociales como la salud, la educación, el trabajo. No es
entreguismo.
En ese
entonces, el cuento que se debe escribir en el registro de defensa de la
democracia es la valoración de un proceso electoral y de un derecho a que cada
ciudadano y ciudadana vayan construyendo y restaurando su estimación a la
verdad posible. Y en esta circunstancia, la valoración y estimación del
proceso, implica aceptar que: la ciudadanía debe ir auscultando y desprendiendo
las propias formas de autoritarismo que como resabios están presentes tanto en
la derecha como en la izquierda.
Si lo que
queremos y deseamos es converger en un estado de bienestar y en una
gobernabilidad amable, es necesario despejar la altanería de la aplicación y
ejecución del pensamiento único, aclarar los cuestionamientos que surgen hacia
una moral desprovista de empatía y propia del vasallaje.
Desde la
postura del centro, la izquierda hacia el comunismo, se trata de proveernos de
conversaciones y diálogos que permitan ablandar las capas de prejuicios “anticomunistas”
con el asombro, la risa y la carcajada, sin miedo, sin temor. Pero también, desde
el comunismo se trata de construir respuestas y acercamientos sobre distancias
y juicios de realidad históricos basados en la exclusión de ciertas prácticas democráticas
liberales y emancipatorias del feminismo y el socialismo.
Se entienden
las resistencias y los resabios de “mansplaining” existentes, pero ellas pueden
transformarse en las piedras del zapato diario para avanzar como país en
ciudadanía. Es algo que la derecha no va hacer. La derecha no va a salir del
closet. Ya comenzó por encerrar a sus monstruos bajo siete llaves y ocultar,
blanquear, silenciar sus míseras existencias. Y sus fijaciones están en la exaltación
y el ataque a los monstruos del adversario: el oficialismo, el actual gobierno.
Entonces, la otra
jugada, la otra apuesta que por cierto es un desafío es atreverse a sacar a la
calle nuestro propio monstruo “come guagua”. Desamarrar ese nudo es el desafío.
Develar, mostrar para ver si le podemos llegar hacer cariño. No se trata de
defenderlo, o criticarlo, sino exponerlo para que sea la ciudadanía la que
enjuicie y juzgue. Despojarse, en el proceso de campaña electoral, de los propios
mecanismos construidos culturalmente y bajo el disciplinamiento autoritario.
Deconstruir las calcificaciones ideológicas autoritarias y regresivas de las polarizaciones
que buscan mantenernos en cualquiera de las dos burbujas y trampearnos la
construcción de realidad del cruce de puentes. En una de esas, le damos el palo
al gato.
Es otra forma
de construir el orden deseado.

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