domingo, 29 de marzo de 2026

El affaire Cicardini: el orden y la disciplina

 


El affaire Cicardini: el orden y la disciplina

Hablar desde la experiencia y practica militante socialista

Después de más de 26 años de militancia institucional ininterrumpida en el Partido Socialista de Chile, en democracia; después de reconocer la propia militancia en la clandestinidad, incluso con nombre “chapa”, es decir, con un nombre falso para autoprotección y protección de los demás, en tiempos de dictadura durante los años ochenta en la universidad, no consideraba, la voluntad ni la tentación de escribir para defender la institucionalidad, la disciplina de la práctica partidaria militante, la organización y su constitución.

En efecto, en mi historia tanto clandestina, como institucional partidaria que data de los años ochenta, he sido ingresada dos veces al Tribunal Supremo del PSCH. El TSPSCH (tribunal supremo del partido socialista de Chile) es la instancia máxima donde se evalúan los comportamientos políticos considerados anómicos, faltos a la fraternidad, a la institucionalidad, legalidad, principios y ética partidaria socialista.

La primera vez fue en tiempos de dictadura por cuestiones de desvíos a la línea de conducción del PSCH. En ese tiempo, se procuraba construir puentes hacia la Democracia Cristiana al interior de la vida universitaria para configurar los centros de alumnos de manera democrática.

Específicamente, en cuanto integrante de la directiva del centro de alumnos de la Escuela de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, habíamos concordado configurar un pacto político que no consideraba el lugar de privilegio que este partido consideraba le correspondía, ya desde ese tiempo, en la propuesta de unidad para la recuperación de la democracia.

En verdad, entre los alumnos y alumnas de filosofía de la PUC, ese partido no tenía mayor votación, entonces, se consideró que no se podía entregarles la presidencia del centro de alumnos de la escuela, solamente porque era una exigencia de unidad antidictatorial. En esa circunstancia apoyamos una articulación distinta de la lista del centro de alumnos y alumnas, propiamente de izquierda. El Partido Socialista en la clandestinidad, decidió sancionar a los y las socialistas que integraron ese pacto y articulación política que dejó fuera de la conducción a la DC, aplicando una sanción de suspensión fuera del partido. Fue un tiempo de congelación de la militancia que tuvo una duración de 5 meses.

Personalmente, al acatar la decisión partidaria, seguí siendo parte de la dirección del centro de alumnos de Filosofía, aunque en paralelo, comenzó la militancia en el movimiento feminista en Santiago, en tiempos de Julieta Kirkwood también socialista de la tendencia de los “suizos”. De manera tal que, cuando desde el partido vinieron a buscarme para retomar el quehacer partidario, ya era tarde, estaba comprometida en la participación movimientista feminista socialista que, en ese momento, le había dado un sentido más contundente a la propia trayectoria política. Así que amablemente señalé que ese sería mi lugar de participación y lucha en adelante. No dejaba de ser socialista, solamente que había despertado a la consideración de que la lucha de las mujeres no era secundaria a la lucha del proletariado: o iban juntas o no iban.

La segunda vez, fui enviada al Tribunal Supremo ya siendo militante “institucional” en un partido legalizado en la Región del Maule, en democracia, posterior al año 2.000 y siendo parte constitutiva del Tribunal Supremo de la Regional del Maule. Es decir, junto a otros tres compañeros formaba parte de este órgano regional cuando desde Santiago, y de manera centralizada, se decide aplicar la sanción mediante la que se descabeza, a nivel regional, a este órgano conformado institucionalmente. Y, con ello, se deja sin efecto y se desautoriza la constitución de la mesa regional de conducción del Partido.

Fue un procedimiento bastante engorroso, ocurrido en la Región del Maule, ya en tiempos democráticos y bajo el control del parlamentarismo regional de la institucionalidad partidaria. Con esto lo que se quiere explicar es que eran los parlamentarios quienes asumían el control de las decisiones partidarias a nivel regional, con sus respectivos lotes o tendencias, y, por lo tanto, cuando “determinadas circunstancias coyunturales” no le eran favorables a sus prácticas políticas, decidían de manera centralizada, a nivel nacional capitalino, sacar de la articulación a quienes consideraban “en indisciplina”. En la ocasión, el parlamentario y su tendencia decidieron sacar a todo el Tribunal Supremo legalmente constituido en la Región del Maule por conveniencia de su lote para la constitución de la directiva de acuerdo a sus intereses.

Aunque la molestia y la sensación de mal trato duró un tiempo, esta vez no consideré salirme del Partido. De algún modo, percibí el aprendizaje de la jerarquía, el ordenamiento institucional, y la presencia del factor disciplinario. Mientras, se generó consciencia y reflexión sobre la praxis militante en el sentido de observar y comprender la dinámica, el juego del poder en la constitución de posiciones al interior de las tendencias o lotes, y dentro de la institución partidaria.

El relato anteriormente expuesto solamente tiene sentido si considera el propósito de comprender y proponer un orden de lo acontecido esta semana en el Senado de la República. Y, como funciona la institucionalidad partidaria.

El affaire Cicardini

La opinión pública y principalmente las redes sociales han sido objeto esta última semana de marzo de un hecho ocurrido en el senado de la república y que dejaron en evidencia la forma en que se ejecuta y se practica la disciplina partidaria.

La presidenta del Partido Socialista, en su segundo mandato por 2 años del cual aún no se cumple formalmente 1 año, en lo que va de este segundo periodo a cargo de la conducción, se ve “obligada” por las circunstancias factuales de explicar que: las declaraciones de la vicepresidenta de la mujer del PS, senadora Cicardini, por lo tanto, también integrante de la dirección nacional, ahora, en el senado, no representan la vocería ni el sentir de la institución en su conjunto, ni de la bancada de senadores del Partido Socialista.

En lo concreto, la senadora por la región del Maule y actual presidenta del Partido Socialista Paulina Vodanovic, en un acto de afirmación de la institución partidaria, indica, en la sala del senado que la vocería de Cicardini, también senadora, y por cierto vicepresidenta de la actual dirección en ejercicio, no representa a los 9 parlamentarios senadores socialistas, ni por ende tampoco representa, a todo el Partido Socialista de manera institucional.

Y lo hace, en tiempos de redes sociales, donde los likes y emoticones definen a los adeptos democráticos, y a quienes defienden la democracia. Son tiempos de linchamientos mediáticos en los cuales se exalta la rabia, las tensiones, y en los que las polarizaciones ganan adeptos y lucro. Son tiempos en los que el compromiso y los argumentos no se compran porque la racionalidad no vende réditos. Entonces, estamos en un tiempo en el que “todo vale” para el flash foto, la portada en los diarios, y la trasmisión por el tik tok de turno encendiendo los ánimos. Es el tiempo de los destemplados.

Dejar que la Polvareda Baje

El resultado de estas intervenciones fue el linchamiento público de la senadora por el Maule, actual presidenta del Partido Socialista Paulina Vodanovic, con un construido liderazgo nacional reconocido y empoderado con proyección presidencial futura.

En efecto, hasta el momento no hemos descubierto más que la pólvora en relación con las respuestas ante el estampido de participación en las redes sociales de los destemplados de siempre: dejar que la polvareda baje. Así como tampoco, no hemos descubierto más que la articulación de los movimientos sociales para hacerle frente a la conculcación de los derechos logrados.

Para ambas, se requiere de tiempo, mesura, templanza, ecuanimidad, buscar los acuerdos, con bastante paciencia.

Ahora, en relación específicamente con lo ocurrido en el Senado entre dos mujeres líderes del Partido Socialista es importante señalar inicialmente que ambas son dirigentes muy queridas para las militantes, ambas han luchado por llegar a los puestos que hoy ocupan, y ambas son mujeres de logros políticos y electorales potentes. Ambas tienen ejercicio y construcción de liderazgo distintos, haciendo énfasis en aspectos y cualidades que dimensionan, y resaltan, características de posicionamiento político diferencial ciudadano.

El Partido Socialista y sus militantes así lo entendió en abril del 2025 al entregarle una alta votación interna por segunda vez a la actual presidenta, senadora Paulina Vodanovic, y también una votación considerable a la vicepresidenta Daniela Cicardini. Ambas pertenecen a diferentes tendencias y lotes internos. Y, ambas, de acuerdo a los estatutos, terminarán internamente su mandato, y no podrán ir a la re elección debido a que completan dos periodos en sus respectivos cargos.

Considerando este contexto, es sano que los mismos militantes y la sociedad comprendan en concordancia, la importancia de la recuperación de la racionalidad de los argumentos y por sobre todo del diálogo, la discusión y el debate a nivel interno y externo. Y es democrático que se puedan hacer y comprender las debidas distinciones entre: los espacios y escenarios en los que se hacen las discusiones y controversias, las instancias en las que se participa y se dialoga, los escenarios de los acuerdos, o se practica el escarnio público porque vende.

En ese sentido, recuperar la sensatez para tomar decisiones en relación con las políticas de alianzas, la construcción de la unidad, es lo que necesita toda la oposición, y también el Partido Socialista.

A modo de síntesis al cierre de esta opinión y de las argumentaciones que van y vienen, solamente destacar lo siguiente: 9 de 10 senadores a través de su jefe de bancada socialista, el actual senador Juan Luis Castro, le hacen ver a la senadora Vodanovic, en breve, es decir en un tiempo acotado, que debe retomar su rol de presidenta del PSCH en el senado de la república. Los 9 entienden, saben, y están conscientes que “algo” de lo dicho por Cicardini en la sala del Senado a propósito de la votación y del Ministro Quiroz, no se ajustó a la institucionalidad, no solamente del quehacer en el Senado, sino a los acuerdos previos de la bancada y del mismísimo Partido Socialista.

En efecto, la senadora Cicardini es parte miembro de la dirección nacional del Partido Socialista de Chile en la actualidad, donde comparte "conducción" de mesa con la presidenta. Por lo mismo, si la presidenta del PS es convocada por 9 senadores -en la ocasión- y se “omitía” o se "silenciaba", ante la petición de renuncia que Cicardini le solicitaba al ministro de hacienda el señor Quiroz, el acto de habla aparecía como una petición “consensuada y deliberada” del Partido Socialista, de su bancada de senadores, y no, como lo que realmente estaba siendo: una vocería particular de la senadora. 

Consecuentemente esto tendría efectos colaterales procedimentales e institucionales que el PS no estaba en condiciones de asumir. Dicha petición de renuncia de Cicardini, por cierto, se había salido del libreto acordado entre los 10 senadores representantes del PS en el Senado, Y, además fue en locus, in situ, es decir, sin tiempo para detener, paralizar el habla de la vicepresidenta y senadora, para continuarla en privado. La institucionalidad partidaria ya había sido puesta en riesgo y por sobre todo, expuesta. 

En un momento político en la que se requiere calma, recuperación de sensatez para la construcción de política de alianzas, en que se requiere reflexión, para recomponer vínculos societales dada la fragmentación que genera las redes sociales y post derrota electoral, es necesario e importante recuperar la disciplina partidaria y el tono de las críticas. No están los tiempos para “incendiar la pradera”.

Demás está señalar, que falta una educación cívica política ciudadana que posibilite distinguir los espacios de las alocuciones. El Senado de la República no es la plaza pública, ni la protesta callejera, ni la asamblea de junta de vecinos y vecinas. Ni mucho menos las redes sociales.


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