Hay dos caras en La Moneda del Feminismo en el Chile del 2018. El primer rostro ya está corriendo. Se trata de las demandas, movilizaciones sociales, tomas y paros generados en las universidades y en las calles para solicitar legislación y protocolos para la contención de las formas de violencia, abusos ejercidos principalmente contra las mujeres estudiantes.
Sin embargo, mientras, la otra cara, la de la pobreza, se mantiene intocable. Y nuevamente las mujeres se encuentran ante la disyuntiva de continuar una lucha en el ámbito de la cultura, sin mover un pelo al sistema económico y de propiedad que nos atormenta.
Desde las primeras reivindicaciones feministas, sean laborales o sufragistas, sea en Europa, América del Norte o Latinoamericana, las mujeres libre pensadoras se han debruzado con esta compleja cuestión. Por donde avanzar en la lucha de reivindicación de los derechos políticos y sociales de las mujeres. Y desde Rosa de Luxemburgo en adelante, se nos trató de aleccionar en la idea que estas demandas y luchas debían ir en conjunto con la de los proletarios.
Principalmente recuerdo nuestra historia en los partidos políticos de origen marxista. Nuestras demandas feministas fueron consideradas propias de la pequeño-burguesía y por lo tanto debían esperar la lucha de los trabajadores o la recuperación de la democracia. Personalmente, fuí llamada al primer "control de cuadros" o suspensión de la militancia, al interior de la orgánica militante socialista clandestina, en plena dictadura, año 1980, por promover e incentivar al interior de las universidades, la organización de las mujeres en torno a sus propias demandas en lo que sería una incipiente emergencia del feminismo universitario.
Ya en los ochentas, se hablaba de que se trataba la tercera ola del movimiento feminista por la recuperación de la democracia y en reconocimiento a la primera de origen sufragista cuya lucha había sido los derechos políticos, la segunda sesentista de origen y promoción de los derechos sexuales por la emergencia de la píldora anticonceptiva.
Ya a mediados de los ochenta, y habiendo conseguido un cierto tipo de organicidad, de cara al advenimiento de la democracia, se planteó más claramente esta disyuntiva: avanzar en materia cultural y avanzar en materia económica. Efectivamente, la feminización de la pobreza era evidente ya en esos tiempos y los problemas derivados de esta situación ampliaba la propia definición de pobreza y hacía que las variables como violencia, abuso sexual explicaran en conjunto con el no acceso a la propiedad, al empleo, al poder político, a la discriminación salarial, etc.
En escritura...
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