Chile: La
Contingencia no es necesariamente la Gobernanza
Evidentemente el actual presidente José Antonio Kast no
evaluó debidamente “el alineamiento” y apoyo al presidente Donald Trump de Estados
Unidos de Norteamérica. Tampoco al gobierno de Netanyahu en Israel. Tanto en la
configuración de su gabinete, en los tratos ni acuerdos firmados en Miami
llamado “escudos de las Américas”, ni tampoco en los efectos de la guerra
iniciada contra Irán el 28 de febrero del 2026 para con la ciudadanía.
Ya en la configuración de su gabinete, desde la nominación en
adelante fue quedando meridianamente claro que, la balanza, no solamente estaba
del lado del dinero y los intereses cognitivos instrumentales de los
empresarios, industriales, confederaciones de los mismos, sino que, además, en la
mayoría de los ministerios con peso político y económico existía un implícito, en
algunos casos explícito, compromiso con el “mundo israelí de Netanyahu”, principalmente
en lo que refiere al gran negocio de las armas y la defensa.
Por lo mismo, cuando el 7 de marzo el presidente Kast llegó a
Miami, creyendo que iba a “pagar una manda” estaba contento con el deber
cumplido. Estaba saldando una deuda de campaña, y comenzaba a pagar la
colaboración de apoyo estratégico político para su gobernanza.
En efecto, su imaginario pragmático no avanzó hacia la
comprensión del significante y el significado del despliegue de esta “nueva” guerra.
Ese mismo día que lo llevó a Miami, la guerra declarada por sus principales
socios, el gobierno de Trump y Netanyahu ya llevaban 7 días, los cuales, al día
de hoy, ya serán casi un mes, y con señales amplias de deterioro para el mundo
en lo que respecta al alza del petróleo y sus derivados.
En este transcurso de tiempo, sus amigos y aliados, comienzan
progresivamente a quedar cada vez más aislados en su empeño y esfuerzo de restauración
imperial. A estas alturas casi toda Europa decidió no entrar ni acompañar a
Trump, en una guerra que declararon no ser suya, liderada especialmente por
España.
En efecto, ya sabemos que el tiempo en política se cobra su propia
dimensión, a la cual por cierto se agrega la experiencia de que en los últimos
años hemos asistido a 2 guerras: Rusia y Ucrania, e Israel y Palestina con la
evidencia del genocidio en Gaza.
En retrospectiva, Kast y parte de sus votantes, la derechita
cobarde y la derechita de las 3 B, estaban contentos con la “extracción” de
Maduro en Venezuela, estaban contentos con la actual situación de aprieto y
posible invasión a Cuba, no se incomodaron ni prestaron atención, cuando desde
Itamaraty, la cancillería brasileña, que dicho sea de paso, tiene una historia
de relaciones diplomáticas con 10 países frontera en Sudamérica, a través del
presidente Lula, aconsejó no asistir al cambio de mando, declarando la
situación como una “descortesía”.
Se aclara aquí lo de los 10 países fronteras con los cuales
Brasil tiene límites de cuidado diplomático para certificar algo bien simple.
Un país que debe definir políticas de diplomacia y cuidados de frontera con 10 países,
no solamente tiene un historial de cancillería y protocolo al respecto, sino
que una cierta experiencia en la conducción de las relaciones entre países. Mientras
Chile tiene frontera solamente con 3 países: Perú, Bolivia y Argentina. Brasil
en cambio, además de estos 3 países nombrados y con los que tiene que cuidar
relaciones, lo hace con la Guyana: francesa y holandesa, Surinam, Venezuela,
Colombia, Uruguay, Paraguay. Por lo mismo, no solamente estamos describiendo un
trato descuidado, una desprolijidad, sino un error innecesario comenzada la
gobernabilidad.
Inundación de la Zona
El 11 de septiembre, al asumir Kast su construcción de
gobernabilidad, y la celebración de su investidura y posesión del mandato
presidencial, la mayoría de los chilenos y chilenas ya habían comenzado a
comprar los derivados del petróleo para su uso doméstico, previendo el alza por
la guerra declarada y en curso. Es decir, en Chile ya comenzaba a sentirse los
efectos de esta guerra.
Por cierto, sin considerar esta contingencia, el radar y los drones
palaciegos, tenían preparada otro tipo de “intervención comunicacional”. Bien
distinta. Se trataba de la “inundación de la zona” tal cual fuera propuesta y
diseñada por Steve Bannon para el primer gobierno de Trump. Buscaban con ello, el
efecto de dejar “boquiabierta a la gente”, delante de la cascada de actividad
fiscalizadora en concordancia con la propuesta restauradora de gobernanza.
Como supuestas medidas de este “revival” de “ordenamiento
restaurador teocrático e imperial”, la gobernabilidad generó un retiro de todas
las medidas de contraloría, a saber, 40 decretos que afectan al medio-ambiente.
Por su parte, el ministerio de hacienda, -vía sendos oficios- ordena a todos
los ministerios reducir el gasto en un 3%, previos aspavientos declarados de norte
a sur en relación con déficit en las finanzas públicas y problemas con la caja
fiscal.
Se agrega a lo anterior que, el mismísimo 12 de septiembre
antes que el subsecretario de Estado Norteamericano Christopher Landau dejara
el país, en una reunión bilateral con Kast, ya en su calidad de presidente, firmó
una declaración conjunta para el establecimiento de consultas sobre minerales
críticos y tierras raras.
Es decir, después del vilipendiado “cable chino”, el proyecto
submarino de fibra óptima que buscaba conectar Valparaíso con Hong Kong para
mejorar la conectividad digital con Asia e impulsado por China, el Chile de
Kast comienza por reforzar esta “subordinación amistosa” de la autonomía y el
manejo de sus recursos minerales.
Entre tanto, y ante todas estas noticias en desarrollo, la
población asiste desde su casa, a la información sobre el alza de los derivados
del petróleo, y, la guerra continúa, con el prestigio de Trump y Netanyahu a la
baja. Los ahora amigos principales de esta gobernanza local van en franco deterioro.
También, la ciudadanía observa la ausencia de la política de
los acuerdos y la generación de consensos en la cámara baja para la
conformación de las mesas, lo que por cierto aumenta el declive de los
guardarraíles de la democracia en uno de los principales poderes del Estado.
Se suma a lo anterior, el ausente nombramiento de las secretarias
regionales ministeriales, que, de algún modo, permiten a las regiones y comunas
involucrarse en el ordenamiento gubernamental desde sus cercanías
territoriales. Para un gobierno que tenía planificado el quehacer de la
emergencia descentralizada, estos hechos no dejan de ser “insólitos” e “irreverentes”
al movimiento de restauración del antiguo régimen conservador.
Las Salidas Imprevistas
En efecto, sin palabras de comunicación que generen un marco
de conversaciones o diálogos posibles, con validación de argumentaciones en
torno al bienestar y lo deseable para la construcción de la política, y
consecuentemente las políticas públicas, se asiste a un desbordamiento de
imprevisibles consecuencias. Y esto ocurre, precisamente porque la gente no
está disponible para escuchar que: no hay ni habrá solución a sus problemas financieros
de organización de la vida doméstica.
Por muchos argumentos que entregué el ministro de Hacienda,
la inundación de información no contempla el efecto del incremento del agua en
el estado de ánimo. Como en el tarot, el "agua de la inundación" representa aquí el espacio de las
emociones en el temperamento de las personas y su forma de reaccionar.
La imposición de ese ritmo y ordenamiento mediático, a modo
de inundación, requiere no solamente de la consideración de los efectos climáticos
y naturales, sino, además, se deben apreciar los contextos cotidianos mundiales
e históricos en los cuales cada quién construye su mundo de la vida.
Es cierto que, a una proporción de la ciudadanía le puede
importar la restauración de un cierto orden idílico romántico, una narración desplegada
para reacondicionar la sensiblería existente, pero más temprano que tarde, esa
misma ciudadanía distinguirá rápidamente que se trata de un plan que oculta el
cercenamiento de sus derechos, y un tratamiento desigual del gobierno de
emergencia.
Los chilenos y sobre todo las chilenas, demoraran poco tiempo
en percatarse que no existen razones para que este gobierno deba hacerse cargo
de la deuda que generará la guerra que sostiene Trump y Netanyahu con Irán. No
respaldará la amistad entre los gobernantes, la complicidad y el sometimiento a
las reglas financieras que esos gobiernos buscan imponerle a Chile.
La ciudadanía atará luego los cabos sueltos para distinguir
entre la emergencia para ciertos estratos de la población, y la nueva élite de
gobierno que se instala. Distinguirá la discriminación, el empobrecimiento y la
indignidad que se enquista en una gobernanza enmarcada en la propuesta de los
empresarios de eliminar los feriados irrenunciables.
En tiempos en que los movimientos sociales se encuentran con
una fuerza de convocatoria fragmentada, las calles tal vez no serán
necesariamente la alternativa de resiliencia y resistencia.
En tiempos de democracias complejas y redes sociales
controladas por plataformas digitales que buscan polarizar las opiniones,
dicotomizar y generar burbujas ideológicas calcificadas, y rendidas a los emoticones,
se hace difícil hacer pronósticos y construir hipótesis sobre la forma que
asumirá el comportamiento y la expresión de la distancia social.
En tiempos en que las mismas plataformas digitales nos
conducen al abandono del lenguaje hablado, comunicado, en que vamos cada vez
más, perdiendo el entendimiento comunicativo de la racionalidad, la enunciación,
la discursividad, en pro de la manipulación instrumental con fines de poder y
dinero, al parecer nos queda apostar a la recuperación de la presencialidad de
las conversaciones cara a cara como camino al andar.
Siguiendo a Habermas, reestablecer los puentes comunicativos,
estableciendo acciones lingüísticas que donen sentido al día a día, por ahí al parecer va por ahora la cosa. Mientras, la gobernanza de la restauración termine haciendo nata.

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