viernes, 13 de diciembre de 2019

Sórdida Tregua o Ruido Navideño

Sobre la Acusación Constitucional al Presidente Sebastián Piñera


Al cumplirse 54 días del estallido social o Primavera de Chile se votó la acusación constitucional que determinó -con votación en el Senado y la Cámara de Diputados- la responsabilidad política del Ex Ministro del Interior Andrés Chadwick en los hechos que tuvieron como resultado violaciones a los derechos humanos reconocidos no solamente por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, sino por Organismos Internacionales. Los resultados de esta votación inhabilita al ex Ministro políticamente durante 5 años para ejercer cargos públicos y de representación popular.



El día 55 del Estallido social, la misma acusación constitucional en términos de contenido se votaba en la cámara de diputados pero esta vez directamente emplazando al presidente Sebastián Piñera. Sin embargo, esta acusación prevista en ley para efectos de destitución de la máxima autoridad cuando los motivos sean poderosos y contundentes en términos de gobernabilidad, o irresponsabilidad, no prosperó ni siquiera como posibilidad a ser discutida. 

En el trámite primero, en el de la aceptación o rechazo de la cuestión previa, es decir, si merece o no ser conversada y discutida en el parlamento la situación o hecho, con el voto de la derecha y los partidos de gobierno que no alcanzan a la mayoría simple sumado 6 votos de diputados del Partido Radical y de la Democracia Cristiana, arguyendo una supuesta defensa, cuidado, protección de la democracia y la república, se decidió su rechazo.


Se sabía que parte de la DC y también Radicales e Independientes no eran favorables a la acusación constitucional en contra de S. Piñera y por lo mismo se sabía que esta no iba a prosperar en la cámara baja. Existía y existe un propósito vox populi que consiste en alargar la cuerda, el chicle y seguirle prestando ropaje al presidente. Ergo, el resultado de la votación no puede ser leído como una victoria política del gobierno, sino más bien como una "sórdida tregua". "Un ruido navideño". Y no debiera sorprender a nadie.


Dicho lo anterior, lo que en verdad debiera preocupar no es que hayan parado o rechazado la cuestión previa y la acusación constitucional al actual Presidente en la cámara, sino el discurso que se usa y se usó para hacer esta defensa, a saber, que: hay que dejarlo terminar su mandato para el cual fue electo porque de eso modo se respeta, se valora la democracia. 

Efectivamente importa este discurso porque es desde ese lugar y posición política que se instala " un ruido del tipo bomba de tiempo" que bailaremos al compás de Un Violador en tu camino de aquí en adelante.

En verdad, ese soporte discursivo de construcción de orden público y de gobernabilidad de la democracia existente es débil para lo que le queda de conducción a este gobierno que son 2 años. Y es débil porque el Presidente así lo ha decidido. No es la ciudadanía la débil, ni la que coloca a la democracia en un estado de debilidad, fragilidad que necesita de protección. Fue y es el presidente y por eso es que se lo acusa.

Más aún, se trata de un soporte discursivo de construcción de orden que se estrella con una voluntad de poder vacua en el ejecutivo. Vacía de comprensión del estallido social, vacía de intención política seria y consistente de cambiar el "estado de cosas" con un liderazgo eficaz.  Y, por esto mismo, es una sórdida y miserable tregua para los parlamentarios que hoy votaron por parar la acusación constitucional, ya que puede con los días volverse en su propia espada de Damoclés.

Sebastián Piñera a 56 días del estallido no se sincera con la ciudadanía de una manera real y concreta. No es honesto, o claramente no entiende lo que lee, ni lo que ve. Sus discursos son incongruentes con los hechos ocurridos y las decisiones de gobierno que toma y ejecuta. Mantiene una ambigüedad al límite de la cordura. Y por lo mismo, el soporte discursivo de defensa de la democracia que se hizo en el parlamento: no es solamente débil desde el punto de vista de la voluntad de poder, de conducción, y de liderazgo propiamente tal, sino además, está cuestionada y en jaque mate en términos de violación de derechos humanos a nivel internacional y nacional.
Dicho lo anterior, preocupa la interpelación que se hace en nombre de la democracia, y preocupa que sea un poder del estado como el parlamento quién lo haga. Apuestan a un presidente débil en todo el sentido de la palabra, profundamente deslegitimado. Y que además no quiere,ni estima, ni desea cambiar.

La seguridad del país y la protección ciudadana queda en manos de un vínculo inexistente entre el gobernante y los gobernados, entre la que sigue siendo la élite de gobierno y la ciudadanía. Y "nos" piden apoyo y comprensión para pasar hacia el próximo año en esta cuerda floja.

En verdad, no sé si puede llamarse irresponsabilidad política profunda, o cuidado de la democracia desde el miedo y los remanentes autoritarios que no dejan ver las ramas en el bosque.

A la luz de la resistente protesta social, y ad portas de cumplirse 2 meses de su continuidad, es atendible que opinólogos del orden hagan una defensa del statu quo anómico, también los partidos políticos de gobierno;  pero los senadores y diputados que tienen representación popular de "oposición" al menos deberían proponer una conversación minimamente decente, satisfactoria y creíble en términos de democracia y de enjuiciamiento hacia el rol que ha tenido este Presidente sobretodo al declararnos una guerra de la cual facticamente aún no sale porque sigue mintiendo a nivel nacional e internacional. 

En otras palabras, no es coherente ni sano que quienes votan a favor de mantener el Presidente en el cargo  se arroguen ser demócratas o sus defensores, protectores, salvadores de la patria, héroes de la república, etc., porque todos los otros, toda la ciudadanía movilizada, aquellos que desean juicio, verdad para los responsables de las violaciones de los derechos humanos, son entonces antidemócratas porque ven al Presidente como el principal responsable. 

El orden social no se construye parapetándose en la memoria del miedo al pasado o al temor a la pérdida de privilegios. Y si es así, sean francos o al menos no hablen, no se justifiquen. La ciudadanía movilizada no tiene porque estar soportando más la agresión psicológica de oír sus discursos invertidos de significados. Son dañinos y lesivos. Más aún después de todo lo sucedido. Un poquito de respeto.

La democracia es fuerte cuando efectivamente sus procedimientos se instalan, se cumplen, y se ponen de relieve. Y no cuando se evitan, se inhiben, se omiten, se ocultan debajo de la alfombra. 

  


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