lunes, 9 de febrero de 2026

Sobre la Izquierda Política: a propósito de la Opinión Pública en Medios Electrónicos Chile

 

En Chile, desde la derrota en la última elección presidencial a finales del 2025 que, no solamente se ha realizado un llamado a reflexionar sobre las causas de la misma, sino y, sobre todo, ha motivado a las fuerzas políticas articuladas en torno a la candidatura perdedora, a una reflexión sobre la izquierda, lo que esta pueda ser, si se trata de varias izquierdas políticas y, por cierto, como la misma se articulará en el futuro en un rol de oposición.

El horizonte en el que se inserta esa búsqueda es más amplio, se inserta en a nivel mundial en el cuestionamiento e identificación de los elementos culturales woke presentes en la izquierda, (Neiman, 2024) la emergencia electoral de una ultra derecha populista vencedora cuyos íconos siguen siendo Milei y Trump, y por cierto en Chile, Kast, en el impasse del multilateralismo y la globalización como formas de ordenamiento mundial que están enfrentando resistencia. De lo que se trata es de reformular una plataforma de izquierda que busque insertarse en un plano global, lo cual implica considerar por lo menos lo que ocurre en países latinoamericanos, y en algunos países europeos en los cuales las izquierdas históricamente han tenido presencia política.

Considerando estos contextos culturales de producción de ideas, recientemente han aparecido en la opinión pública local nacional, metropolitana, y capitalina de los medios de comunicación digital, un cierto encuadre epistemológico acerca del debate sobre la izquierda que sorprende por varias razones. (En referencia a  https://brunner.cl/2026/01/la-izquierda-de-las-belles-lettres/)

La primera razón tiene que ver con la ausencia, en la reflexión circulante, de los o las “intelectuales orgánicos”, (Gramsci) sea en su consideración: centro versus periferia, sea en su consideración e integración del pensamiento y la reflexión regionalista de la provincia. Las citas que constituyen el campo de legitimación del encuadre epistemológico que se busca delimitar, se circunscribe a intelectuales que se autoproclaman de izquierda pero que no se adscriben en el presente, a ningún partido político, y si se circunscriben a la academia.

La segunda razón tiene que ver con la ausencia de mujeres intelectuales divulgadas y legitimadas en las citas, y que para esta conversación lo sea como: intelectuales orgánicas, o simplemente como intelectuales de izquierda. Las mismas citas se refieren y validan solamente a hombres intelectuales para la conversación de la academia santiaguina.

Y la tercera razón, se desprende de las dos consideraciones anteriores y tiene que ver con que: al momento histórico de ascensión de un nuevo grupo social en el poder político de gobierno, se constata la presencia de un déficit de intelectuales orgánicos del grupo social saliente en la “misma” configuración de la opinión pública chilena metropolitana santiaguina en general. En efecto, esta opinión pública no considera, no valida, no legitima, en su propia demarcación, el pensamiento de los intelectuales orgánicos, ni la producción de ideas de las mujeres de izquierda como “intelectuales”.

En efecto, es probable que la función del “intelectual orgánico” tal cual como fue expuesta y elaborada por Gramsci en “La Formación de los Intelectuales”, (1967) venga siendo modificada en una sociedad de redes, con poderosos e influyentes dueños de empresas de medios de comunicación, del avance y estado de la inteligencia artificial, así como la digitalización y la manipulación de los algoritmos.

Es probable también que esto tenga un impacto profundo en la configuración de la Opinión Pública local nacional, y su legitimación e institucionalización en democracia. Por todo ello, es necesario, sobre todo en un momento en que se conversa y debate sobre las izquierdas o la izquierda política, no solamente definir un encuadre epistemológico de los autores legitimados al interior de las academias, de las ciencias sociales como intelectuales. Sino avanzar en buscar escuchar a los grupos sociales que se constituyen al interior de los partidos políticos organizados. Es decir, también considerar a los y las incumbentes.

Es necesario, establecer un horizonte básico de reconocimiento de “quienes” pueden hacerlo con una representación pública, que indique no solamente el estado de los pergaminos curriculares, o la trazabilidad biográfica, sino desde el lugar de la militancia activa, y desde una posición dentro de un partido político, desde las regiones, desde la provincia.

A modo de argumento, ya en el siglo pasado Gramsci, parado en la modernidad de la formación del estado, y la democracia burguesa, reflexionaba lo siguiente:


Además de elaborar un proceso de diferenciación entre los intelectuales orgánicos y los intelectuales tradicionales que son muy bien caracterizados; Gramsci establece una relación entre el partido político y el intelectual, señalando que la misma debe ser considerada en el origen, en la forma, y en el desarrollo del Partido Político. En este caso, estaríamos hablando de los partidos de izquierda. Sin embargo, Gramsci nombra esa relación desde un nivel de dependencia para el partido, y problemática para el intelectual. Podría traducirse en la actualidad como un vínculo necesario, urgente para un partido político, que requiere de una responsabilidad, y un compromiso para el intelectual orgánico.

En lo más concreto y definitivo, aunque existen procesos de diferenciación de las actividades de los militantes y del trabajo intelectual, se identifica una definición del intelectual orgánico como vinculado a un partido político y/o grupos sociales. Y de hecho en nuestros días, en su mayoría los mismos partidos tienen fundaciones, centros de estudios, que les permiten tener acceso a la opinión pública, generando vocerías, capacitando y formando cuadros políticos y liderazgos. Sin embargo, también, los partidos políticos tienen instancias orgánicas de debate, de conversación, que por cierto deberían avanzar hacia una protocolización y clasificación de ideas.

A estas alturas y al cerrar esta primera parte que propone ampliar el encuadre epistemológico de la discusión hacia los aportes de los partidos políticos de izquierda y sus militantes, es necesario aclarar que se cita a Gramsci precisamente porque ningún intelectual se atrevería a cuestionar la procedencia, ni la inserción de su producción de pensamiento al interior de la izquierda, dada su la militancia en el Partido Comunista Italiano.

De paso, la cita y el que sea referente del punto de partida, viene a reforzar dos aspectos que han sido puestos en tela de juicio en el último tiempo en Chile, el que un sector de la izquierda sea anticomunista, y el que la izquierda comunista sea mayoritariamente lo que define a la izquierda chilena. Lo cual, indica como botón de muestra de que en Chile nunca ha existido “una” izquierda. Es decir, lo que existe como expresión en “una” izquierda, ha sido una búsqueda con la unidad de acción en la defensa de ciertos aspectos que se han priorizado como los relevantes desde la recuperación de la democracia hasta su consolidación como forma de gobierno.

Respecto a la Identidad de Izquierda

Mauro Basaure en un desahogo nostálgico titula su columna de opinión en un periódico electrónico como: “el fin de la izquierda”. De este modo, busca clasificar lo que al parecer es no solamente un estado de ánimo epocal, sino una invocación inexistente, la “unicidad de la izquierda”.

(https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2025/12/23/el-fin-de-una-izquierda/). 

Yendo más lejos en el desahogo nostálgico, Basaure citando a Gramsci, indica que: hasta la derecha ha aprendido a usar a Gramsci en la batalla cultural con la izquierda por “la disputa de la cultura, el sentido común y los afectos”. Concluye entonces que al parecer habría principalmente dos izquierdas: “Una materialista, orientada a la redistribución, al trabajo, a la seguridad y a la soberanía”. Al parecer marxista propiamente tal, más orgánica e inserta en los partidos políticos de izquierda tradicional. Y otra forma de izquierda, centrada en la diferencia, el reconocimiento de los derechos humanos y las luchas culturales, que encuentra su propia forma de representación y competencia política vinculada a los movimientos sociales y al mundo woke. Atribuible al Frente Amplio.

Respecto a lo primero, se hace conveniente aclarar es que no existe “una” sola izquierda, y que, en las izquierdas conviven ambas culturas políticas. Durante la historia del siglo XX y producto de los avances de las generaciones de derechos humanos, la lucha y emancipación de las demandas de las mujeres en política, de acuerdo a los territorios y las definiciones geopolíticas, las izquierdas han ido validando diferentes componentes a sus demandas teniendo por cierto como base el marxismo. 

En este contexto, es conveniente aclarar que: la izquierda chilena en términos identitarios tiene un cierto anclaje latinoamericanista y sudamericano evidenciado en su cultura, sesentera y ochentera incluida desde el inicio del siglo XX. También está en el socialismo marxista en el sentido de la emancipación humana, y el estado de las fuerzas productivas en el capitalismo.

Desde inicios del siglo XX, la mayoría de los ensayistas e intelectuales orgánicos han incluido la cuestión indígena, la cuestión racial, como categorías que conforman la clase obrera y proletaria latinoamericana en términos de fuerza de trabajo explotada. Y la cuestión de la lucha de las mujeres y el feminismo, no se remite con exclusividad a los años de los movimientos contraculturales de los sesenta y ochenta para delante, existe desde que las mujeres lucharon por el derecho a voto desde 1930 en adelante, al acceso a la universidad y a la educación en toda la región durante la primera cincuentena del siglo pasado.

En la actualidad, se identifica en Chile, un desarrollo y el despliegue de una identidad de izquierda socialista que por cierto viene desde el siglo pasado. Para la gente ochentera, los baby boomers en general con memoria de formación universitaria, en dictadura, existe “la izquierda” con sus procesos de diferenciación movimientista y partidaria. También existe memoria de izquierda socialista en el mundo rural obrero campesino, aunque en regiones puede desdibujarse más debido a que el proletario propiamente tal, en términos de fuerza de trabajo ha sofisticado su quehacer producto del desarrollo de la ciencia y la tecnología, el manejo de los instrumentos y medios de producción.

Existe una izquierda socialista urbana porque existe una memoria acerca de las relaciones sociales y la construcción de vínculos. Es evidente además que esa generación fue productiva de una cierta intelectualidad orgánica, que aún hoy tiene una expresión cultural en la música, el arte, el teatro, el cine. Se extiende una izquierda fuertemente ligada a la recuperación de la democracia, la defensa de los derechos humanos de todas las generaciones, en la que se reconoce y se valida.

La izquierda chilena ha desarrollado una actitud, un habitus, una predisposición estable a integrar ciertos valores éticos y cierta experiencia moral en su vida cotidiana, de manera tal que, con el retorno a la democracia, es capaz de detectar la presencia de la corrupción y asumir la invalidación de acciones que no muestren un estándar mínimo de presencia de justicia social.

La izquierda chilena aún define un rumbo en materia de responsabilidad social y ante los hechos o actividades que presenten un forado, es capaz en su ciudadanía, incluso al tratarse de los propios, denunciar y establecer límites de valoración. 

Respecto a la Izquierda Marxista: socialista y democrática

Es interesante partir con la aplicación histórica que Karmy plantea a la discusión y a la inserción de Marx en Chile específicamente en «Por una izquierda transformadora»: Una breve respuesta a Brunner. (En https://lavozdelosquesobran.cl/opinion/una-breve-respuesta-a-brunner/29012026 .)

En términos teórico prácticos cuestiona y crítica el seguimiento y aplicación que se hizo en Chile de Anthony Giddens el intelectual inglés fundador de la tercera vía (2000). Esto remite por una parte, a la instalación y seguimiento de lo que fuera y queda de la social democracia desde 1.990 a la fecha considerando los dilemas que el intelectual plantea, pero actualizándolos a lo que va del cuarto del siglo XXI: la globalización, el individualismo, la izquierda y la derecha, la acción política y los problemas ecológicos. Todo ello en un contexto, donde la derecha ha perdido espacios electorales, y una ultraderecha se abre espacios de gobernabilidad impensables, y en los límites o más allá de lo que se entiende por democracia.

Sin embargo, sacando este seguimiento intelectual crítico necesario por cierto de recorrer, se puede ir al punto de fondo propuesto por Karmy: “se trata, más bien, de abrazar una izquierda transformadora, heredera de Marx”, y … no supeditarla a una izquierda administradora. 

Según Karmy, el socialismo democrático concertacionista y la nueva mayoría, siguiendo a la socialdemocracia, se supeditó a la administración del modelo político económico capitalista y neoliberal, por lo mismo, en la actualidad de la primera mitad del siglo XXI, post derrota, se debería tratar de reforzar: “una izquierda transformadora (que) puede ser reformista y revolucionaria a la vez porque tiene un solo objetivo: atravesar la institucionalidad oligárquica de Chile, dispositivo “portaliano” por el cual el capital global se cristalizó en nuestro país desde 1833”.

En la reiteración, más allá o más acá del cuestionamiento del lugar y la posición de la izquierda del socialismo democrático durante la concertación que es hacia donde se dirige la crítica, el elemento significativo que entra en tensión en la conversación sobre lo que define a la izquierda marxista, no es que esta sea transformadora, o emancipadora de las fuerzas productivas y de la humanidad. En su mayoría, la izquierda a secas, acepta que así sea y aplaude.

Por lo tanto, lo que está en disputa es el elemento que contiene la idea de la existencia de una izquierda de una “acción revolucionaria”. En un cierto sentido y significado temporal, la acción “revolucionaria” no contiene los límites o guardarraíles de defensa de la democracia, sobre todo, de cara a la experiencia ciudadana del estado “revolucionario” del contexto histórico post estallido social en Chile en el año 2019 y post pandemia. (Levitsky y Ziblatt, 2018)

Más allá del nombre que se le otorgue al estallido social ocurrido en octubre del 2019 en Chile, y si se le otorga o no el carácter de “clima revolucionario”, lo cierto es que, a 6 años de los hechos, y las dos derrotas de los procesos constituyentes acontecidos a posteriori, se puede afirmar que la evaluación de la ciudadanía asocia la acción revolucionaria a la emergencia de un clima de violencia, desorden público, inseguridad y destrozos callejeros con barrios enteros en situación calamitosa. En efecto, la ciudadanía ha consolidado la percepción que estas acciones “revolucionarias” debilitaron la democracia, y dificultó una vida vecinal de bienestar y seguridad.

Expuesto lo anterior, es evidente la importancia y relevancia que tiene el reconstituir una izquierda marxista de acción transformadora, sin embargo, la misma debiera partir por reconsiderar la trayectoria de esa acción para y en: la democracia y el socialismo; ya que la forma como se expresa la democracia electoral en la actualidad dado el horizonte de las redes sociales, ya no contiene el mismo diseño, ni la misma estrategia, ni la consecuencia o coherencia de planificación humana.

Estamos hablando de una izquierda marxista de acción transformadora que valide la noción del trabajo obrero, campesino, en los tiempos de la Inteligencia Artificial IA, operativa, en los procesos democráticos electorales, con el uso de la tecnología en los medios, los instrumentos y la fuerza de trabajo que ya no es neutra. Es decir, tal cual lo propone Vourafakis, en Tecno Feudalismo (2024) se trata de una democracia y un socialismo que debiera considerar el capital y el proletariado de la nube, por una parte, y la construcción que está haciéndose de la democracia en las plataformas digitales diseñadas por el algoritmo por otra parte.

Una izquierda socialista democrática debiera fortalecer a los partidos políticos que son los guardianes de la democracia y buscar reglamentar el comportamiento político y mediático de sus dirigentes. Tal como sugiere Levitsky y Ziblatt, (2018) en Como Mueren las Democracias, los mínimos éticos ciudadanos a compartir debieran contemplar a lo menos: la legitimación del adversario político como un legítimo otro u otra en competencia, no fomentar la violencia vehiculando un lenguaje agresivo y abusivo a través de las redes sociales, y, no abusar ni buscar vulnerar las libertades civiles.  Y, por cierto, para todo ello, debieran estar disponibles un cuerpo legal, las leyes y el poder judicial.

La izquierda marxista debería hacer una reflexión sobre las máquinas en la vida humana y como esta relación ha cambiado la expresión del trabajo manual, también con el uso de los computadores y celulares, como se ha cambiado la acción transformadora y emancipatoria.

La izquierda marxista debería considerar el ámbito laboral en democracia desde el proceso de digitalización en curso, y que tipo de habilidades y destrezas se requerirán en el futuro cercano para la sobrevivencia y la subsistencia con los procesos diseñados por la Inteligencia Artificial. Aunque la relación de dominación capital/trabajo sigue siendo la clave de la definición de izquierda, es necesario actualizarla en su dinámica científica y tecnológica.



Volviendo a Karmy, en la comprensión específica de lo que es o sea “el dispositivo portaliano” en la actualidad y en la coyuntura política chilena, la nominación del elenco de ministros que acompañaran al gobierno de Kast pone evidencia que el empresariado tiene perfecta noción de lo que está en juego en los próximos cuatro años en términos de la consolidación, formación y configuración de la oligarquía. Resta saber cual será la articulación política que podrá construirse para encarar la acumulación, la propiedad privada y el extractivismo como formas actualizadas del capitalismo.

Respecto a una Izquierda Socialista Democrática que bregue por Justicia Distributiva

Cualquier izquierda latinoamericana y más específicamente sudamericana no puede dejar fuera la discusión sobre la justicia distributiva, la igualdad, la equidad, la cuestión de la accesibilidad a la propiedad privada en el rumbo que la sitúa la vida cotidiana. La izquierda no solamente demanda una mayor justicia social desde el Estado sino mayores condiciones de igualdad en la distribución y el acceso a los bienes. Y, hoy por hoy, producto de las conversiones del capitalismo hay que reflexionar y definir las formas en que aparecen y se manifiestan las desigualdades tal como lo sugiere Rodrigo Ramírez Pino: “La desigualdad económica ya no se produce solo por la distribución de la riqueza, sino por el acceso diferencial al conocimiento, a los datos, a las plataformas, a los sistemas de automatización y a las infraestructuras digitales. El capital del siglo XXI no es solo financiero o industrial, es algorítmico, es entrenamiento, informacional y cognitivo”. Ver en https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/01/27/las-tres-izquierdas-y-el-fin-de-la-politica-del-siglo-xx/

Se trataría según Ramírez de proponer: “una tercera izquierda, una tecnológica-humanista, que lucha por asegurar que la humanidad siga siendo sujeto de su propio futuro.

En efecto, estos aspectos son relevantes a considerar sobre todo en lo que un marxismo crítico, o una visión marxista del tecno feudalismo reporte en relación a las fuerzas productivas, los medios de producción, y por, sobre todo, la transformación de la fuerza de trabajo. Es cierto que la inteligencia artificial, los datos masivos, la automatización, la biotecnología, las plataformas digitales, la neurotecnología y los sistemas algorítmicos son el nuevo sistema nervioso de la sociedad, sin embargo, no tienen necesariamente que oponerse a las izquierdas materialistas y cultural.

Finalmente, y en relación al camino a seguir, a los modos, y los aspectos que deberían ser considerados para la reflexión en curso respecto específicamente de la militancia socialista es interesante lo que plantea Alfredo Joignant en “Ensamblando un Nuevo Socialismo”. Ver https://elpais.com/chile/2026-01-26/ensamblando-un-nuevosocialismo.html?ssm=TW_CC

Primero sugiere y enfatiza la necesidad de una “revisión” y no necesariamente una “renovación”. La revisión debería hacerse con sabor a vino tinto y empanada, allendista. Y, es cierto, que aporta con rasgos de una cultura política que podría estar en desuso en las nuevas generaciones de militantes. Sin embargo, dado el aumento de la población adulta mayor, y la baja natalidad en Chile, bien pudiera ser útil, acercarse a recomponer ese clima de convivencia histórico presente sobre todo en el Partido Socialista: “un socialismo con vino tinto y empanada” democrático. Más bien compartido que con caras separadoras por lotes y tendencias.

En este contexto, también propone una revisión reflexiva que se interrogue existencialmente por la “renuncia al universalismo”. En este sentido, siguiendo la descripción de las etapas sugeridas por Joignant para este derrotero, interesa destacar la tercera porque -de manera orgánica socialista- surgen dos ejes temáticos inevitables a tratar y dimensionar en cuanto a la necesidad de una recuperación del universalismo, y al modo como ambos ejes debieran consensuarse en cuanto puesta en escena y en cuanto a acción transformadora y emancipadora. Estamos hablando de: el medio-ambientalismo y el feminismo.

Consideraciones para un Debate al Interior del Partido Socialista

En relación con el medioambiente surge una tensión ineludible entre el crecimiento y el desarrollo sustentable. El cambio climático es una evidencia y una contingencia azarosa que no puede ser negada ya que cada día se instala por doquier cobrando vidas humanas y desastres territoriales. Sin embargo, al interior del socialismo marxista, esta contradicción no ha sido resuelta, y delante de cada proyecto de inversión que implica crecimiento, surge la discusión sobre la relación capital/trabajo, sobre el extractivismo y las zonas de sacrificio.

En este último tiempo, frente a casos específicos como el proyecto Dominga, ha surgido la argumentación pro crecimiento como defensa del empleo, y por lo tanto del derecho al trabajo. Y, las decisiones que se han impuesto se ha apelado aspectos de principios éticos normativos y a formas de contención por la sustentabilidad sin existir aún una mirada política universal.

Respecto del feminismo es necesario también establecer y enmarcar el debate en dos aspectos: por una parte, el recorrido de la categoría de Género, y por otra, delimitar una ética de la sororidad para la praxis feminista.

El feminismo socialista organizado en los partidos debería encauzar una discusión y un debate que lleve a delimitar, es decir a colocar limites, a las demandas y luchas en relación con el sujeto principal que fue el motor de su reivindicación.

En efecto, el feminismo comenzó su lucha social y política reconociendo y validándose socialmente, como una lucha por la emancipación de las mujeres. Se insertó en los partidos políticos de izquierda, y específicamente en el Partido Socialista desde la vuelta a la democracia para reivindicar la participación, el liderazgo, la formación, la capacitación y la necesidad de transformar la condición de las mujeres. El sujeto mujer era la reivindicación de género en cuanto inserta en una clase, etnia, raza.

El feminismo de los sectores profesionales en America Latina y Sudamérica, todas mujeres, lucharon desde los años ochenta por instalar la categoría de género como variable que pudiera hacer medición en todas las áreas del conocimiento, el saber, la construcción y el ejercicio del poder político, la gobernanza, de los avances de esta lucha. La cual por cierto tiene logros en leyes y en la discriminación positiva o la demanda de paridad.

Sin embargo, en lo que va del siglo XXI, se han instalado una serie de dimensiones dadas por la sigla LGBTQ+ que provienen de los procesos de subjetivación y diferenciación en curso, estilos de vida, movimientos sociales particularizados que fragmentaron y diversificaron la lucha inicial del sujeto mujer. Por lo mismo, es necesario para las mujeres de izquierda socialista de las diferentes generaciones hacer un seguimiento evaluativo crítico para determinar el rumbo.

En este mismo contexto, y dado el recorrido político organizacional, es necesario esbozar una ética de mínimos en relación con la sororidad para la sana convivencia. Esta debería incluir un replanteamiento sobre las violencias, y una trayectoria de alianzas políticas posibles y sus actores.

Desde el inicio del feminismo, se acuñó el término de sororidad como una experiencia moral de unión entre las mujeres. Sin embargo, a estas alturas, no solamente se tiene la experiencia moral como déficit o inexistencia, sino que, además, se transformó en una exigencia que la contraparte no cumple, entre otras cosas, porque el campo de legitimación y reconocimiento, de participación e inserción política se amplio más allá de las mujeres. Los Gays, los Queens, los trans, etc., no practican la sororidad a la hora de llegar acuerdos políticos con las mujeres por la inclusión. Y, el espacio de liderazgos de las mujeres, se hace estrecho lo que dificulta la relación y el trato entre mujeres.

Por lo mismo, estas cuestiones deberían ser definidas en pro de recuperar el universalismo humanista.

Bibliografía

1.- Gramsci, Antonio, 1967: La formación de los intelectuales, editorial Grijalbo México.

2.- Giddens, Anthony: 2000: A Terceira Vía Editorial Record Sao Paulo Brazil

3.- Levitsky y Ziblatt, 2018: Como mueren las democracias Editorial Planeta Stgo Chile

4.- Neiman, Susan, 2024: Izquierda no es Woke Penguim Random House Stgo Chile

5.- Titelman Noam, 2023: La Nueva Izquierda Chilena Editorial Planeta Santiago Chile

6.- Varoufakis, Yanis, 2023: Tecno Feudalismo Editorial Planeta Stgo Chile

domingo, 25 de enero de 2026

No es la Política Contigente. Son los negocios

 

No es la Política Contingente, son los negocios: La instalación de Ministerios del Kast Electo

Lo que al parecer va quedando meridianamente claro es que no es la política, sino la economía la que comanda la puesta en escena. No es la independencia ni la neutralidad política, sino la instrumentalización del campo político desde los intereses económicos y financieros quienes comandarán el país. 

No se trata de una visión estratégica, geopolítica, ni de emergencia tal cual nos fuera explicado en la campaña electoral, sino que se trata de: la instalación de un conglomerado de familias económicas que históricamente han manejado Chile. Estas son las que dirigirán el país conforme sus diseños de crecimiento económico, manejo financiero e inversiones, donde no cabe el desarrollo humano conforme lo define el destacado economista Amartya Zen.

Comenzamos con la nominación en política exterior, donde al parecer estamos al garete ya que se desconoce el diseño respecto de la conducción diplomática. En momentos en que el mundo transita hacia un nuevo ordenamiento mundial en el que el multilateralismo está puesto en jaque y se readecúan las orientaciones de diferentes organizaciones internacionales como el Mercosur, cuyos países integrantes están ad portas de firmar acuerdo con la Unión Europea. Y, se comienza a constituir una suerte de articulación política de países de resistencia a Trump, en Europa por Groenlandia, y desde Canada, Mexico, Brasil por una suerte de defensa política de la soberanía territorial, el gobierno emergente en Chile parece abandonar y hacer un barrido de ciertos principios de política exterior básicos que han regido los últimos años desde el retorno a la democracia.

Chile históricamente tuvo un comportamiento sostenido en defensa de la no intervención en los problemas relativos a la soberanía de cada país, hizo causa común interna de unidad nacional respecto a la defensa del Estado Nación de cara a los problemas limítrofes que enfrentamos con Argentina en el Sur, con Perú y sobre todo con Bolivia. Y, además, como país, también tuvimos una postura unitaria haciendo una causa común con sus conciudadanos y conciudadanas en relación a promover las postulaciones de nacionales a puestos de la gobernanza internacional. 

Sin embargo, en los últimos meses hemos asistido a una suerte de “silencio ambiguo y ambivalente” de parte del presidente electo. Y, claramente estos silencios ambiguos y ambivalentes han generado una devaluación que debilita no solamente la unidad nacional, sino, la inexistencia de criterios que guíen la acción política en materia internacional. 

Nuestro socios cercanos y lejanos, comerciales, y vecinos no saben para donde va a cortar Chile. No hay una dirección, no hay brújula.

En el caso de la nominación de Francisco Pérez como ministro de relaciones exteriores se trata de la entrada y acceso del mundo empresarial y financiero asociado a la familia Luksic, que busca ahora tener un posicionamiento y un control no solamente en la gestión de las embajadas sino de la burocracia, la legalidad de esta experticia y campo. 

El sentido común permite suponer que las relaciones internacionales entre países serán tratadas como una cuestión de negocios, de inversiones lo cual ya de inicio para el mundo diplomático genera ruido. Sobre todo, porque las cancillerías tienen años de trabajo e historial protocolar. Y a simple vista, es un gran descuido entregarle las relaciones exteriores a una persona que no tiene ni la experiencia, ni el sentido del manejo y la gestión de este tipo específico de relaciones. Se trata del primer pago por los aportes a su campaña.

De Jorge Quiroz, en hacienda, está claro que es, fue y será el factótum de Kast. Como agente del mundo económico se entiende también que defiende los intereses de las grandes empresas sin neutralidad y negociación posible ni viable. Estuvo, está y estará por sobre la ética y la moral de las buenas costumbres, la responsabilidad social y el accountability, es decir, la rendición de cuentas.  

Entramos de lleno en el mundo de los ingenieros comerciales donde los negocios son los negocios. Se podría pensar que este ministro por ser formado en la Universidad de Chile pudiera darle un cierto reconocimiento académico inicial, pero no necesariamente credenciales de manos limpias en materia de negocios, monopolios, y sobre todo colusiones cuando se evalúe la gobernanza y la gobernabilidad.

Daniel Mas en minería es el hombre que mandó la CPC, la confederación de la producción y el comercio para conocer, aprender del negocio del mundo de las “tierras raras”. De este modo, podrá posibilitar futuras inversiones, futuros negocios, planificación de como abultar las arcas a estas distinguidas familias.

El mundo empresarial y de los negocios se hace cargo del Chile que importa. Es la economía, no es la política.

Claudio Alvarado, otro ingeniero comercial será el ministro del Interior. Es uno de los pocos militantes de Partido (UDI) que tiene experiencia de gobierno y conoce de la política. 

En el caso de Fernando Barros abogado y Ministro de Defensa es una evidente reivindicación del mundo pinochetista, y del abolengo rancio de la bala, con Jaime Guzmán incluido. Le tocará abordar una materia sensible a la opinión pública: Israel y la reposición de los contratos sobre armamentos. En un momento, en que este país enfrenta un cuestionamiento generalizado en el mundo por lo ocurrido en Gaza.

En esta misma línea le sigue Fernando Rabat, abogado, ministro de Justicia y Derechos Humanos. Ambos gustitos personales con cierto remember dictatorial, o cierto revival del presidente electo, le pueden costar caro precisamente porque reviven materias sensibles a la ciudadanía. 

La defensa y el respeto a los derechos humanos como cultura política no solamente tienen un anclaje en lo que sean las izquierdas, sino, en los últimos treinta y cinco años articulan la vida democrática del país, formando parte de un acerbo patrimonial que cruza también a una parte de las derechas, de manera transversal: generacionalmente. Va desde los liberales de Evopoli, hasta la Udi. Para muchos militantes de derecha de las nuevas generaciones que están en el parlamento con representación popular, la figura de Pinochet, no está incluida en la fotografía. 

Por lo mismo, para la cultura de la memoria y de los DDHH, ambos nombres son y serán una piedra en el zapato. 

José García Ruminot es la mejor opción y colocación hasta ahora en la enumeración como Ministro Secretario de la Presidencia. Como ex senador, ex militante histórico de la derecha va a aportar con toda su experiencia en un área sensible para el gobierno: las relaciones con el parlamento.

Mara Sedini en la vocería de la secretaría general de gobierno viene a demostrarnos que a Kast le importan las comunicaciones, las redes sociales, los medios, y sobretodo: la imagen, la imagocracia. Si le va a resultar la tonalidad del tratamiento a los medios de esta ministra, es otro cuento. El ajuste de este encuentro, está por verse. Puede ser un fiasco. Ya que no hay narrativa. 

Y, por cierto, los incendios son ahora la emergencia. Si Kast quería una emergencia, ahí la tiene.

De los y las demás designaciones: sin comentarios. 

Muchos comentarios hay sobre las nominaciones de Campos Quiroga en Agricultura, de Rincón, de la nominación en el Ministerio de la Mujer, de lo que ocurrirá con el Ministro del Trabajo, y de Desarrollo Social, lo cierto es que no estamos hablando de un “equipo” de gobierno con experiencia. 

Lo que se ve son marionetas de un tinglado que no termina de ofrecer una conducción, un hilo conductor. No hay una narrativa, no hay relato. Más bien es el inicio de una instalación que parte dando palos de ciego en materia social, de desarrollo y de políticas públicas.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Chile y sus repertorios: reflexiones de una campaña electoral

 



Chile y sus repertorios: reflexiones de una campaña electoral (primera parte)

En la cultura, en la historia reciente de Chile desde el 73 en adelante y en la memoria debería haberse encontrado el sentido subyacente que defendiera la opción de un voto presidencial. Se trataría de una cultura que otorga no solamente una memoria, un imaginario social y simbólico, sino un estilo de vida.

Es cierto que, a partir del ejercicio de una gobernabilidad nacional y regional, en este último periodo presidencial, se construyó un zanjón entre la generación de los baby boomers, y las generaciones actuales incluida los k-pop, los reguetoneros, los narcos delirantes hip-hoperos. Y, es cierto que, hay otro zanjón, hundido en el clivaje de la biblia evangélica, el buey de la hacienda, y la bala militar, o a estas alturas paramilitar narcotizada. Se trata del clivaje de las tres B chilenas: un símil a las 3b brasileñas. ( https://lililetelier.blogspot.com/2025/10/las-3-b-en-la-politica.html )

Sin embargo, mientras, la zanja de las edades y las generaciones se tomó de un tiempo del cual no se disponía, dada la urgencia de los acontecimientos; la zanja de las 3b bien pudo, no disolverse, sin tal vez, bañarse en un mismo río.

Al primer zanjón había que hacerle un drenaje, una forma de recauchaje. Y al segundo, había que colocarle un estado nación, un estado de bienestar, un estado tres puntos cero. Y es por eso que el horizonte de la memoria jugaba un rol importante, novedoso, y crucial en estas elecciones.

En efecto, la mayoría de quienes concurrieron a votar mayores de cuarenta y cinco años se dan cuenta y se auto notifican que existe y asisten a: un revival pinochetista en esta elección. Se trata sin embargo de un revival de la desmemoria, de la amnesia, de las lagunas mentales porque se trata de una memoria que se erige, resiste desde el antiguo régimen, y se defiende como una identidad a conservar desde inicios de la transición.

En la actualidad, este revival anda a la orden del día, y del clima, porque un día se vale de un travestismo brutal que busca definirse desde el centro hacia la derecha, y otro día es un deslavamiento o blanqueamiento social negacionista. Sin embargo, el que resulta ser definitivamente un "empacho" como se acostumbraba llamar antiguamente a una dolencia, es este último: el deslavamiento o blanqueamiento de la memoria como resultado incomprensible de la invisibilidad, la incomunicación, que revela un déficit de la digestión debida.

A propósito de este déficit, y solamente como constatación del hecho, le escuché decir a algunos jóvenes por estos días lo siguiente: “este pinochetismo de ahora tiene una expresión impúdica y una sinvergüenzura en defensa del negacionismo de la ciencia, de la cultura, de los Derechos Humanos, del avance de las mujeres, del cambio climático, y más recientemente frente al genocidio de Gaza”. Sin embargo, lo peor, es que se mantuvieron tras las sombras durante el advenimiento de la democracia. Cual fuerza oscurantista, masticaron el cambio de régimen político, pero no alcanzaron a digerirlo en su expresión comunicativa, -y ahora buscan reactualizarse mientras dure el revival de restauración-.

Entre tanto, y como zanja mental, se les generó a nivel neuronal, una pifia de comprensión y por sobre todo de conexiones que no permiten la reflexión sobre estas circunstancias históricas del siglo XXI.  Se trata de expresiones identitarias que no alcanzaron a definirse desde un estado laico protector. O, en su ausencia, construyeron lealtad con sus respectivas iglesias y pastores.

Este pinochetismo desvergonzado e impúdico que ha estado presente en el Chile desde el 73 en adelante, se pensaba que estaba de algún modo acorralado, que tenía guardarraíles generados por el establecimiento y construcción de la cultura de una ética de mínimos desde los noventa, pero no ha sido así. Es un sector de expresión ciudadana, que se reconstituyó post estallido social, y durante estos últimos cuatro años. Y en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, en este último tiempo, han logrado visibilizarse nuevamente desde un lugar democrático, siendo claramente antidemocráticos.

En este sentido, la falta de memoria no es lo mismo que tener memoria selectiva.

En efecto, se suma a lo anterior, la fidelización de los electores evangélicos en un partido político. Esto permitió que, un clivaje se quedase a resguardo de la expresión de los derechos de las mujeres al no aceptar la sexualidad y la reproducción como conceptos de políticas públicas, y al rechazar el concepto de género como categoría explicativa de una dimensión de la experiencia vital. Se trata entonces de una visión conservadora que se une al de la supremacía blanca en un sentido fetichista.

Pero hay más. El cruce del clivaje de la biblia evangélica, con la bala del miedo, resultan ser una letanía que repetida a fuego lento ensaya una explosión delirante rural-urbana. Sin embargo, lo que más asombra es el hilo sutil que teje estos tres componentes: una devoción vasalla a la blancura oxigenada de la migración europea: alemana, judío converso que provino durante la primera cincuentena del siglo XX y que se iniciara durante la colonia en el siglo XIX.

La Supremacía Blanca Alemana

Los criterios y preguntas que son formuladas por Levitsky y Ziblatt en Como Mueren las Democracias (2018) y que permiten clasificar a un líder como demagogo y autoritario se ajustan no solamente a Trump sino a lo que está aconteciendo en Chile con Kast y Kaiser. Principalmente interesa revisar y poner atención a lo que representa Kast debido al alto nivel de adhesión que lo mantuvo en las encuestas en el primer lugar, y que de hecho fue el candidato electo, el próximo presidente de la República.

Según las diferentes encuestas de opinión circulantes los electores de Kast se ubican entre los 18 y 44 años de edad, tienen educación secundaria realizada o incompleta, tienen salarios bajos y medios los que pueden como máximo alcanzar al millón de pesos. En su mayoría son votantes que no tienen un clivaje de comprensión de lo que sea la democracia, y el juego democrático. Tampoco tienen comprensión del significado de la experiencia autoritaria dictatorial.

Han sido desterrados de la gobernabilidad y gobernanza en términos de pasado, presente y futuro político por las mismas razones declaradas por Luna en: ¿Democracia Muerta? (2024). Se trata de un desarraigo de la noción de “patria” como principio ético fundante normativo al nivel del super ego en la estructura de personalidad. Un desarraigo de la consciencia moral y cognoscitiva como parte de la identidad del yo, de la familia, de la escuela, la educación en general (Habermas, 2023).

En general, es una desvinculación, una desconexión, o un descentramiento psíquico adulterado que desde el punto de vista del Estado debería entregar protección, cuidado y adhesión de seguridad. Se trata de una no integración al modelo de desarrollo ni de crecimiento. Se trata de una proliferación en los márgenes, en la periferia, en la autopercepción que se es un “winner” por cada día de sobrevivencia. 

Como se dice con anterioridad, la edad de los votantes indica que en su mayoría no vivieron la dictadura, directamente no se vincularon con las violaciones a los derechos humanos, y por lo tanto, por su registro de memoria vivencial, la memoria histórica del país no los compromete a una cierta ética social ciudadana. A decir verdad, no tienen apego a la historia, no les interesa la ética, la experiencia moral, la reflexión sobre la misma. Tampoco, el proceso de toma de consciencia de la reflexividad y la introspección para la vida humana. Nada de lo que constituye lo comunitario, lo social, en el lenguaje está en el registro que podría convocarlos a inaugurar una trayectoria humana. 

En términos vivenciales, se han formado preferentemente en un clima político que puede nombrarse como el desmantelamiento de la democracia formal, liberal, recuperada durante la década de los noventa, y decaída, o venida a menos en su propuesta de reformas sustantivas a partir del 2.010.

En un contexto de pérdida progresiva de civismo, aumento del analfabetismo, o déficit conversacional presencial como incluso efecto pospandémico, o déficit lingüístico a lo habermasiano, (2023) vale la hacerse la pregunta: ¿Cuál sería el drive de conexión con el candidato Kast?

En efecto, cuando no se tiene nada y no se vislumbra nada como posibilidad, como futuro próximo de gobernanza, entonces, la seducción, el encantamiento del aullido del lobo se desliza por la estepa, y genera seguimiento de manada. Un eco de cacería se expande, aunque se trate de un lobo con piel de oveja.

Los seguidores del lobo con piel de oveja, los aspiracionales sociales emergentes de estos años, endurecidos por la vida en su mayoría operan a la sombra, de la figura blanca racial, y rostro afilado, agudo, de los inmigrantes nacionalizados desde la colonia. Lo más terrible es que los mismísimos blancos, tampoco los quieren visibles a la hora de operar en la granja de los bots y en los trolls, por eso no muestran su rostro ni sus nombres propios en las redes, ya que su mayor grandeza consiste en mimetizarse con el líder. Trabajan escondidos en las sombras porque su rostro ganador en la vida, y presentable al mundo es precisamente Kast: la supremacía racial blanca pálida. Sin embargo, se trata de una expresión remanente en Chile de la maldición de Malinche Mexicana cantada por Amparo Ochoa y Gabino Palomares.  

Es triste porque nadie de la patria quiere reclamarlos como suyos. Los calificativos sociales más humanos con los cuales se los designa socialmente al nicho de los votantes de Kast y Kaiser, es decir la más suave forma de nombrarlos es bajo el seudónimo de: “Facho”. Y hay fachos pobres y fachos ricos pinochetistas autócratas y antidemocráticos. Hay un tipo de facho pobre, huaso rural, aún no emprendor, y un tipo de facherio rico pinochetista patrón de fundo, ahora, empresario de la fruta. Hay un tipo de facherio zorrón urbano, y hay un tipo de facherio zorrón rural.

Y ¿quién es el lobo con piel de oveja reseteado Kast en el 2025?

Es un ser humano que ha vivido toda su vida de los abolengos rancios pinochetistas, asociados a la explotación de su figura corporal, que en territorios donde la morenidad, la morenicie, es un resabio de los morenos. Suele tener un plus de capital social, sobreviviente, sea para la reproducción de la especie, las mixogenaciones necesarias, la mezcla.

Pregunta: ¿cómo opera en el siglo XXI esta suerte de arrobamiento enamoradizo, sumiso, contradictorio? ¿Es impúdico porque es misógino? Y, ¿es perverso en su confusión o ambigüedad de valores? En efecto, Kast no codifica las comunicaciones que se le dan cuando no están en el registro del modelo o caja de resonancia, fue maquínico en los debates. Y todo lo que no obedece al entrenamiento de Steve Bannon lo dejaba parpadeando, en estado de recepción de información no clasificable, desechable.

La Chilenidad Democrática gobernada por: Depende

Kast instauró en campaña, en la oralidad el: “depende”. Sobre todo, cuando se lo interroga en relación con alguna situación compleja que requiere de la ética y el juicio moral. O requiere decisiones rápidas y que se perciben como entrada en un territorio de contexto histórico inexplicable. En campaña, evitó expresamente referirse a temas críticos.

Mientras, a la gente votante en general, y mayoritariamente en torno al 60% adulta, mayor de 50 años, le seguirá preocupando la corrupción de las instituciones en los diferentes poderes del Estado. Y la corrupción en cuanto corroe y cruza la sociedad y la vida social en su conjunto.

En estos años de decaimiento de la democracia, Boric dejará varias herencias. Es decir, traspasa a Kast variados asuntos de estado que no son detalles menores:

- el develamiento de las redes de circulación y tráfico de influencias y dinero en el poder Judicial a través del caso Hermosilla que se llevó además a Chadwick para la casa. Los casos de corrupción en el Poder Judicial.

- En el Estado, al quebrantamiento de la responsabilidad y el servicio público a través del caso de las licencias médicas, y las redes de narcotráfico al interior de las Fuerzas Armadas. (Se recordará que Dorothy Pérez fue nominada por Boric en el cargo).

- un clima de inseguridad social en general que va desde los problemas de delincuencia y violencia por redes sociales, portales de bancos, plataformas de compras digitales, asaltos telefónicos, en la calle, atracos en sus formas físicas, con riesgo de vida y presencial.

- la resolución del caso Monsalve, el caso de democracia viva, las fundaciones, y los gobiernos regionales.

- los fallos e investigación de la contraloría sobre el estado de cuentas de los ministerios.

- el clima post electoral como revival revanchista del victimario pinochetista.

- la compleja consideración de la migración asociada al narcotráfico.

         El hilo conductor que para la ciudadanía tienen todos estos hechos, es la progresiva pérdida de valores morales que le dan sustento a la vida social, al bienestar democrático. Al bien común. Y a la fecha, ninguna oferta programática de ninguna candidatura, le habló a esta circunstancia histórica que nos toca vivir y experimentar. Ni siquiera con la pregunta ¿Cómo recuperar este intangible patrimonial cuando se trata del buen vivir?

Así como en el libro Como mueren las Democracias Levitsky expone como de algún modo la derecha política autoritaria sistemáticamente va eliminando las barreras de contención que aseguran la democracia, socavando lentamente los principios de mínimos como: la debida legitimación del enemigo político desde la aplicación de la intolerancia y el negacionismo. También, se han ido desdibujando, las reglas no escritas como el respeto al quehacer de los diferentes poderes del Estado, como el parlamento, y la justicia, el respeto en el trato. 

La Derrota por la Dosimetría del Algoritmo (segunda parte)

El encapsulamiento en las burbujas ideológicas polarizadas probó que el manejo de un cierto lenguaje, en las comunicaciones, funciona. Y, hay un proceso de calcificación.

Prever la derrota electoral es un asunto, y la instalación del gobierno de Kast es otro escenario. Para todo evento, el lenguaje revanchista, y la agresión anticomunista creada durante el proceso de campaña electoral debería acabarse, o al menos bajar su intensidad.

Pero vayamos por partes. En esta derrota hay aspectos externos y aspectos internos. Y, por cierto, aspectos internacionales como lo es el surgimiento de gobiernos de ultraderecha que pueden ser llamados neonazis, iliberales, o neofascistas. Todos ellos para llegar al poder en las democracias actuales a líderes como Milei, Bolsonaro, o Trump, los cuales se valen de un modelo y diseño electoral vehiculado a través de las redes sociales. Este modelo aplicado genera: el encapsulamiento de nuestras mentes en burbujas ideológicamente polarizadas. Y, las calcifica.

A modo de ejemplo de su funcionamiento es como lo que ocurre en una carrera de caballos. Al inicio de la corrida, se les ponen anteojeras, para limitar el campo de visión del animal, de modo tal, que se concentre en lo que tiene delante y no se asuste con estímulos a los lados o por detrás. Se espera que con esta “ayuda” mejore su rendimiento y manejo. Aplicado a esta contienda, nosotros, los y las electores fuimos los caballos de la corrida.

Y en Chile, quedó demostrado con este resultado de la votación su buen funcionamiento y rendimiento. En la polarización binaria básica, la anteojera usada fue: comunistas/anticomunistas asociadas al caos, el desgobierno versus el orden y la restauración del mismo. Para ello, se usó una dosimetría del algoritmo aplicado gradualmente en todo el proceso de campaña electoral desde las primarias, la primera vuelta hasta la segunda vuelta. Y, esta estrategia de campaña electoral, fue vehiculada a través de los medios de comunicación, las redes sociales exitosamente.

Es evidente que la polarización ideológica comenzó durante las dos convocatorias e instalaciones de las respectivas asambleas constituyentes. Sumado al cansancio de un electorado que, conducido a la obligatoriedad del voto, concurrió a las urnas estos últimos tres años sin descanso. La ciudadanía electoral de la que habla Gómez Leyton (2025).

En un cierto sentido, la opción no ideológica dura del centro político: “ni facho ni comunacho” que emergió en la primera vuelta electoral presidencial desde el comando del candidato Parisi, se instaló en la esperanza de romper la polarización y la calcificación de las dos burbujas ideológicas imperantes.

Tal cual y conforme los resultados, esa opción logró una adhesión de cerca de un 20% de la votación, llegando a alcanzar un tercer lugar inesperado para quienes explican a través de las redes y medios estos fenómenos políticos dado que además se impuso en varias comunas del país. El candidato Parisi quedó a 4 puntos de pasar a la segunda vuelta, a 4 puntos de ganarle a la candidatura que, después de la segunda vuelta, se transformó en el presidente electo: José Antonio Kast.

Mirado en retrospectiva, en primera vuelta Kast el candidato de la ultraderecha, heredero de Pinochet y Jaime Guzmán, le ganó a Parisi el candidato de centro por 545.065 votos. Y, Jeannette Jara la candidata militante del Partido Comunista y representante de la alianza de partidos de gobierno le ganó a Kast en primera vuelta por 378.898. 

Lo que se quiere demostrar con los datos es que la adhesión electoral, ya en primera vuelta, se posicionaba buscando salidas alternativas a la polarización básica. Pero, también es cierto que la polarización una vez instalada, es muy difícil desarmarla. Estando instaladas las granjas de bots en contra de candidaturas de las mujeres, estando instalada y operativa la circulación de noticias falsas desde antes del proceso electoral propiamente tal, y durante todo el proceso eleccionario de primera vuelta, sin judicialización ni garantías de defensa democrática mínima, sin guardarraíles, con una red de medios y periodistas vasallos y serviles al poder de los empresarios, era bien poco lo que se podía hacer a nivel macro estructural (Levitsky y Ziblatt, 2018). Por lo mismo, ya en segunda vuelta, y con poco tiempo de campaña para profundizar en los contenidos, los resultados inclinaron la balanza hacia lo esperable.

En un cierto sentido, nadie quiso enfrentar a la instalación mediática y de redes que la ultraderecha Kast y Kaiser hicieron para posicionar sus candidaturas. Y, decir nadie es nombrar a los actores políticos con posicionamiento y peso que si pudieron hacerlo: la prensa, la televisión, la radio, las candidaturas en curso, los parlamentarios y parlamentarias demócratas. De este modo, la población electoral fue siendo dirigida por un camino sin salida, y hacia un tipo de información que convenía a los propósitos e intereses también de la derecha empresarial. El conjuro de la revancha política de parte de las derechas fue sellado con bastante tiempo de antelación.

Tal como es señalado por Nunes y Trauman en Biografía del Abismo, (2023) a partir de un cierto momento de la historia electoral de un país, se busca consolidar un “ecosistema de comunicación política sesgado que produce disonancias cognitivas colectivas”. En este contexto, los electores y electoras intentan desviar las disonancias, consumiendo información solamente sobre aquello que les interesa, configurando lo que se denomina “sesgo de confirmación”. (:54-55) Bajo esta configuración, se abre un espacio para las noticias falsas, las comunicaciones polarizadas, las granjas de bots, los trolls, etc., las cuales son utilizadas precisamente para inyectar el miedo, la amenaza, los prejuicios sobre los otros y otras. En este contexto, el discurso del caos, temor a los inmigrantes, y la seguridad anticomunista le hizo sentido al 58% de la población.

La Derrota a Nivel Interno: desde la izquierda

Una primera argumentación podría apelar a la condición reflexiva, analítica y de un cierto modo iluminista de la cual se supone depositaria la élite, los intelectuales, los partidos políticos de las izquierdas para interpelar a la ausencia de responsabilidad en el manejo de los tiempos, los plazos en política electoral y el manejo de los medios. Es como decir que hay un tiempo para hacer la política y otro tiempo de las plataformas digitales. (Varoufakis, 2023)

Podría afirmarse que no se acudió a tiempo con el darse cuenta que: la población estaba siendo conducida al matadero electoral, producto de la instalación de la ya manoseada burbuja ideológica del anticomunismo que terminó en la calcificación y satanización del color rojo. Pero, concatenada así la narrativa, y el proceso electoral en su conjunto, solamente pueden servir para comprender el resultado electoral de segunda vuelta, de ningún modo, los comportamientos previos y relativos a la cultura política, que debieron ser desmontados o deconstruidos, una vez que se determinó el cierre de los plazos de la primaria, y se construyera el escenario de la primera vuelta presidencial.

Así como no es útil llorar sobre la leche derramada, puede ser útil advertir que una sociedad construida a partir de burbujas ideológicas polarizadas en este sistema de comunicación, no le es fácil recuperar la veracidad, la confianza, ni superar los quiebres instalados al interior de los núcleos de convivencia ciudadana. Al finalizar el proceso de campaña de segunda vuelta, las familias ya estaban divididas, polarizadas y calcificadas: los hijos e hijas tenían posiciones distintas a las de sus padres, y en muchas parejas adultas, los hombres tenían un voto favorable a Kast y las mujeres, un voto favorable a Jara. O al revés, hombres adultos que favorecían el voto hacia Jara y sus parejas, hacia Kast.

En elecciones anteriores a estas, donde se usaba la dinámica del “puerta a puerta”, o el convencimiento con conversación callejera al entregar el volante o panfleto político, la gente lo recibía, a veces abría la puerta de su casa, o bien, en la calle se instalaba a conversar sobre las dudas, las propuestas de cada candidatura. Era un momento de ejercicio de la civilidad, donde bien podían encararse opciones distintas, pero con reconocimiento del otro u otra en sus legítimas interrogantes, preguntas, posicionamientos políticos.

En esta ocasión, en la segmentación de la calle, hubo un porcentaje preferencialmente hombres que estaban cegados hacia la política. En la calle, respondieron con una negación de la política. Señalaban que en su opinión eran todos unos ladrones. Esto, permitía suponer que votarían nulo de cara a la obligatoriedad del voto porque asertivamente no entregaban un nombre. Sin embargo, la votación por los nulos no fue necesariamente más alta que en procesos eleccionarios anteriores.

También, hubo un porcentaje preferencialmente mujeres que estaban cegadas hacia la candidata mujer porque era comunista. Estas mujeres argumentan que Jeannette Jara además de ser comunista, era ladrona. Y cuando se les pedía que transparentasen pruebas a las acusaciones, se envalentonaban de rabia y respondían con garabatos y agresiones verbales. En la contraparte, hubieron mujeres jóvenes, adultas jóvenes con temor a expresar al interior de sus familias su verdadera opción, la necesidad de protección en el silencio ante el quiebre familiar, y el necesario ocultamiento de opción. Había un temor a visualizarse en un gobierno de ultraderecha, un temor a ser reconocida y visibilizada como “roja comunacha”.

Un factor sorprendente y a destacar fue la salida del closet del militante de derecha dura en la calle. Un porcentaje de hombres y mujeres adultos y adultas expresaron claramente esta vez, su posicionamiento político y dijeron: “soy de derecha”, incluso, algunos confidenciaban su militancia.

En verdad, el 42% obtenido en segunda vuelta por la candidata, dada la división y el temor vehiculado fue alto, atrevido y valiente.

Una segunda argumentación también “desde dentro”, apela a la existencia de un clivaje radicalizado identitario de la izquierda movimientista que buscó de una manera exigente, agresiva e intolerante, imponer la candidatura comunista, pensando que ese posicionamiento hacía trizas la articulación del socialismo democrático, a la élite de la concertación sobreviviente. Y, de paso, resistiría y se alzaría con una victoria posible, a la derecha radicalizada en dos candidatos Kaiser y Kast. Una suerte de imaginario voluntarista acompañaría a la victoria. Esta opción por cierto no consideró las manipulaciones más actualizadas del algoritmo, y las lógicas binarias.

Lo que se quiere demostrar con estos dos argumentos, es que, para lo que sea que se llame y convocó como élite progresista chilena, centralizada en la capital, ya estaba escrito cual sería el desenlace.

En efecto, desde la instalación de Carolina Tohá como precandidata presidencial, y de acuerdo al diseño electoral que ya habían desplegado las ultraderechas chilenas, estaba de algún modo sellado que: esta candidatura era la única posibilidad que tenía la actual gobernanza de triunfar en estas elecciones presidenciales 2025. Por lo tanto, el quiebre que generó la no comprensión de esta dimensión de la realidad coyuntural, de parte de quienes apoyaron a Jeannette Jara en las primarias, no fue solamente y con exclusividad una cuestión de opción personal e individual frente al reconocimiento de quién fuera una mejor candidata, sino un quiebre político y cultural sobre la comprensión de la sociedad chilena en su conjunto, y del peso que tendría el voto obligatorio. 

De lo anterior se desprende que: en el corto tiempo político del que se disponía para esa decisión de primarias, el progresismo, el socialismo democrático, el socialismo democrático de izquierda, el frente amplio, y la izquierda comunista que definía su voto y participaba electoralmente, fueron sometidos al primer proceso de construcción de burbujas ideológicas, con una polarización al interior de la misma oferta. Esta polarización, sin duda, fue movida y manipulada por los medios de comunicación, en su mayoría controlados por la derecha y ultraderecha las cuales observaban el horizonte buscando tipos de discontinuidades que se daban, para no solamente detectarlas, conocerlas, sino que aprovecharlas con éxito a posteriori. Se polarizó esta primera convocatoria, a modo de ensayo general entre: comunistas, izquierda radicalizada, y demócratas de centro izquierda.

El encajonamiento de esta primaria entre Tohá y Jara, le dio a la ultraderecha y también al centro político disperso, los instrumentos lingüísticos para afrontar y diseñar comunicacionalmente la primera vuelta propiamente tal. Con el triunfo de Jara, el nicho común se consolidó, ya no había posibilidades, solamente cabía caminar lo que se venía con las botas puestas.

Lo que aprovechó comunicacional y culturalmente la ultraderecha electoral, al contrario de lo que señala la mayoría de las opiniones públicas de las izquierdas, que suelen resaltar el excelente liderazgo de Jeannette Jara, son más bien, aspectos latentes del imaginario simbólico de Chile, y que no fueron considerados al instituirla como la candidata a través del voto en las primarias. Otra forma desplegar el voluntarismo disciplinario a prueba de argumentación, con una incomprensión de la caracterización de la sociedad chilena en su conjunto, y una revictimización de cara al anticomunismo emergente. No fue posible durante todo ese proceso de primarias instalar una crítica a la narrativa del Partido Comunista sin tornarse automáticamente en anticomunista.

En efecto, a un sector de los chilenos y chilenas, su currículo no les dijo mucho: una mujer relativamente joven, (50 años) sin experiencia eleccionaria previa, sin manejo político previo de conducción organizacional partidaria o de otro tipo, no perteneciente a la élite ni a su historia, sin experiencia consistente en el ámbito internacional, proveniente de un gobierno desgastado generacionalmente, proveniente del partido comunista, y sin una trayectoria política sólida que mostrar, en lo general, hacía muy difícil su defensa ante el electorado.

Al voluntarismo de la disciplina comunista, al voluntarismo de la captura de un imaginario de izquierda socialista con un estilo de vida ya fragilizado producto del consumo y el modelo de redes sociales, y de una memoria de derechos humanos dificultosamente resiliente, asociado a un discurso anti élite, de procedencia comunal, anti clase media “gomero” aspiracional, anti baby boomers, con emergencia desde sectores populares, y la meritocracia, había que oponerle “desde dentro”, contenidos de campaña gestados desde 1990 en adelante, y un cambio de la sociedad chilena en su conjunto. No era posible.

También había que oponerle, resabios y remanentes culturales del 73 en adelante: todos quienes han sido presidentes de Chile, a excepción de Boric, se han inscrito en una tradición que de algún modo remite al 11 de septiembre de 1973.  Y en esta ocasión, después de 4 años de una experiencia inédita en la historia de este país, la elección presidencial volvería a definirse por los clivajes patrimoniales. Incluso, los de la misma izquierda, que los tiene, buscó en Tohá esa opción porque se entendió el momento histórico, y percibió que ese era el camino para enfrentar a esa derecha pinochetista resistentemente articulada y enclavada desde el advenimiento de la democracia.

Además, había que inyectarle un trabajo territorial y comunal que desde hace años las sucesivas gobernanzas han desestimado en su gestión y ejecución desde el Estado como servicio público.

Todos estos clivajes puestos en escena, fueron detectados por el algoritmo, y el candidato opositor de la ultraderecha generó una campaña básica, ideológicamente motivada por la promoción de una oposición radical a un gobierno considerado como la instalación del mal, frente al que se hacía necesario restaurar el bien, el orden a través de la seguridad, la patria frente a la inmigración, con retorno a la estabilidad y a los modelos clásicos ya conocidos de gobernanza: restauración con supremacía blanca, con supremacía de orden patriarcal, heterosexual, supremacía de cultura autoritaria proveniente de la dictadura.

Cuestiones de Fondo

Una visión experiencial enfocada más bien en la autocrítica, la autoevaluación de la izquierda pone otros énfasis en el análisis, y pondera como relevante desde el mediano plazo lo siguiente: 

1.- Desde el estallido social del 2019 se buscó organizar un orden que tiene que ver con el lenguaje woke del todes, y las variaciones del género. Y en eso proceso, las identidades en la diversidad, fragmentaron la institucionalidad política, y esa fragmentación derivó en la actualidad, a vivir un momento en que se requiere volver al universalismo, o a los universales.

 En este tiempo ocurrieron los procesos constitucionales fracasados y la evaluación incluida de Giorgio Jackson. (https://democracia.udp.cl/el-fin-de-un-ciclo-que-esperar-ahora/). Y, en esta última elección, de acuerdo a la segmentación usada por Juan Carlos Gómez Leyton en ¿De que sirvió la revuelta de Octubre del 2019 para el movimiento popular? (2025), la “ciudadanía despolitizada” optó por sostener el modelo de políticas neoliberales, y, por un proceso de regresión democrática que tenderá a inhibir los procesos de diferenciación en curso, sobre todo, en lo que respecta a los procesos de subjetivación identitaria-sexual y a la proliferación de estas narrativas.

En efecto, la instalación de ese ordenamiento que incluía la visibilidad del feminismo en su deconstrucción de enclaves de colonización ideológica y cultural, tanto en la gobernanza como en la gobernabilidad del presidente Boric a nivel nacional y regional tuvo su intensidad e impacto en estos 4 años. Se trató de un orden que acumuló distancia social entre generaciones, entre la gente rural y urbana hecha en un lenguaje emergente, sofisticado que también tuvo su componente de exclusión digital y de las redes.

 Se trato de un orden tiene que ver con los puentes comunicacionales rotos, quebrados entre el ejercicio de la gobernanza y las personas, entre la ciudadanía, la vida diaria, los estilos de vida y los liderazgos emergentes. La exposición de subjetividad terminó en el cansancio de la población, la incomprensión, y la saturación de los espacios de conversación.

Se asocia a lo anterior, los procesos de descolonización que comienzan a ser gerenciados desde la academia por una parte y por los movimientos sociales étnicos y raciales por otra, los cuales se mostraron en esta elección ausentes, desajustados y sin anclaje masivo en la población electoral.

Un ejemplo de los anterior es la propuesta del presidente electo de reponer la figura de la primera dama y habitar el palacio de la Moneda. Ambas instalaciones evidencian un revival colonial, real, monárquico que se ajustan a una restauración del antiguo orden, aunque sea simbólico y cultural. Sin embargo, a la mayoría de la población, esta discusión no le hace sentido, y otra ciudadanía la avala bajo la idea de austeridad, la caridad del trabajo social, y un cierto romanticismo respeto de la representación de una corte y una vida cortesana aristocratizante y venida a menos.

2.- Por otra parte, la izquierda en su conjunto también tiene que evaluar la pérdida de vínculos de la élite de izquierda cultural e intelectual con el pueblo, la ciudadanía en general. Los partidos políticos de izquierda dejaron de estar en las poblaciones y en los barrios. La militancia ha modificado su quehacer y su trabajo político, incluso su inserción y su disciplina. Se han definido diferentes tipos de militancia y trabajo partidario, lo que implica buscar redefinir el sustrato valórico, de compromiso y de responsabilidad social que podría reconfigurar una vida comunitaria y de bienestar. Los partidos políticos de izquierda no pueden seguir siendo dirigidos desde el centro a la periferia, desde la capital a las regiones. Ni los recursos financieros ordenados y administrados conforme esa disposición.

Sin ir más lejos, los funcionarios públicos en las últimas décadas tienen una concepción del trabajo y de sus funciones que se neutralizó con el paso del tiempo. Desde el arribo del primer gobierno de Sebastián Piñera, las condiciones laborales fueron cambiando en relación con la relación con los territorios, barrios, comunas, y vecindad. Por lo mismo, cualquiera construcción política partidaria debiera redefinir estas circunstancias considerando el sentir y las culturas regionales. De hecho, los gobiernos regionales que se constituyeron en una cultura democrática de funcionarios y servidores públicos desde los años noventa en adelante ya no son los mismos. La visión que tienen de sí mismos y de su trabajo no es univoca, ni se corresponde necesariamente con una dimensión de la política.

Por otra parte, la modernización del Estado, en torno a las exigencias del Servicio Electoral, y en torno al mismísimo servicio público y la selección de puestos de trabajo, tiene sus consecuencias que implican redefinir una política partidaria, de finanzas y militante. No se puede seguir tapando el sol con un dedo en relación con la investigación, el estudio y la definición de la ciudadanía electoral post restauración del voto obligatorio.

3.- En fin, la izquierda tiene que redefinir un proyecto de transformación y de demandas que permitan trabajar a corto plazo para la recuperación de lo local a dos años y medio de plazo para las próximas elecciones regionales y comunales. Específicamente, el socialismo democrático, debiera coincidir en un trabajo social para la reconstitución de las estructuras y organización partidarias en las comunas. Sin ellas, y sin un plan de trabajo que dirima sobre las circunstancias y el trabajo militante, será difícil recuperar presencia socialista en las urnas.

4.- Toda vez que puedan ser reflexionadas estas consideraciones, será necesario insertarlas en la construcción de una política de alianzas políticas y también un escenario latinoamericano. En este contexto, evaluar y reconsiderar lo que fue el trabajo de campaña electoral, es decir, las formas y los estilos de trabajo y de campaña que se desplegaron, los quiebres que se generaron y los liderazgos que construyeron. Es evidente que, en una sociedad permeada por el individualismo, el egoísmo, y los personalismos, es necesario repensar la educación política y el reconocimiento de lideres y lideresas. 

De cualquier manera que, este proceso sea conducido en lo público, el lenguaje revanchista, patriarcal, y la agresión anticomunista debería acabarse. O al menos, bajar de intensidad. Mal que mal, el presidente electo llamó al orden. Y delineo, un orden barrial, vecinal. Y, en revival expresivo de la memoria viva, recordé que, en dictadura, Pinochet y la señora Lucía mandaban a pintar la casa, izar la bandera, a modo de obligación cívica. Aunque obligatoria desde el 11 de septiembre en adelante.  

Bibliografía

1.Nunes y Trauman, 2023: Biografía del Abismo, www.harpercollins.com.br

2. Levitsky y Ziblatt, 2022: Como mueren las democracias, editorial planeta, Santiago, Chile.

3. Gómez Leyton J.C: 2025: ¿De que sirvió la revuelta de octubre del 2019 para el movimiento popular? Ediciones Pueblo Unido Cippsal Santiago de Chile

4.- Habermas, 2023: Después de Marx la reconstrucción del materialismo histórico, Taurus España.

5.- Giorgio Jackson (https://democracia.udp.cl/el-fin-de-un-ciclo-que-esperar-ahora/).

6.- Luna, J.P.  2024: ¿Democracia Muerta? Editorial Planeta, Santiago Chile.

7.- Varoufakis, Y. 2023: Tecno Feudalismo, ediciones Deusto, Planeta Chile.