lunes, 29 de diciembre de 2025

Chile y sus repertorios: reflexiones de una campaña electoral

 



Chile y sus repertorios: reflexiones de una campaña electoral (primera parte)

En la cultura, en la historia reciente de Chile desde el 73 en adelante y en la memoria debería haberse encontrado el sentido subyacente que defendiera la opción de un voto presidencial. Se trataría de una cultura que otorga no solamente una memoria, un imaginario social y simbólico, sino un estilo de vida.

Es cierto que, a partir del ejercicio de una gobernabilidad nacional y regional, en este último periodo presidencial, se construyó un zanjón entre la generación de los baby boomers, y las generaciones actuales incluida los k-pop, los reguetoneros, los narcos delirantes hip-hoperos. Y, es cierto que, hay otro zanjón, hundido en el clivaje de la biblia evangélica, el buey de la hacienda, y la bala militar, o a estas alturas paramilitar narcotizada. Se trata del clivaje de las tres B chilenas: un símil a las 3b brasileñas. ( https://lililetelier.blogspot.com/2025/10/las-3-b-en-la-politica.html )

Sin embargo, mientras, la zanja de las edades y las generaciones se tomó de un tiempo del cual no se disponía, dada la urgencia de los acontecimientos; la zanja de las 3b bien pudo, no disolverse, sin tal vez, bañarse en un mismo río.

Al primer zanjón había que hacerle un drenaje, una forma de recauchaje. Y al segundo, había que colocarle un estado nación, un estado de bienestar, un estado tres puntos cero. Y es por eso que el horizonte de la memoria jugaba un rol importante, novedoso, y crucial en estas elecciones.

En efecto, la mayoría de quienes concurrieron a votar mayores de cuarenta y cinco años se dan cuenta y se auto notifican que existe y asisten a: un revival pinochetista en esta elección. Se trata sin embargo de un revival de la desmemoria, de la amnesia, de las lagunas mentales porque se trata de una memoria que se erige, resiste desde el antiguo régimen, y se defiende como una identidad a conservar desde inicios de la transición.

En la actualidad, este revival anda a la orden del día, y del clima, porque un día se vale de un travestismo brutal que busca definirse desde el centro hacia la derecha, y otro día es un deslavamiento o blanqueamiento social negacionista. Sin embargo, el que resulta ser definitivamente un "empacho" como se acostumbraba llamar antiguamente a una dolencia, es este último: el deslavamiento o blanqueamiento de la memoria como resultado incomprensible de la invisibilidad, la incomunicación, que revela un déficit de la digestión debida.

A propósito de este déficit, y solamente como constatación del hecho, le escuché decir a algunos jóvenes por estos días lo siguiente: “este pinochetismo de ahora tiene una expresión impúdica y una sinvergüenzura en defensa del negacionismo de la ciencia, de la cultura, de los Derechos Humanos, del avance de las mujeres, del cambio climático, y más recientemente frente al genocidio de Gaza”. Sin embargo, lo peor, es que se mantuvieron tras las sombras durante el advenimiento de la democracia. Cual fuerza oscurantista, masticaron el cambio de régimen político, pero no alcanzaron a digerirlo en su expresión comunicativa, -y ahora buscan reactualizarse mientras dure el revival de restauración-.

Entre tanto, y como zanja mental, se les generó a nivel neuronal, una pifia de comprensión y por sobre todo de conexiones que no permiten la reflexión sobre estas circunstancias históricas del siglo XXI.  Se trata de expresiones identitarias que no alcanzaron a definirse desde un estado laico protector. O, en su ausencia, construyeron lealtad con sus respectivas iglesias y pastores.

Este pinochetismo desvergonzado e impúdico que ha estado presente en el Chile desde el 73 en adelante, se pensaba que estaba de algún modo acorralado, que tenía guardarraíles generados por el establecimiento y construcción de la cultura de una ética de mínimos desde los noventa, pero no ha sido así. Es un sector de expresión ciudadana, que se reconstituyó post estallido social, y durante estos últimos cuatro años. Y en lo que va del primer cuarto del siglo XXI, en este último tiempo, han logrado visibilizarse nuevamente desde un lugar democrático, siendo claramente antidemocráticos.

En este sentido, la falta de memoria no es lo mismo que tener memoria selectiva.

En efecto, se suma a lo anterior, la fidelización de los electores evangélicos en un partido político. Esto permitió que, un clivaje se quedase a resguardo de la expresión de los derechos de las mujeres al no aceptar la sexualidad y la reproducción como conceptos de políticas públicas, y al rechazar el concepto de género como categoría explicativa de una dimensión de la experiencia vital. Se trata entonces de una visión conservadora que se une al de la supremacía blanca en un sentido fetichista.

Pero hay más. El cruce del clivaje de la biblia evangélica, con la bala del miedo, resultan ser una letanía que repetida a fuego lento ensaya una explosión delirante rural-urbana. Sin embargo, lo que más asombra es el hilo sutil que teje estos tres componentes: una devoción vasalla a la blancura oxigenada de la migración europea: alemana, judío converso que provino durante la primera cincuentena del siglo XX y que se iniciara durante la colonia en el siglo XIX.

La Supremacía Blanca Alemana

Los criterios y preguntas que son formuladas por Levitsky y Ziblatt en Como Mueren las Democracias (2018) y que permiten clasificar a un líder como demagogo y autoritario se ajustan no solamente a Trump sino a lo que está aconteciendo en Chile con Kast y Kaiser. Principalmente interesa revisar y poner atención a lo que representa Kast debido al alto nivel de adhesión que lo mantuvo en las encuestas en el primer lugar, y que de hecho fue el candidato electo, el próximo presidente de la República.

Según las diferentes encuestas de opinión circulantes los electores de Kast se ubican entre los 18 y 44 años de edad, tienen educación secundaria realizada o incompleta, tienen salarios bajos y medios los que pueden como máximo alcanzar al millón de pesos. En su mayoría son votantes que no tienen un clivaje de comprensión de lo que sea la democracia, y el juego democrático. Tampoco tienen comprensión del significado de la experiencia autoritaria dictatorial.

Han sido desterrados de la gobernabilidad y gobernanza en términos de pasado, presente y futuro político por las mismas razones declaradas por Luna en: ¿Democracia Muerta? (2024). Se trata de un desarraigo de la noción de “patria” como principio ético fundante normativo al nivel del super ego en la estructura de personalidad. Un desarraigo de la consciencia moral y cognoscitiva como parte de la identidad del yo, de la familia, de la escuela, la educación en general (Habermas, 2023).

En general, es una desvinculación, una desconexión, o un descentramiento psíquico adulterado que desde el punto de vista del Estado debería entregar protección, cuidado y adhesión de seguridad. Se trata de una no integración al modelo de desarrollo ni de crecimiento. Se trata de una proliferación en los márgenes, en la periferia, en la autopercepción que se es un “winner” por cada día de sobrevivencia. 

Como se dice con anterioridad, la edad de los votantes indica que en su mayoría no vivieron la dictadura, directamente no se vincularon con las violaciones a los derechos humanos, y por lo tanto, por su registro de memoria vivencial, la memoria histórica del país no los compromete a una cierta ética social ciudadana. A decir verdad, no tienen apego a la historia, no les interesa la ética, la experiencia moral, la reflexión sobre la misma. Tampoco, el proceso de toma de consciencia de la reflexividad y la introspección para la vida humana. Nada de lo que constituye lo comunitario, lo social, en el lenguaje está en el registro que podría convocarlos a inaugurar una trayectoria humana. 

En términos vivenciales, se han formado preferentemente en un clima político que puede nombrarse como el desmantelamiento de la democracia formal, liberal, recuperada durante la década de los noventa, y decaída, o venida a menos en su propuesta de reformas sustantivas a partir del 2.010.

En un contexto de pérdida progresiva de civismo, aumento del analfabetismo, o déficit conversacional presencial como incluso efecto pospandémico, o déficit lingüístico a lo habermasiano, (2023) vale la hacerse la pregunta: ¿Cuál sería el drive de conexión con el candidato Kast?

En efecto, cuando no se tiene nada y no se vislumbra nada como posibilidad, como futuro próximo de gobernanza, entonces, la seducción, el encantamiento del aullido del lobo se desliza por la estepa, y genera seguimiento de manada. Un eco de cacería se expande, aunque se trate de un lobo con piel de oveja.

Los seguidores del lobo con piel de oveja, los aspiracionales sociales emergentes de estos años, endurecidos por la vida en su mayoría operan a la sombra, de la figura blanca racial, y rostro afilado, agudo, de los inmigrantes nacionalizados desde la colonia. Lo más terrible es que los mismísimos blancos, tampoco los quieren visibles a la hora de operar en la granja de los bots y en los trolls, por eso no muestran su rostro ni sus nombres propios en las redes, ya que su mayor grandeza consiste en mimetizarse con el líder. Trabajan escondidos en las sombras porque su rostro ganador en la vida, y presentable al mundo es precisamente Kast: la supremacía racial blanca pálida. Sin embargo, se trata de una expresión remanente en Chile de la maldición de Malinche Mexicana cantada por Amparo Ochoa y Gabino Palomares.  

Es triste porque nadie de la patria quiere reclamarlos como suyos. Los calificativos sociales más humanos con los cuales se los designa socialmente al nicho de los votantes de Kast y Kaiser, es decir la más suave forma de nombrarlos es bajo el seudónimo de: “Facho”. Y hay fachos pobres y fachos ricos pinochetistas autócratas y antidemocráticos. Hay un tipo de facho pobre, huaso rural, aún no emprendor, y un tipo de facherio rico pinochetista patrón de fundo, ahora, empresario de la fruta. Hay un tipo de facherio zorrón urbano, y hay un tipo de facherio zorrón rural.

Y ¿quién es el lobo con piel de oveja reseteado Kast en el 2025?

Es un ser humano que ha vivido toda su vida de los abolengos rancios pinochetistas, asociados a la explotación de su figura corporal, que en territorios donde la morenidad, la morenicie, es un resabio de los morenos. Suele tener un plus de capital social, sobreviviente, sea para la reproducción de la especie, las mixogenaciones necesarias, la mezcla.

Pregunta: ¿cómo opera en el siglo XXI esta suerte de arrobamiento enamoradizo, sumiso, contradictorio? ¿Es impúdico porque es misógino? Y, ¿es perverso en su confusión o ambigüedad de valores? En efecto, Kast no codifica las comunicaciones que se le dan cuando no están en el registro del modelo o caja de resonancia, fue maquínico en los debates. Y todo lo que no obedece al entrenamiento de Steve Bannon lo dejaba parpadeando, en estado de recepción de información no clasificable, desechable.

La Chilenidad Democrática gobernada por: Depende

Kast instauró en campaña, en la oralidad el: “depende”. Sobre todo, cuando se lo interroga en relación con alguna situación compleja que requiere de la ética y el juicio moral. O requiere decisiones rápidas y que se perciben como entrada en un territorio de contexto histórico inexplicable. En campaña, evitó expresamente referirse a temas críticos.

Mientras, a la gente votante en general, y mayoritariamente en torno al 60% adulta, mayor de 50 años, le seguirá preocupando la corrupción de las instituciones en los diferentes poderes del Estado. Y la corrupción en cuanto corroe y cruza la sociedad y la vida social en su conjunto.

En estos años de decaimiento de la democracia, Boric dejará varias herencias. Es decir, traspasa a Kast variados asuntos de estado que no son detalles menores:

- el develamiento de las redes de circulación y tráfico de influencias y dinero en el poder Judicial a través del caso Hermosilla que se llevó además a Chadwick para la casa. Los casos de corrupción en el Poder Judicial.

- En el Estado, al quebrantamiento de la responsabilidad y el servicio público a través del caso de las licencias médicas, y las redes de narcotráfico al interior de las Fuerzas Armadas. (Se recordará que Dorothy Pérez fue nominada por Boric en el cargo).

- un clima de inseguridad social en general que va desde los problemas de delincuencia y violencia por redes sociales, portales de bancos, plataformas de compras digitales, asaltos telefónicos, en la calle, atracos en sus formas físicas, con riesgo de vida y presencial.

- la resolución del caso Monsalve, el caso de democracia viva, las fundaciones, y los gobiernos regionales.

- los fallos e investigación de la contraloría sobre el estado de cuentas de los ministerios.

- el clima post electoral como revival revanchista del victimario pinochetista.

- la compleja consideración de la migración asociada al narcotráfico.

         El hilo conductor que para la ciudadanía tienen todos estos hechos, es la progresiva pérdida de valores morales que le dan sustento a la vida social, al bienestar democrático. Al bien común. Y a la fecha, ninguna oferta programática de ninguna candidatura, le habló a esta circunstancia histórica que nos toca vivir y experimentar. Ni siquiera con la pregunta ¿Cómo recuperar este intangible patrimonial cuando se trata del buen vivir?

Así como en el libro Como mueren las Democracias Levitsky expone como de algún modo la derecha política autoritaria sistemáticamente va eliminando las barreras de contención que aseguran la democracia, socavando lentamente los principios de mínimos como: la debida legitimación del enemigo político desde la aplicación de la intolerancia y el negacionismo. También, se han ido desdibujando, las reglas no escritas como el respeto al quehacer de los diferentes poderes del Estado, como el parlamento, y la justicia, el respeto en el trato. 

La Derrota por la Dosimetría del Algoritmo (segunda parte)

El encapsulamiento en las burbujas ideológicas polarizadas probó que el manejo de un cierto lenguaje, en las comunicaciones, funciona. Y, hay un proceso de calcificación.

Prever la derrota electoral es un asunto, y la instalación del gobierno de Kast es otro escenario. Para todo evento, el lenguaje revanchista, y la agresión anticomunista creada durante el proceso de campaña electoral debería acabarse, o al menos bajar su intensidad.

Pero vayamos por partes. En esta derrota hay aspectos externos y aspectos internos. Y, por cierto, aspectos internacionales como lo es el surgimiento de gobiernos de ultraderecha que pueden ser llamados neonazis, iliberales, o neofascistas. Todos ellos para llegar al poder en las democracias actuales a líderes como Milei, Bolsonaro, o Trump, los cuales se valen de un modelo y diseño electoral vehiculado a través de las redes sociales. Este modelo aplicado genera: el encapsulamiento de nuestras mentes en burbujas ideológicamente polarizadas. Y, las calcifica.

A modo de ejemplo de su funcionamiento es como lo que ocurre en una carrera de caballos. Al inicio de la corrida, se les ponen anteojeras, para limitar el campo de visión del animal, de modo tal, que se concentre en lo que tiene delante y no se asuste con estímulos a los lados o por detrás. Se espera que con esta “ayuda” mejore su rendimiento y manejo. Aplicado a esta contienda, nosotros, los y las electores fuimos los caballos de la corrida.

Y en Chile, quedó demostrado con este resultado de la votación su buen funcionamiento y rendimiento. En la polarización binaria básica, la anteojera usada fue: comunistas/anticomunistas asociadas al caos, el desgobierno versus el orden y la restauración del mismo. Para ello, se usó una dosimetría del algoritmo aplicado gradualmente en todo el proceso de campaña electoral desde las primarias, la primera vuelta hasta la segunda vuelta. Y, esta estrategia de campaña electoral, fue vehiculada a través de los medios de comunicación, las redes sociales exitosamente.

Es evidente que la polarización ideológica comenzó durante las dos convocatorias e instalaciones de las respectivas asambleas constituyentes. Sumado al cansancio de un electorado que, conducido a la obligatoriedad del voto, concurrió a las urnas estos últimos tres años sin descanso. La ciudadanía electoral de la que habla Gómez Leyton (2025).

En un cierto sentido, la opción no ideológica dura del centro político: “ni facho ni comunacho” que emergió en la primera vuelta electoral presidencial desde el comando del candidato Parisi, se instaló en la esperanza de romper la polarización y la calcificación de las dos burbujas ideológicas imperantes.

Tal cual y conforme los resultados, esa opción logró una adhesión de cerca de un 20% de la votación, llegando a alcanzar un tercer lugar inesperado para quienes explican a través de las redes y medios estos fenómenos políticos dado que además se impuso en varias comunas del país. El candidato Parisi quedó a 4 puntos de pasar a la segunda vuelta, a 4 puntos de ganarle a la candidatura que, después de la segunda vuelta, se transformó en el presidente electo: José Antonio Kast.

Mirado en retrospectiva, en primera vuelta Kast el candidato de la ultraderecha, heredero de Pinochet y Jaime Guzmán, le ganó a Parisi el candidato de centro por 545.065 votos. Y, Jeannette Jara la candidata militante del Partido Comunista y representante de la alianza de partidos de gobierno le ganó a Kast en primera vuelta por 378.898. 

Lo que se quiere demostrar con los datos es que la adhesión electoral, ya en primera vuelta, se posicionaba buscando salidas alternativas a la polarización básica. Pero, también es cierto que la polarización una vez instalada, es muy difícil desarmarla. Estando instaladas las granjas de bots en contra de candidaturas de las mujeres, estando instalada y operativa la circulación de noticias falsas desde antes del proceso electoral propiamente tal, y durante todo el proceso eleccionario de primera vuelta, sin judicialización ni garantías de defensa democrática mínima, sin guardarraíles, con una red de medios y periodistas vasallos y serviles al poder de los empresarios, era bien poco lo que se podía hacer a nivel macro estructural (Levitsky y Ziblatt, 2018). Por lo mismo, ya en segunda vuelta, y con poco tiempo de campaña para profundizar en los contenidos, los resultados inclinaron la balanza hacia lo esperable.

En un cierto sentido, nadie quiso enfrentar a la instalación mediática y de redes que la ultraderecha Kast y Kaiser hicieron para posicionar sus candidaturas. Y, decir nadie es nombrar a los actores políticos con posicionamiento y peso que si pudieron hacerlo: la prensa, la televisión, la radio, las candidaturas en curso, los parlamentarios y parlamentarias demócratas. De este modo, la población electoral fue siendo dirigida por un camino sin salida, y hacia un tipo de información que convenía a los propósitos e intereses también de la derecha empresarial. El conjuro de la revancha política de parte de las derechas fue sellado con bastante tiempo de antelación.

Tal como es señalado por Nunes y Trauman en Biografía del Abismo, (2023) a partir de un cierto momento de la historia electoral de un país, se busca consolidar un “ecosistema de comunicación política sesgado que produce disonancias cognitivas colectivas”. En este contexto, los electores y electoras intentan desviar las disonancias, consumiendo información solamente sobre aquello que les interesa, configurando lo que se denomina “sesgo de confirmación”. (:54-55) Bajo esta configuración, se abre un espacio para las noticias falsas, las comunicaciones polarizadas, las granjas de bots, los trolls, etc., las cuales son utilizadas precisamente para inyectar el miedo, la amenaza, los prejuicios sobre los otros y otras. En este contexto, el discurso del caos, temor a los inmigrantes, y la seguridad anticomunista le hizo sentido al 58% de la población.

La Derrota a Nivel Interno: desde la izquierda

Una primera argumentación podría apelar a la condición reflexiva, analítica y de un cierto modo iluminista de la cual se supone depositaria la élite, los intelectuales, los partidos políticos de las izquierdas para interpelar a la ausencia de responsabilidad en el manejo de los tiempos, los plazos en política electoral y el manejo de los medios. Es como decir que hay un tiempo para hacer la política y otro tiempo de las plataformas digitales. (Varoufakis, 2023)

Podría afirmarse que no se acudió a tiempo con el darse cuenta que: la población estaba siendo conducida al matadero electoral, producto de la instalación de la ya manoseada burbuja ideológica del anticomunismo que terminó en la calcificación y satanización del color rojo. Pero, concatenada así la narrativa, y el proceso electoral en su conjunto, solamente pueden servir para comprender el resultado electoral de segunda vuelta, de ningún modo, los comportamientos previos y relativos a la cultura política, que debieron ser desmontados o deconstruidos, una vez que se determinó el cierre de los plazos de la primaria, y se construyera el escenario de la primera vuelta presidencial.

Así como no es útil llorar sobre la leche derramada, puede ser útil advertir que una sociedad construida a partir de burbujas ideológicas polarizadas en este sistema de comunicación, no le es fácil recuperar la veracidad, la confianza, ni superar los quiebres instalados al interior de los núcleos de convivencia ciudadana. Al finalizar el proceso de campaña de segunda vuelta, las familias ya estaban divididas, polarizadas y calcificadas: los hijos e hijas tenían posiciones distintas a las de sus padres, y en muchas parejas adultas, los hombres tenían un voto favorable a Kast y las mujeres, un voto favorable a Jara. O al revés, hombres adultos que favorecían el voto hacia Jara y sus parejas, hacia Kast.

En elecciones anteriores a estas, donde se usaba la dinámica del “puerta a puerta”, o el convencimiento con conversación callejera al entregar el volante o panfleto político, la gente lo recibía, a veces abría la puerta de su casa, o bien, en la calle se instalaba a conversar sobre las dudas, las propuestas de cada candidatura. Era un momento de ejercicio de la civilidad, donde bien podían encararse opciones distintas, pero con reconocimiento del otro u otra en sus legítimas interrogantes, preguntas, posicionamientos políticos.

En esta ocasión, en la segmentación de la calle, hubo un porcentaje preferencialmente hombres que estaban cegados hacia la política. En la calle, respondieron con una negación de la política. Señalaban que en su opinión eran todos unos ladrones. Esto, permitía suponer que votarían nulo de cara a la obligatoriedad del voto porque asertivamente no entregaban un nombre. Sin embargo, la votación por los nulos no fue necesariamente más alta que en procesos eleccionarios anteriores.

También, hubo un porcentaje preferencialmente mujeres que estaban cegadas hacia la candidata mujer porque era comunista. Estas mujeres argumentan que Jeannette Jara además de ser comunista, era ladrona. Y cuando se les pedía que transparentasen pruebas a las acusaciones, se envalentonaban de rabia y respondían con garabatos y agresiones verbales. En la contraparte, hubieron mujeres jóvenes, adultas jóvenes con temor a expresar al interior de sus familias su verdadera opción, la necesidad de protección en el silencio ante el quiebre familiar, y el necesario ocultamiento de opción. Había un temor a visualizarse en un gobierno de ultraderecha, un temor a ser reconocida y visibilizada como “roja comunacha”.

Un factor sorprendente y a destacar fue la salida del closet del militante de derecha dura en la calle. Un porcentaje de hombres y mujeres adultos y adultas expresaron claramente esta vez, su posicionamiento político y dijeron: “soy de derecha”, incluso, algunos confidenciaban su militancia.

En verdad, el 42% obtenido en segunda vuelta por la candidata, dada la división y el temor vehiculado fue alto, atrevido y valiente.

Una segunda argumentación también “desde dentro”, apela a la existencia de un clivaje radicalizado identitario de la izquierda movimientista que buscó de una manera exigente, agresiva e intolerante, imponer la candidatura comunista, pensando que ese posicionamiento hacía trizas la articulación del socialismo democrático, a la élite de la concertación sobreviviente. Y, de paso, resistiría y se alzaría con una victoria posible, a la derecha radicalizada en dos candidatos Kaiser y Kast. Una suerte de imaginario voluntarista acompañaría a la victoria. Esta opción por cierto no consideró las manipulaciones más actualizadas del algoritmo, y las lógicas binarias.

Lo que se quiere demostrar con estos dos argumentos, es que, para lo que sea que se llame y convocó como élite progresista chilena, centralizada en la capital, ya estaba escrito cual sería el desenlace.

En efecto, desde la instalación de Carolina Tohá como precandidata presidencial, y de acuerdo al diseño electoral que ya habían desplegado las ultraderechas chilenas, estaba de algún modo sellado que: esta candidatura era la única posibilidad que tenía la actual gobernanza de triunfar en estas elecciones presidenciales 2025. Por lo tanto, el quiebre que generó la no comprensión de esta dimensión de la realidad coyuntural, de parte de quienes apoyaron a Jeannette Jara en las primarias, no fue solamente y con exclusividad una cuestión de opción personal e individual frente al reconocimiento de quién fuera una mejor candidata, sino un quiebre político y cultural sobre la comprensión de la sociedad chilena en su conjunto, y del peso que tendría el voto obligatorio. 

De lo anterior se desprende que: en el corto tiempo político del que se disponía para esa decisión de primarias, el progresismo, el socialismo democrático, el socialismo democrático de izquierda, el frente amplio, y la izquierda comunista que definía su voto y participaba electoralmente, fueron sometidos al primer proceso de construcción de burbujas ideológicas, con una polarización al interior de la misma oferta. Esta polarización, sin duda, fue movida y manipulada por los medios de comunicación, en su mayoría controlados por la derecha y ultraderecha las cuales observaban el horizonte buscando tipos de discontinuidades que se daban, para no solamente detectarlas, conocerlas, sino que aprovecharlas con éxito a posteriori. Se polarizó esta primera convocatoria, a modo de ensayo general entre: comunistas, izquierda radicalizada, y demócratas de centro izquierda.

El encajonamiento de esta primaria entre Tohá y Jara, le dio a la ultraderecha y también al centro político disperso, los instrumentos lingüísticos para afrontar y diseñar comunicacionalmente la primera vuelta propiamente tal. Con el triunfo de Jara, el nicho común se consolidó, ya no había posibilidades, solamente cabía caminar lo que se venía con las botas puestas.

Lo que aprovechó comunicacional y culturalmente la ultraderecha electoral, al contrario de lo que señala la mayoría de las opiniones públicas de las izquierdas, que suelen resaltar el excelente liderazgo de Jeannette Jara, son más bien, aspectos latentes del imaginario simbólico de Chile, y que no fueron considerados al instituirla como la candidata a través del voto en las primarias. Otra forma desplegar el voluntarismo disciplinario a prueba de argumentación, con una incomprensión de la caracterización de la sociedad chilena en su conjunto, y una revictimización de cara al anticomunismo emergente. No fue posible durante todo ese proceso de primarias instalar una crítica a la narrativa del Partido Comunista sin tornarse automáticamente en anticomunista.

En efecto, a un sector de los chilenos y chilenas, su currículo no les dijo mucho: una mujer relativamente joven, (50 años) sin experiencia eleccionaria previa, sin manejo político previo de conducción organizacional partidaria o de otro tipo, no perteneciente a la élite ni a su historia, sin experiencia consistente en el ámbito internacional, proveniente de un gobierno desgastado generacionalmente, proveniente del partido comunista, y sin una trayectoria política sólida que mostrar, en lo general, hacía muy difícil su defensa ante el electorado.

Al voluntarismo de la disciplina comunista, al voluntarismo de la captura de un imaginario de izquierda socialista con un estilo de vida ya fragilizado producto del consumo y el modelo de redes sociales, y de una memoria de derechos humanos dificultosamente resiliente, asociado a un discurso anti élite, de procedencia comunal, anti clase media “gomero” aspiracional, anti baby boomers, con emergencia desde sectores populares, y la meritocracia, había que oponerle “desde dentro”, contenidos de campaña gestados desde 1990 en adelante, y un cambio de la sociedad chilena en su conjunto. No era posible.

También había que oponerle, resabios y remanentes culturales del 73 en adelante: todos quienes han sido presidentes de Chile, a excepción de Boric, se han inscrito en una tradición que de algún modo remite al 11 de septiembre de 1973.  Y en esta ocasión, después de 4 años de una experiencia inédita en la historia de este país, la elección presidencial volvería a definirse por los clivajes patrimoniales. Incluso, los de la misma izquierda, que los tiene, buscó en Tohá esa opción porque se entendió el momento histórico, y percibió que ese era el camino para enfrentar a esa derecha pinochetista resistentemente articulada y enclavada desde el advenimiento de la democracia.

Además, había que inyectarle un trabajo territorial y comunal que desde hace años las sucesivas gobernanzas han desestimado en su gestión y ejecución desde el Estado como servicio público.

Todos estos clivajes puestos en escena, fueron detectados por el algoritmo, y el candidato opositor de la ultraderecha generó una campaña básica, ideológicamente motivada por la promoción de una oposición radical a un gobierno considerado como la instalación del mal, frente al que se hacía necesario restaurar el bien, el orden a través de la seguridad, la patria frente a la inmigración, con retorno a la estabilidad y a los modelos clásicos ya conocidos de gobernanza: restauración con supremacía blanca, con supremacía de orden patriarcal, heterosexual, supremacía de cultura autoritaria proveniente de la dictadura.

Cuestiones de Fondo

Una visión experiencial enfocada más bien en la autocrítica, la autoevaluación de la izquierda pone otros énfasis en el análisis, y pondera como relevante desde el mediano plazo lo siguiente: 

1.- Desde el estallido social del 2019 se buscó organizar un orden que tiene que ver con el lenguaje woke del todes, y las variaciones del género. Y en eso proceso, las identidades en la diversidad, fragmentaron la institucionalidad política, y esa fragmentación derivó en la actualidad, a vivir un momento en que se requiere volver al universalismo, o a los universales.

 En este tiempo ocurrieron los procesos constitucionales fracasados y la evaluación incluida de Giorgio Jackson. (https://democracia.udp.cl/el-fin-de-un-ciclo-que-esperar-ahora/). Y, en esta última elección, de acuerdo a la segmentación usada por Juan Carlos Gómez Leyton en ¿De que sirvió la revuelta de Octubre del 2019 para el movimiento popular? (2025), la “ciudadanía despolitizada” optó por sostener el modelo de políticas neoliberales, y, por un proceso de regresión democrática que tenderá a inhibir los procesos de diferenciación en curso, sobre todo, en lo que respecta a los procesos de subjetivación identitaria-sexual y a la proliferación de estas narrativas.

En efecto, la instalación de ese ordenamiento que incluía la visibilidad del feminismo en su deconstrucción de enclaves de colonización ideológica y cultural, tanto en la gobernanza como en la gobernabilidad del presidente Boric a nivel nacional y regional tuvo su intensidad e impacto en estos 4 años. Se trató de un orden que acumuló distancia social entre generaciones, entre la gente rural y urbana hecha en un lenguaje emergente, sofisticado que también tuvo su componente de exclusión digital y de las redes.

 Se trato de un orden tiene que ver con los puentes comunicacionales rotos, quebrados entre el ejercicio de la gobernanza y las personas, entre la ciudadanía, la vida diaria, los estilos de vida y los liderazgos emergentes. La exposición de subjetividad terminó en el cansancio de la población, la incomprensión, y la saturación de los espacios de conversación.

Se asocia a lo anterior, los procesos de descolonización que comienzan a ser gerenciados desde la academia por una parte y por los movimientos sociales étnicos y raciales por otra, los cuales se mostraron en esta elección ausentes, desajustados y sin anclaje masivo en la población electoral.

Un ejemplo de los anterior es la propuesta del presidente electo de reponer la figura de la primera dama y habitar el palacio de la Moneda. Ambas instalaciones evidencian un revival colonial, real, monárquico que se ajustan a una restauración del antiguo orden, aunque sea simbólico y cultural. Sin embargo, a la mayoría de la población, esta discusión no le hace sentido, y otra ciudadanía la avala bajo la idea de austeridad, la caridad del trabajo social, y un cierto romanticismo respeto de la representación de una corte y una vida cortesana aristocratizante y venida a menos.

2.- Por otra parte, la izquierda en su conjunto también tiene que evaluar la pérdida de vínculos de la élite de izquierda cultural e intelectual con el pueblo, la ciudadanía en general. Los partidos políticos de izquierda dejaron de estar en las poblaciones y en los barrios. La militancia ha modificado su quehacer y su trabajo político, incluso su inserción y su disciplina. Se han definido diferentes tipos de militancia y trabajo partidario, lo que implica buscar redefinir el sustrato valórico, de compromiso y de responsabilidad social que podría reconfigurar una vida comunitaria y de bienestar. Los partidos políticos de izquierda no pueden seguir siendo dirigidos desde el centro a la periferia, desde la capital a las regiones. Ni los recursos financieros ordenados y administrados conforme esa disposición.

Sin ir más lejos, los funcionarios públicos en las últimas décadas tienen una concepción del trabajo y de sus funciones que se neutralizó con el paso del tiempo. Desde el arribo del primer gobierno de Sebastián Piñera, las condiciones laborales fueron cambiando en relación con la relación con los territorios, barrios, comunas, y vecindad. Por lo mismo, cualquiera construcción política partidaria debiera redefinir estas circunstancias considerando el sentir y las culturas regionales. De hecho, los gobiernos regionales que se constituyeron en una cultura democrática de funcionarios y servidores públicos desde los años noventa en adelante ya no son los mismos. La visión que tienen de sí mismos y de su trabajo no es univoca, ni se corresponde necesariamente con una dimensión de la política.

Por otra parte, la modernización del Estado, en torno a las exigencias del Servicio Electoral, y en torno al mismísimo servicio público y la selección de puestos de trabajo, tiene sus consecuencias que implican redefinir una política partidaria, de finanzas y militante. No se puede seguir tapando el sol con un dedo en relación con la investigación, el estudio y la definición de la ciudadanía electoral post restauración del voto obligatorio.

3.- En fin, la izquierda tiene que redefinir un proyecto de transformación y de demandas que permitan trabajar a corto plazo para la recuperación de lo local a dos años y medio de plazo para las próximas elecciones regionales y comunales. Específicamente, el socialismo democrático, debiera coincidir en un trabajo social para la reconstitución de las estructuras y organización partidarias en las comunas. Sin ellas, y sin un plan de trabajo que dirima sobre las circunstancias y el trabajo militante, será difícil recuperar presencia socialista en las urnas.

4.- Toda vez que puedan ser reflexionadas estas consideraciones, será necesario insertarlas en la construcción de una política de alianzas políticas y también un escenario latinoamericano. En este contexto, evaluar y reconsiderar lo que fue el trabajo de campaña electoral, es decir, las formas y los estilos de trabajo y de campaña que se desplegaron, los quiebres que se generaron y los liderazgos que construyeron. Es evidente que, en una sociedad permeada por el individualismo, el egoísmo, y los personalismos, es necesario repensar la educación política y el reconocimiento de lideres y lideresas. 

De cualquier manera que, este proceso sea conducido en lo público, el lenguaje revanchista, patriarcal, y la agresión anticomunista debería acabarse. O al menos, bajar de intensidad. Mal que mal, el presidente electo llamó al orden. Y delineo, un orden barrial, vecinal. Y, en revival expresivo de la memoria viva, recordé que, en dictadura, Pinochet y la señora Lucía mandaban a pintar la casa, izar la bandera, a modo de obligación cívica. Aunque obligatoria desde el 11 de septiembre en adelante.  

Bibliografía

1.Nunes y Trauman, 2023: Biografía del Abismo, www.harpercollins.com.br

2. Levitsky y Ziblatt, 2022: Como mueren las democracias, editorial planeta, Santiago, Chile.

3. Gómez Leyton J.C: 2025: ¿De que sirvió la revuelta de octubre del 2019 para el movimiento popular? Ediciones Pueblo Unido Cippsal Santiago de Chile

4.- Habermas, 2023: Después de Marx la reconstrucción del materialismo histórico, Taurus España.

5.- Giorgio Jackson (https://democracia.udp.cl/el-fin-de-un-ciclo-que-esperar-ahora/).

6.- Luna, J.P.  2024: ¿Democracia Muerta? Editorial Planeta, Santiago Chile.

7.- Varoufakis, Y. 2023: Tecno Feudalismo, ediciones Deusto, Planeta Chile.


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